“Renovación del CGPJ, fiscal general del Estado y pacto de Estado por la Justicia”, de José María Macías, “Podemos vuelve a la carga con la Ley mordaza LGTBI, esta vez desde el Gobierno”, de Juan Robles, y “La burbuja de las ideas dominantes” de Juan Meseguer

(Viñeta de Puebla en ABC el pasado 24 de febrero )
RENOVACIÓN DEL CGPJ, FISCAL GENERAL DEL ESTADO Y PACTO DE ESTADO POR LA JUSTICIA
Artículo de José María Macías, Vocal del CGPJ publicado en La Razón el pasado día 26 de febrero
El Consejo de Ministros consumó ayer el proceso de nombramiento de Dolores Delgado como Fiscal General del Estado, que hoy se culminará, tras jurar ante Su Majestad, con su toma de posesión ante el Pleno del Tribunal Supremo. Las circunstancias que concurren en la nueva Fiscal General -muy reciente miembro del Gobierno, diputada cesante del partido en el Gobierno y participante en actos de propaganda de ese mismo partido gobernante en la última campaña electoral- introducen un severo giro en la forma de entender esa institución. De hecho, muy severo: el Ministerio Fiscal, institución caracterizada por su jerarquización interna, puede dirigir acusaciones y hasta investigaciones contra miembros de los partidos políticos de la oposición, e incluso está legitimado para instar la suspensión y disolución de esos partidos. Se entiende así que los partidos de la oposición estén interesados en plantear la necesidad de una mínima alteridad de la Fiscal General respecto del Gobierno. También se entiende que las aparentes bromas de algún miembro del gobierno sobre visitar al líder de la oposición en la cárcel, además de una gracia discutible, son muy poco oportunas.
Pero esta situación también me plantea otras reflexiones de mayor alcance, o no tanto –al menos, sí el mismo- pero que ocupan mis preocupaciones como miembro de un órgano constitucional pendiente de renovación. La renovación del CGPJ no puede ser entendida desgajada de un planteamiento global de la forma de atender la Justicia durante su próximo mandato. Así lo ha planteado el Partido Popular, cuyos representantes aluden a la necesidad de englobar la renovación en un pacto de Estado por la Justicia, y así lo ha entendido también el partido en el Gobierno y el propio ministro de Justicia en sus manifestaciones públicas nada más acceder al cargo. No conozco personalmente al nuevo ministro, ni falta que hace: conozco su trayectoria, que lo avala como un sólido hombre del mundo de la Justicia, y creo en la firmeza de sus intenciones en cuanto al pacto. Pero el pacto no puede consistir en la mera aceptación de los acuerdos a los que un partido –PSOE- ha llegado con terceros y en los que el otro partido –PP- no ha tenido ni arte ni parte, no si se pretende que el pacto sea viable y efectivo: pretender que el pacto pueda consistir en que se dé el aval para multiplicar la politización de la justicia por diecisiete creando diecisiete “mini CGPJ” -léase Consejos Territoriales de Justicia-; negarse a replantear la fórmula de designación de los vocales de origen judicial, pese a que la Comisión Europea y el TJUE están sobre países que han copiado nuestra fórmula –véase Polonia-; o alterar radicalmente la fórmula de recluta de jueces y fiscales y cambiarla por no se sabe qué –compruébese en el pacto de gobierno de colación, apartado 2.12.2- no anticipa un pacto razonablemente viable y efectivo. Giros drásticos en los criterios para designar a una Fiscal General del Estado, tampoco.
Artículo en: https://www.larazon.es/espana/20200226/2ldbcopfdvgelfxcfagveu53ny.html
PODEMOS VUELVE A LA CARGA CON LA LEY MORDAZA LGTBI, ESTA VEZ DESDE EL GOBIERNO
Artículo de Juan Robles publicado en Actuall el pasado día 25 de febrero
La ministra de Igualdad Irene Montero ha anunciado que el Ejecutivo aprobará una ley LGTBI antes del verano, reanudando el proyecto presentado en 2017. La ley mordaza LGTBI elimina la presunción de inocencia y hace obligatorio el adoctrinamiento LGTBI en las escuelas, entre otras amenazas a la libertad.
El Ministerio de Igualdad se ha comprometido a aprobar antes del verano en el Consejo de Ministros un proyecto de ley LGTBI, tal y como ha expresado Irene Montero ante la comisión del ramo del Congreso, donde ha destacado que la discriminación por orientación sexual, identidad o expresión de género o características sexuales, es una de las más «enquistadas» en la sociedad del país.
Montero ha precisado que este texto regulará lo que a su juicio son «las condiciones básicas que garanticen la igualdad» y que «recompongan el equilibrio territorial en esta materia». Se refiere a que no todas las comunidades autónomas han aprobado leyes en esta materia.
Se recupera así una propuesta de Unidas Podemos presentada en 2017 que incluía el secuestro de libros contrarios a la ideología de género, suprimía la presunción de inocencia, permitía el sometimiento de menores a tratamientos hormonales desde los 10 años sin consentimiento de los padres, imponía el adoctrinamiento LGTBI en todos los centros educativos, prohibía a las personas homosexuales o transexuales explorar vías para recuperar la heterosexualidad natural o la reversibilidad de las cirugías de simulación genital cruzada y restringía la libertad de expresión, como quedó reflejado en un informe jurídico elaborado por HazteOir.org. (https://www.actuall.com/familia/ley-mordaza-lgtbi-podemos-informe-juridico-aprecia-al-menos-cinco-problemas-basicos/ )
Este texto, redactado por la Federación Española LGTBI y apoyado por todos los grupos parlamentarios con representación entonces a excepción del Partido Popular que decidió abstenerse, decayó en marzo de 2019 al disolverse las Cortes por la convocatoria de elecciones sin llegar a debatirse en el Congreso.
Como complemento a esta norma que pone en riesgo a numerosos profesionales como médicos, profesores, funcionarios o periodistas, (https://www.actuall.com/familia/profesores-medicos-funcionarios-periodistas-todos-amenazados-por-la-ley-mordaza-lgtbi/ ) Irene Montero ha anunciado otra ley titulada de «Igualdad de Trato y No Discriminación» que sería tramitada durante este año.
Artículo en: https://www.actuall.com/familia/podemos-vuelve-a-la-carga-con-la-ley-mordaza-lgtbi-esta-vez-desde-el-gobierno/
LA BURBUJA DE LAS IDEAS DOMINANTES
Artículo de Juan Meseguer publicado en Aceprensa el pasado día 21 de febrero
Hoy está de moda reconocer que vivimos en burbujas ideológicas. Es un avance admitir que encerrarnos en cámaras de resonancia donde solo se oye el eco de “los míos”, vuelve insípida la propia vida intelectual y el debate público. Por el mismo motivo, también habría que celebrar que haya gente dispuesta a pensar y a hablar fuera de la caja de las opiniones que se llevan.
En 2011, Eli Pariser dio la voz de alarma sobre cómo los algoritmos se sirven de nuestros gustos para proponernos contenidos personalizados, evitándonos otros menos afines. Desde entonces, se han multiplicado los llamamientos a pinchar las burbujas y a salir al encuentro de ideas que desafíen nuestra forma de ver el mundo.
Algunos medios han querido aportar su granito de arena, buscando la manera de ofrecer una variedad mayor de perspectivas. La periodista María Sánchez Díez citaba como ejemplos las informaciones que se toman en serio a los votantes de políticos criticados por esos medios; los fichajes de analistas que no siguen la línea editorial; o las herramientas que muestran, al final de una noticia, puntos de vista alternativos sobre el asunto tratado.
En ocasiones, estos cambios han ido acompañados de un mea culpa. Lydia Polgreen, nombrada redactora jefe de The Huffington Post un mes después de la victoria de Trump, admitía tras casi 15 años en The New York Times: “Creo que tradicionalmente, cuando hemos pensado en los sin voz, se nos vienen a la cabeza las minorías. En realidad, hay un grupo mucho más grande de personas que se sienten un poco sin voz en este momento, y eso incluye un número significativo de personas que votaron por Donald Trump”. Por su parte, cabeceras a la derecha como Fox News o Breitbart han puesto el efecto burbuja en el centro de su oferta informativa.
Una buena noticia
Hay quienes niegan que los algoritmos tengan un peso tan determinante. A fin de cuentas, uno siempre puede decidir qué hacer con las recomendaciones, vengan de una máquina o de los editores de un medio. Somos libres de decidir qué noticias leemos y a quiénes seguimos en las redes sociales.
En cualquier caso, el hecho de que exista una sensibilidad mayor hacia la fragmentación del espacio público en burbujas ideológicas es una buena noticia. Si admitimos que esas cámaras de resonancia son insanas, es porque estamos dispuestos a salir a buscar las explicaciones más valiosas. Y como somos conscientes de que nuestra comprensión de la realidad es limitada, nos mostramos dispuestos a conceder a quienes viven en otras burbujas la posibilidad de que algunas veces puedan estar en lo cierto.
Hay, además, una razón de pura conveniencia personal: una vida atenta a lo que se dice fuera de nuestro entorno ideológico resulta mucho más estimulante. “Sin la confrontación, (…) se termina por vivir de imitación y conformismo”, dice Bruno Mastroianni en La disputa feliz. En cambio, quienes se exponen a otros puntos de vista, descubren contenidos, enfoques y modos de decir novedosos.
Tener un canal de noticias variado es una manera de dejar que entre aire fresco en las propias convicciones, de encontrar “algún estímulo consistente que nos ayude a engrasar el cerebro” y “que nos obligue a reflexionar, reelaborar y repensar lo que consideramos que es la realidad”.
Tener un canal de noticias variado es una manera de dejar que entre aire fresco en las propias convicciones
Por todo ello, las llamadas a pinchar las burbujas ideológicas deberían ser bienvenidas. Pero entonces llega la paradoja: si admitimos que una vida de espaldas a quienes piensan de forma diferente a nosotros empobrece nuestra comprensión del mundo, ¿por qué vemos luego con malos ojos la variedad de puntos de vista en debates controvertidos? ¿Por qué quien discrepa de las opiniones de moda e intenta aportar una perspectiva distinta, de forma respetuosa, tiene que estar a la defensiva?
Déficit democrático
No deja de ser paradójico que el creciente rechazo a las burbujas haya coincidido en el tiempo con los recortes en la variedad de opiniones, sobre todo en el ámbito universitario anglosajón. Lo que ha motivado propuestas como una “OTAN” de académicos, intelectuales y escritores, en la que sus miembros prometen defenderse mutuamente si se ven acosados por sus ideas; un sindicato por la libertad de expresión, que ofrece acceso a abogados, expertos en comunicación y especialistas en micromecenazgo para hacer frente a una campaña de linchamiento mediático; una coalición de profesores, conocida como la “Universidad heterodoxa”, que fomenta la diversidad intelectual en los campus…
Un elemento común a estas iniciativas es el deseo de prestar apoyo a quienes se atreven a cuestionar la ortodoxia que se ha impuesto en algunas universidades, donde por ejemplo feministas críticas están bajo el escrutinio de las autoridades académicas por negarse a admitir que la identidad de género es una categoría más decisiva que el sexo biológico. En este contexto de intolerancia, es más fácil que los discrepantes se sientan amedrentados. Y es precisamente ese silencio lo que refuerza la hegemonía de unas opiniones tenidas por intocables.
Bajo este prisma puede verse también la reciente retractación pública de Jeremy Irons en la Berlinale. Cuando se anunció que este año iba a presidir el jurado, hubo protestas porque en 2013 se había expresado en contra del aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo. El actor ha querido aclarar su postura “para siempre”, manifestando que ahora sí los apoya. Lógicamente, Irons es muy libre de cambiar sus posiciones. Lo interesante del caso es que se presente la retractación como el fin de “la polémica”. En realidad, “la polémica” es que quienes organizaron las protestas no aceptaban que Irons tuviera en el pasado unas opiniones distintas de las suyas.
La narrativa de los algoritmos como creadores de burbujas acierta a señalar un problema real: el del enclaustramiento en mundos ideológicos herméticos e incomunicados. Pero cargar las tintas en lo tecnológico no va a resolver el problema de fondo: la dificultad para tolerar la libertad de pensar y opinar a contracorriente.
Artículo en: https://www.aceprensa.com/politica/tolerancia/la-burbuja-de-las-ideas-dominantes/