Por Javier Pardo de Santayana

( Viñeta de Esteban en El Norte de Castilla el pasado día 23 de mayo) (*)
Muchos son los entuertos y confusiones que podemos observar en nuestros días como consecuencia del manejo torticero de datos y realidades en la desaforada lucha por prevalecer sobre el vecino mediante la aplicación de la agitprop. Así, por ejemplo, con la creación de una falsa realidad como la que nos presenta al partido del gobierno cual si fuera una cueva de ladrones.
De ahí que ahora salga yo en este mi humilde rincón del blog de los “Foramontanos” para ver si de una vez deshago el consabido entuerto poniendo por delante la verdad. Porque la triste realidad es que aquello que solía decír Summers – esto es, que “tó er mundo é güeno” – no se corresponde con la verdad estricta. Ahí tienen ustedes, por ejemplo, toda esa caterva de pederastas y violadores de que hoy se nos habla con frecuencia porque el sexo tira mucho. Pero también tira el dinero, y quien lo niegue está mintiendo: la prueba es la existencia de timadores y falsificadores, atracadores, carteristas, y gente que inventa mil y mil maneras de hacerse con lo que pertenece a su vecino. Sobre todo cuando, como ahora, se ha perdido el sentido del pecado e incluso algunos consideran que el dinero público “no es de nadie”, como dijo una ministra.
Todo esto viene a demostrar que la corrupción es inherente a la misma condición humana. ¿Recuerdan ustedes aquella escena de hace unos doce años? Un político se acercaba a otro en el parlamento catalán y le espetaba lo siguiente: “Ustedes tienen un problema, que es el 3%”. ¿Qué sucedió entonces, lo recuerdan? Pues que nadie hizo absolutamente nada. Nadie se lanzó contra la yugular del corrupto y su partido. Todo siguió exactamente igual que estaba: ninguno de los actuales indignados osó entonces ni mover un dedo. Luego yo mismo oí una noticia sorprendente pero que no produjo el menor asombro entre los medios: que cierto banco condonaba la deuda acumulada por un partido que ahora se escandaliza y saca rédito de la corrupción de su adversario. Y como decía Julio Iglesias, la vida siguió igual.
Así que uno se pregunta qué hacían entonces quienes ahora transmiten la impresión de que España es un país de bandidos y trincones. ¿No resulta curioso que de pronto se nos agudizaran las meninges? ¿Es que en aquellos días no había aún motivos suficientes para reclamar la acción de la Justicia?
Quizás se pensara, efectivamente, que la corrupción era algo inherente a la condición humana pero la gente se dijera algo así como “bueno, esto ya se suponía”. Y se imaginara que en algunos círculos y ambientes el obtener dinero resultaba cosa demasiado fácil. Hasta se podría dar por descontado que en el manejo de fondos y de cuentas con Hacienda se producirían marranadas en todas sus variantes: ocultaciones, lavado de dinero, emigración a paraísos fiscales y otras cosas ajenas a quienes, como yo, cobran por nómina. Pero hoy la corrupción es utilizada como munición de boca bastante más eficaz que doce años atrás.
Pasemos, pues, a otra observación que es de carácter matemático. No hace falta ser un lince para comprender que cuanto más poder se ejerce mayor es el volumen de fondos públicos que se manejan, y que esto aumenta la posibilidad de meterse algo en el bolsillo o utilizarlo en beneficio del partido propio. Y que, por consiguiente, la clave no sería tanto la mayor o menor honradez de los políticos como espécimen sino las oportunidades que se les ofrece para delinquir. Y sin embargo esta importante circunstancia no se menciona apenas; la prueba es que sólo se la oí citar a un tertuliano que por dos veces relacionó ambas cosas deduciendo, como era de temer, que los casos de corrupción detectados son proporcionales al número de ayuntamientos obtenidos. Mas aun así la manipulación de datos se ha esforzado en evitar poner las cosas en su sitio y hacer que los perjudicados por la agit-prop no se atrevan a reaccionar ante las tergiversaciones por aquello de la “corrección política”, es decir, por temor a ser acusados de decir “tú más”.
Pero los números cantan y la realidad es que es precisamente ahora cuando hemos pasado de la inacción al activismo más frenético: basta con sintonizar el telediario. Y no tanto por haberse producido un incremento de los casos penales como por una mayor implicación de la justicia. Ahí están entrando en prisión o haciendo cola. no sólo los políticos, sino también todo bicho viviente y con dinero; futbolistas, directivos, banqueros, empresarios y artistas conocidos. Así resulta que un gobierno al que se trata de identificar con la esencia misma de la corrupción es el que ha permitido – e impulsado, por qué no decirlo. mediante la redacción de algunas oportunas leyes – un cambio tan radical como éste que nos obliga a preguntarnos si antes no funcionaba la Justicia o es que la opinión pública se desinteresaba de la corrupción reinante.
Nos preguntamos, efectivamente, si antes de ahora nadie maniobraba buscando subterfugios para eludir al fisco, si nadie acudía a recomendación alguna; si todos pagaban religiosamente el IVA y nadie exigía comisiones. Además, ¿no vemos la corrupción más evidente en las filas de quienes ahora más acusan? ¿No vemos a los “nuevos partidos” plagados de caraduras que hacen negocio con las viviendas conseguidas por influencia de sus padres y colocan a sus parientes sin mayor recato? ¿No les vemos cobrando por trabajos que no hicieron? ¿No los hemos visto omitir la obligación de hacer constar que tienen personal de servicio doméstico? ¿No tenemos la constatación de que cobran de regímenes impresentables? ¿No los hay que se gastaban las ayudas al desempleo en juergas y fundían en su beneficio los dineros destinados a cursos formativos?
Con todo, aunque ustedes, ganados por la eficacia de la manipulación mediática, no se lo crean del todo, España no es propiamente una nación corrupta. ¿Le ha intentado extorsionar alguna vez un funcionario?
PS: De todas formas, si usted continúa sin creerlo, viaje para enterarse de lo que ocurre por ahí, en África o en Asia, por ejemplo. Y no se olvide de leer lo que cuenta de la honradez de sus políticos la prensa de algunos de los países más punteros. Como Francia, que tiene empapelados a varios presidentes de gobierno.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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