Victorio Macho, a medio siglo de su muerte

Por José María Arévalo

( Monumento a Galdós en el Retiro de Madrid, obra de Victorio Macho inaugurada en 1919) (*)

Celebramos este año el quincuagésimo aniversario de la muerte del artista palentino Victorio Macho, una de las figuras más importantes del movimiento renovador de la escultura contemporánea española, con varias exposiciones en nuestro país y fuera de nuestras fronteras, una de las cuales ha sido de triste actualidad por el robo, el pasado mes de abril, de once dibujos y tres esculturas días antes de la apertura de una exposición en Roma titulada «Victorio Macho: Dibujos de un escultor». Afortunadamente el 20 de mayo salió la noticia de que 13 de las obras robadas había sido recuperadas, solo faltaba un dibujo.

Las obras de Victorio Macho robadas formaban parte de la exposición que la sede del Instituto Cervantes, en la Piazza Navona, abrió, a pesar de todo, en la capital italiana, con la mitad de las veintisiete piezas previstas inicialmente, ampliada con unos paneles explicativos que recogían parte de las obras sustraídas. Habían desaparecido tres de las seis esculturas que formaban parte de la muestra, todas ellas propiedad del Ayuntamiento de Palencia, sendos bustos de Victorio Macho y su madre, que habitualmente se encontraban en el despacho de la alcaldía de Palencia, y Eva de América, que provenía del centro de interpretación del artista, situado a los pies del Cristo del Otero; y once de los veintiún dibujos catalogados para la exposición, siete pertenecientes al consistorio y cuatro a la Diputación.

Los dibujos robados fueron cuatro bocetos preparatorios para el monumento a San Juan de la Cruz, una panorámica de Palencia, el Negro Sentado y un autorretrato ante la osamenta de un Cristo Crucificado, todos ellos de titularidad municipal. Los restantes fueron Retrato de Caballero, Torso de Hombre, Torso de Hombre Sentado y Cabeza de Adolescente, propiedad de la Diputación de Palencia.

( Victorio Macho hacia 1930) (*)

Desde julio hasta el próximo 15 de septiembre, una exposición abierta en el Centro Cultural Provincial palentino reune, en la exposición ‘Victorio Macho. Cincuenta años después’ 68 obras que resumen su trayectoria, con un recorrido vital y artístico por la obra del escultor. Proceden de los fondos de la Diputación (25), el Ayuntamiento (19), la Real Fundación de Toledo (23)y la Fundación Eugenio Fontaneda (1).

Se abre con una serie de bustos sobre el entorno familiar de Victorio Macho, el de la primera mujer del escultor, María Martínez Romarate, una obra poco conocida y que no se había expuesto en Palencia; varias representaciones de su madre, entre las que destaca un interesante yeso patinado del busto y del torso, propiedad de la Diputación, que contiene un medallón que representa al propio escultor. Bustos del padre y de la madre y una máscara del hermano Marcelo, junto a un retrato de la madre realizado al óleo que no está firmado, pero que pudo haberlo pintado Macho por el parecido que existe en el rostro con sus esculturas. Esta primera parte incluye un buen retrato del escultor pintado por Maroussia Valero propiedad de la Real Fundación de Toledo.

( Busto de Simón Bolívar, obra de Victorio Macho en el Parque Simón Bolívar de Bogotá) (*)

Recogía Fernando Caballero en El Norte de Castilla, en una buena crónica de la exposición, con un resumen estupendo de la vida del artista que no nos resistimos a reproducir, que “este arranque de la exposición marca la importancia que adquirió la familia en la obra de Macho, que en 1906 llegó a Madrid, tras una estancia en Santander que cubrió gran parte de su infancia y adolescencia. En esa primera juventud se forja un sólido perfil como pintor y sobre todo como escultor. «En esta primera etapa – explicaba el comisario de la exposición Rafael Martínez-, Macho resulta un gran pintor realista que triunfa con los retratos de los amigos, pero aún se encuentra muy influido por los tipos populares de la gente del pueblo, un estilo que es común a la generación de pintores de 1898 a finales de los años veinte»,

Estos personajes son ‘La niña vasca’, ‘Cabeza de Danielillo’, ‘El marinero vasco’ –propiedad de la Fundación Eugenio Fontaneda– o ‘Busto de mujer’, además de unos excelentes dibujos que representan a un pastor, el campanero, ‘El nieto de Sancho’, ‘La virgencilla morena’ o ‘Mirentzu’. En estos dibujos ya se percibe la maestría de Victorio Macho en esta técnica.”

( Marañón, obra de Victorio Macho) (*)

“En 1916 el artista palentino recibe el encargo del sepulcro del doctor Llorente para la sacramental de San Justo de Madrid. La revista ‘La esfera’ publica una buena crítica de esta obra destacando su calidad. Se inicia así el tercer capítulo de la exposición, titulado ‘La consagración’, porque a raíz de esa crítica Macho comenzó a recibir encargos de lo que serían sus primeras grandes obras, de las que se exponen el boceto de Victoria del monumento a Juan Sebastián Elcano en Guetaria (Guipuzcoa), los monumentos a Benito Pérez Galdós para el parque del Retiro de Madrid y para Las Palmas de Gran Canaria, el de Ramón y Cajal del Retiro –del que se exhibe un dibujo de la fuente, un boceto de la escultura principal con los puntos que fijaba el autor para esculpir las proporciones y una fotografía–, además de un busto de Ramón y Cajal, de Concha Espina y de Miguel de Unamuno. Todos ellos confirman las excelentes relaciones que mantuvo Macho con destacas figuras de la vida cultural, científica y literaria. La potencia del dibujo se evidencia de nuevo en ‘Cabeza de adolescente’, ‘Retrato de caballero’, ‘Retrato masculino’ y otro de Valle-Inclán, todos ellos pertenecientes a esta época de consagración en la que no faltan dos dibujos de un monumento que no se llegó a ejecutar dedicado a Beethoven. «Macho se va consagrando. Participa en la Exposición de Artistas Ibéricos e ingresa en 1936 en la Academia de Bellas Artes de San Fernando», según Martínez.

En 1926, Macho recibe el primer encargo para Latinoamérica, el monumento a Eugenio María de Hostos, en Puerto Rico. En 1936 recibió otro encargo de un monumento a Sebastián Belalcázar para Cali (Colombia), y de este mismo personaje otro para Popayán (también en Colombia). Fue precisamente este el que montó cuando abandonó España tras la Guerra Civil a través de París. Macho, aprovechando estos encargos, inició lo que algunos consideran su etapa de exiliado, en la que ejecutó grandes monumentos, como el de Belisario Porras en Panamá, del que se exponen los modelos de la ‘Libertad’ y la ‘Democracia’; otro del de Sebastián Belalcázar de Popayán; el almirante Grau de Lima, con el modelo de la ‘Victoria alada’ y un torso con cabeza; el boceto del grupo ecuestre del monumento a Bolívar en Caracas, que no se llegó a ejecutar, y un yeso patinado del sepulcro de los Bolívar, también en Caracas, que sí se realizó.

De esta época son también dibujos de personajes nativos, entre los que se encuentra un excelente desnudo titulado ‘La diosa’. «La americana supone una etapa de grandes monumentos que tardaba dos o tres años en ejecutar, además de varias exposiciones que celebró en diferentes ciudades», señala Rafael Martínez.

( Unamuno. Obra Victorio Macho) (*)

En 1952, Victorio Macho regresa de este llamado exilio. Mantiene relaciones correctas con el régimen – uno de los bustos que se expone es el de Blas Pérez, ministro de la Gobernación de uno de los gobiernos de Francisco Franco –. De esta etapa es el monumento a Menéndez Pelayo de la catedral de Santander, el de Jacinto Benavente en el Retiro, del que se expone la cabeza de la comedia, un busto de Gregorio Marañón y un dibujo de éste sentado y un boceto de otro monumento que no llegó a ejecutarse, el de San Juan de Cruz.

El último capítulo está dedicado a la presencia de Victorio Macho en Palencia, con un bronce de Zoila Barrós Conti, la segunda mujer y la que donó una gran cantidad de obras entre dibujos y yesos, que se repartieron el Ayuntamiento y la Diputación y que son la base de esta exposición, además de los de la Real Fundación de Toledo. Un boceto del Cristo del Otero y una fotografía del monumento a Alonso Berruguete, el último que realizó el escultor palentino, completan la muestra, que no olvida una imagen de la capilla del Otero, donde fue enterrado por expreso deseo suyo cuando falleció en 1966.”

El propio Fernando Caballero publicaba en mayo pasado una entrevista en El Norte de Castilla con el vallisoletano José Carlos Brasas Egido, Catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Salamanca, ya jubilado, autor de la única monografía sobre el escultor, publicada en 1987, titulada ‘Victorio Macho. Vida, arte y obra’, que editó la Diputación con motivo del centenario de su nacimiento.

En la entrevista Brasas Egido comentaba aspectos muy interesantes de nuestro escultor, que pasamos a resumir. Se refirió primero a las ‘Memorias’ de Victorio Macho, que tras el fallecimiento del artista se publicó, y donde se aprecia su fascinante personalidad como hombre y como escultor, su evolución y trayectoria artística, contada por el propio escultor.

( Victorio Macho. Estatua yacente de su hermano Marcelo) (*)

Sitúa a Victorio Macho en el movimiento de renovación de la escultura española que se inicia a comienzos del siglo XX, un arte anclado por un lado en la tradición realista castellana pero en constante evolución hacia una modernidad que en el caso de Macho va a combinar con un aliento clasicista que es patente a lo largo de toda su producción. Lo mejor de su obra se enmarca dentro de una moderna figuración, ‘geometrizada’, de signo ‘neocubista’, muy en relación con el Art Déco, en boga por entonces en las décadas de los años 20 y 30 del siglo XX. Se sentía heredero de los grandes imagineros del Renacimiento, de ahí su fervor y entusiasmo por su paisano Alonso Berruguete. Fue un escultor innovador en su tiempo y a la vez heredero de la tradición escultórica castellana. Fue uno de los miembros más importantes del movimiento renovador de la escultura contemporánea española, reaccionando contra el academicismo de la escultura del siglo XIX, durante mucho tiempo vigente. Puede afirmarse que fue un pionero de la modernidad artística en España. Incluso en sus últimos años, cuando su escultura había quedado ya superada por las nuevas corrientes más vanguardistas, los escultores más jóvenes siempre lo tuvieron como un referente, lo consideraban como un escultor de una fuerza y personalidad arrolladoras, un ejemplo a seguir.

En su monografía Carlos Brasas distingue cuatro grandes etapas en la obra de Macho: una época de juventud (1903-1920); la época de madurez en la que se suceden toda una serie de obras, maestras, obras ya de plenitud (1920-1937); en tercer lugar, su etapa y producción en Hispanoamérica (1939-1952) y por último, la etapa final toledana.

Es verdad que tras su muerte conoció años de olvido al quedar un tanto marginado por las vanguardias. En ese sentido, es significativo, como sabemos, que su casa museo en Toledo estuviera cerrada durante 15 años, pero tras esa etapa y sobre todo a partir del centenario del escultor en 1987 se sucedieron los homenajes, exposiciones, artículos y publicaciones sobre su obra. Su museo de Roca Tarpeya después de ser rehabilitado y tras abrir sus puertas en julio de 1999 ha contribuido notablemente a mantener vivo su recuerdo y su fama como escultor hasta nuestros días

Sus dibujos son ante todo los dibujos de un escultor, de trazo vigoroso y recia factura, unos dibujos que en su mayoría denotan la concepción plástica de su autor. Desde los primeros que realizó, como los de la serie juvenil de los Dibujos de la Raza llaman la atención por su extraordinaria fuerza expresiva.

Sobre diferencias entre los monumentos públicos que realizó en España y los de América Carlos Brasas comenta que, a su modo de ver, los realizados en España antes de su etapa americana son mucho mejores. “Recordemos los dos del parque de El Retiro dedicados a Pérez Galdós y a Ramón y Cajal o el monumento dedicado a Elcano en Guetaria. En los que le encargaron después, en Colombia, Panamá o en Lima se dejó llevar por un exceso de grandilocuencia y colosalismo. Ello no obstante, pienso que también son muy interesantes y no exentos de cierta modernidad”.

Respecto a sus dos obras en Palencia, estima que el Cristo del Otero es una de las más innovadoras y de mayor modernidad, por su concepción constructivista y los evidentes ecos postcubistas. La verticalidad y majestuosidad del Cristo le convierten sin duda en una de sus creaciones más singulares. El monumento a Berruguete, con ser un conjunto alegórico acertado y evocador del genio del gran imaginero palentino del Renacimiento acusa ya el declive de su última etapa y la pérdida de facultades del artista, ya por entonces de muy avanzada edad. Como es sabido, poco después enfermaría gravemente del mal de los escultores, la silicosis, dolencia que en unos años sería la causa de su fallecimiento.

Y en cuanto a por qué no dejó a Palencia su legado cuando quiso ser enterrado en Palencia, explica que aunque es indudable que amaba profundamente su ciudad natal y siempre se sintió muy palentino, Victorio Macho era también un enamorado de Toledo; pensaba que en la Ciudad Imperial, cerca de Madrid, su legado artístico sería más y mejor conocido, tendría una mayor proyección. Por ello optó por dejar su obra en su casa museo de Toledo, en cuya construcción había puesto toda su ilusión desde su vuelta de América.

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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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