Años de iridio

Por Javier pardo de Santayana

( ¡Este tsunami democrático supera en sensación de realismo a cualquier videojuego! Viñeta de Esteban en La Razón el pasado día 17)

He indagado sobre el nombre de un mineral que pesara más que el plomo, y la respuesta es el “iridio”. Viene esto a colación porque he visto como calificaban despectivamente a los tiempos que viví de joven, y al compararlos con los de ahora calificaban aquellos de “pesados”. Y eso que fueron tiempos de paz y de tranquilidad contra corriente. Claro que gran parte de ellos transcurrieron sin televisión en color y, por supuesto, sin el móvil, así que también lo hacen a veces llamándolos “oscuros”.

Precisamente este servidor de ustedes comentaba en el artículo anterior un detalle tan significativo como la ruptura del silencio del valle de Cuelgamuros y la sustitución de la paz que allí reinaba por la disensión y la revancha. Pues hoy añadiré también el tiempo malgastado, ya  que tras una más que modélica transición política en la que los españoles dimos un ejemplo de generosidad y de visión hacia el futuro, un deplorable gobernante hispano sembró de nuevo la cizaña a la par que impulsaba el más feroz relativismo. Así que en ello estamos.

Precisamente lo que nos muestran los telediarios estos días, aparte del tema preferido de desenterrar a un hombre que murió hace ya cuarenta años – que ya son ganas de incordiar innecesariamente, es un paisaje que se repite cada noche y que consiste en la visión de una ciudad en llamas e invadida por una turba de jóvenes airados contra la justicia. Cosa normal porque se trata de delincuentes postmodernos educados en el odio y en la falta de respeto al prójimo.

Son los hijos de una generación adolescente, maleducada y egoísta, que actúa a partir de lo que le sugieren los mensajes de los móviles. Tipos que desconocedores – entre otras muchas cosas – de la historia, son  fácil presa de cualquier latiguillo revolucionario. Así que ahí les tienen ustedes siguiendo instrucciones de la “agitprop”, o sea de la agitación y de la propaganda. Sí, de aquella famosa “agitprop” tan bien utilizada por los antiguos comunistas, hoy revividos y también imitados en este aspecto por los independentistas.

Barcelona puede ser un excelente ejemplo, y territorio propicio ya desde hace tiempo para los incendiarios de contenedores de basuras y de cajeros automáticos; que le hacen a uno preguntarse de donde salen los dineros para su organización y su desplazamiento, pues incluso acuden también del extranjero.  La novedad es que en el caso de las vergonzantes jornadas de estos días ya tienen suficiente con los independentistas y con el apoyo de la autoridad, que en este caso es el mejor ejemplo de la kafkiana imagen del bombero pirómano.

Y es que, efectivamente, quien dirige el cotarro – que incluye todo un entramado de organizaciones pseudo culturales y sociales que montan la agitprop ya mencionada – es el mismo presidente de la autonomía, responsable al mismo tiempo de la policía y de las actuaciones delictivas de sus súbditos. Por favor, ¿hay alguien que lo entienda?

No creo que haya en otro lugar un caso como éste de desdoblamiento personal tipo “Jekill and Hyde”, conforme al cual quien representa el mismísimo Estado Nacional en una parte de éste se dedica a tiempo completo a destruirlo. Y que estando revestido del consiguiente boato destinado a proteger el respeto que le corresponde como autoridad representante del Estado, lo utiliza para engañar y combatir a éste. O sea, que mientras unos indeseables se dedican a bloquear las calles, prender fuego al mobiliario humano y coches adyacentes, o a levantar adoquines cuando no a lanzarlos contra la policía, él reparte consignas de actuación a unos y otros y les anima a que sigan apretando las clavijas y cometiendo todo tipo de desmanes (incluido, según parece, determinados actos terroristas que traducirían en acción concreta aquel “apreteu, apreteu” con que les animaba a cometer desmanes).

Y todavía conviene recordar que el pretexto para animar a este comportamiento – que incluye prender fuego a cuanto se ponga por delante, destruir el mobiliario y amedrentar y amenazar al ciudadano – es protestar contra la resolución de un alto Tribunal de Justicia por haber juzgado y sentenciado a quienes incumpliendo la constitución dieron nada menos que un golpe de estado.

Comparen ahora ustedes la situación descrita con la de cualquiera de nosotros que se negara a detener el coche pese a la orden de los guardias o a pagar una multa por defraudar a Hacienda.

Algunos dicen por ahí que no entendemos a los catalanes… Pues conociendo a tipos como éstos, comprenderán ustedes que alguien comente que no hay quien los entienda. Lo que pasa es que hay una mayoría que tampoco comprende a gentuza como ésta.

En fin, años de iridio.

 

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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