Kafka disfrutaría con cosas como éstas

Por Javier Pardo de Santayana

( La contestación de un mosso que se ha hecho viral. Fotograma de La Voz de Galicia el pasado 2 de enero)

Kafka continúa estando vivo en la medida en que el absurdo sigue escribiendo páginas gloriosas; no sé si en todas partes, mas de seguro que sí aquí, en esta España de nuestras entretelas.

Imaginen, si pueden, ésta misma: un grupo de individuos sale a la calle para meter lío, así que la autoridad ordena que salga la policía a contenerlos. Algo hasta aquí normal, al menos que yo sepa. Lo que pasa es que quienes arman follón son gente uniformada. Se trata de bomberos que visten igualmente de uniforme y se dedican a apagar incendios, caso extremo de lío y de “calentamiento” entre los muchos que puedan ser imaginados.

Pues bien, como lo que hacen es nada menos que armar pata, los policías – a los que llamaremos “mossos» pronunciando la palabra como “mosus” porque está de moda intercalar palabras no existentes en la lengua de Cervantes – se les enfrentan e intentan que no avancen más allá de lo que en este caso se permite. Y a lo que voy: uno de los bomberos, pese a ser colega como servidor público que es muy del estilo en cuanto a objetivos y obediencias, grita desaforadamente ante los policías en favor de una “república” que sabemos que es inexistente. A lo que el mozo acaba por decirle “¡Qué república y qué cojones!” (lo siento, pero les doy la transcripción exacta). Para decir después que “la república no existe”, aclaración seguida de la palabra “idiota”.

Ahora el consejero catalán dice que el mozo debe ser investigado en relación con sus palabras. Y ya de entrada digo yo que no veo la necesidad de investigar el caso más allá de lo evidente, puesto que la escena fue grabada por los vociferantes tal como supongo indicarán las instrucciones recibidas por quienes se dedican a armar lío. Y digo yo que quizá tampoco convenga al consejero hurgar demasiado en el asunto; en primer lugar, porque para cualquiera es evidente que lo que dijo el mozo es la verdad ya que, efectivamente, no existe la república. Basta con conocer mínimamente la Constitución, que determina desde su propio título que donde vivimos es un Reino. Además supongo que por muy lerdo que sea el bombero habrá visto alguna vez al Rey aunque no sea más que en el telediario, lo cual justifica plenamente que quien está obligado a reprimir sus ansias combativas lo aclare de una forma o de otra. Recuerden que “enseñar al que no sabe” es obra de caridad muy conocida y más entre colegas. Pero según parece este bombero reivindicativo pudiera no haber abierto el catecismo.

Luego está aquello de aducir como motivo de reproche lo de llamar “idiota” al susodicho. Y aquí recordaré que, según la Nueva Enciclopedia Sopena que yo tengo, uno de los significados de este término es aplicable a quien demuestra ser “falto de toda ilustración”, una expresión que viene especialmente a cuento cuando alguien se refiere a una persona que, pese a estar ya en edad de conocer y de cobrar por el Estado, aún ignora la naturaleza de éste.

Pero todavía hay algo que nadie parece mencionar a la hora de reclamar sanciones o reproches contra el citado mozo, que es la caradura que se necesita para empapelar a un policía porque en el calor del cumplimiento de un trabajo en el que ha que enfrentarse a la violencia ajena dijera alguna cosa que sonara a insulto, cuando el propio presidente del gobierno llamado autonómico lo ha hecho ya tan repetidamente que, como todo el mundo sabe, se ha convertido el más cumplido ejemplo de contumacia en este aspecto. He aquí una muestra que confirma lo que digo: un artículo escrito por él el año 2012 en el que llama bastante más que idiotas a todos sus compatriotas y vecinos. Incluso a mí y a usted, improbable lector mío. Se publicó con el curioso título de “La lengua y las bestias” en diciembre del año 2012, y en él nos dirige lindezas como éstas: “…bestias carroñeras, víboras, hienas; bestias con forma humana, que destilan odio, Un odio perturbado, nauseabundo, como de dentadura postiza con verdín…”

Como final recordaré a usted, por si pudiera estar interesado en ello, que mi interés por escribir tiene como una de sus causas principales los muchos asombros que me asaltan. O mejor, como sucede en este caso, aquél que me produce el hecho de que determinadas cosas no conmuevan a nadie o lo hagan sólo parcialmente, sobre todo en esta España tan surrealista, como sucede en este caso, en que el asombro me surge al comprobar cómo nos enredamos en cualquier detalle y olvidamos en cambio lo importante. Lo digo porque presencié largos programas con intervención de comentaristas prestigiosos a los que ni se les ocurrió la posibilidad de comparar como yo he hecho la reacción de un mozo sometido a la presión de una protesta callejera con los exabruptos vomitados por un representante del Estado y dirigidos a usted y a mi incluso por escrito.

¡Ah! Se me olvidaba recordar que el mencionado gerifalte, que como dije cobra de nuestra aportación al fisco y compagina la recepción de unos emolumentos que superan los destinados al mismísimo Jefe del Gobierno con los insultos a sus compatriotas, también anima a los violentos para que “aprieten” cuanto más mejor. O sea que al mismo tiempo que promueve los disturbios manda a los mozos para que contengan a las masas.

Ahora comprenderán ustedes por qué me acuerdo de Kafka y de sus pesadillas.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leido