La nao Victoria. 4

Por Carlos de Bustamante

Allá muevan feroz guerras/Ciegos reyes, por un palmo más de tierra/

Que yo tengo aquí por mío/Cuanto abarca el mar bravío//…

Río de la Plata – Puerto de San Julián

Salida el 2 de febrero de 1520 – Llegada el 31 de marzo de 1520. Travesía de 58 días.

A partir del Río de la Plata continúan hacia el Sur y todo es territorio desconocido. Nadie antes había llegado a estas costas. El clima se va volviendo cada vez más frío, y encuentran un lugar, al que llaman Puerto de San Julián, donde Magallanes decide que pasarán el invierno. Entonces muchos oficiales le requieren que deje de andar perdido por esa costa estéril y Magallanes termina contando al fin que lleva capitulado con el Rey descubrir esa costa hasta localizar un paso que les permita alcanzar la Especiería. Entonces le reclaman que no se detenga y siga avanzando, pero Magallanes se mantiene firme.

Ante esta situación, los capitanes Gaspar de Quesada, Juan de Cartagena (liberado por aquél) y Luis de Mendoza traman sublevarse contra él. Sin embargo, Magallanes consigue neutralizar el complot y aplica mano dura ayudado por Gonzalo Gómez de Espinosa.

La tripulación desconocía la intención de Magallanes de llegar a la Especiería por el lado del mundo nunca antes recorrido: El parecer de los dichos capitanes y oficiales, visto que iban la dicha costa adelante sin tomar la derrota en busca del cabo de Buena Esperanza e isla de San Lorenzo [Madagascar], donde el dicho Magallanes les dijo que habían de ir, y se les pasaba el tiempo, gastando los mantenimientos, navegando por costa inútil, dejando de navegar para el dicho cabo de Buena Esperanza e isla de San Lorenzo, acordaron hacer un requerimiento al dicho Magallanes.

Decide permanecer en Puerto de San Julián durante 147 días, un período muy prolongado, y esto no se entiende por parte de muchos expedicionarios.

Durante este período, además de múltiples encuentros con los indígenas del lugar a los que refirieron como gigantes, se produce otro importante suceso: la nao Santiago, al mando de Juan Serrano, había sido enviada a explorar algo más al Sur mientras los demás permanecían en el Puerto de San Julián. Una fuerte tormenta hace que encalle, perdiéndose la nave, aunque son capaces de recuperar buena parte de los enseres y víveres que contenía el buque. Dos hombres harán de forma muy penosa a pie el camino desde Puerto de Santa Cruz, donde esto ocurrió, hasta Puerto de San Julián, para avisar al resto, que acudirán de inmediato en su recate.

Cuando por fin Magallanes decide salir, al parecer encuentran muy malas condiciones meteorológicas y vuelve a parar durante otros 53 días, esta vez en Puerto de Santa Cruz, donde la pesca es mucho más abundante.

Recorrido de la costa atlántica sudamericana en busca del paso al Oeste hacia el Mar del Sur, haciendo invernada en Puerto de San Julián y Puerto Santa Cruz.

En el Puerto de San Julián se produjo el primer encuentro con unos hombres de gran talla, a los que por sus grandes pies llamaron patagones. Narraba el cronista Antonio de Herrera que el menor de ellos era mayor y más alto que el mayor hombre de Castilla. Tan solo tres días después de partir de Puerto Santa Cruz, el 21 de octubre de 1520, descubren el Cabo Vírgenes y se empiezan a adentrar, sin todavía saberlo, en el ansiado paso al otro lado de América.

Esa misma noche, una terrible borrasca de 36 horas aleja a la San Antonio y a la Concepción hacia lo que parecía ser el fondo de una bahía. Parecía que irremediablemente iban a encallar. Sin embargo, allí encuentran un canal angosto y pasan adelante. A continuación, se les abre una nueva bahía, y de nuevo otro canal al frente. Mientras, la Victoria y la Trinidad dejan de verlos y esperan en la boca de la primera bahía. A los tres días, «mientras estábamos en esta incertidumbre sobre su muerte [de las tripulaciones de la Concepción y la San Antonio] los vimos venir hacia nosotros, singlando a toda vela y con los pabellones desplegados, y cuando estuvieron más cerca saludaron con descargas de las bombardas y prorrumpieron en exclamaciones de júbilo. Hicimos nosotros lo mismo, y al saber que habían visto la continuación de la bahía; o, mejor dicho, del estrecho, todos juntos dimos gracias a Dios y la Virgen María, y proseguimos la ruta”.

La exploración del Estrecho resulta muy complicada, y Magallanes envía nuevamente de avanzadilla a la San Antonio y la Concepción. La San Antonio terminará poniendo rumbo de vuelta a España, y al frente de ella el piloto portugués Esteban Gómez

Tras el abandono de la San Antonio y el hundimiento de la Santiago, ya solo quedan 3 naos, que pasarán varios días buscando a la nao desertora, dejándoles señales en la costa conforme tenían convenido por si se habían perdido. La travesía del después llamado Estrecho de Magallanes les llevará nada menos que 28 días, y por fin, el 18 de noviembre de 1520, desembocarán en el Océano que llamaron Pacífico.

«Cada uno se tuvo por dichoso en haberse hallado en cosa que otro antes que él no se había hallado. Salió el armada del Estrecho a la mar del Sur, y dieron muchas gracias a Dios por se lo haber deparado.»

Por fortuna, la climatología les resulta muy propicia, con vientos constantes a favor y sin ninguna borrasca, lo que les permite avanzar diariamente del orden de 70 leguas —385 km—. Sin embargo, el océano parece no tener fin. Navegando esta armada, uno que estaba en la gavia que se llama Navarro, dijo a grandes voces: tierra, tierra. Con esta subida palabra todos se alegraron tanto que el que menos señales de alegría mostraba se tenía por más loco.»

La isla resulta estar muy poblada, con isleños que acuden en canoas a las naos, y ante el asombro de los expedicionarios, suben a las naves y se llevan todo cuanto pueden. «Los isleños venían a nuestros barcos y robaban tan pronto una cosa como la otra, sin que pudiéramos impedirlo». «Por lo maravillados y sorprendidos que quedaron al vernos, estos ladrones creían, sin duda, ser los únicos habitantes del mundo. La llamaron Isla de Los Ladrones, y su hallazgo salvó la vida a mucha gente.

El bizcocho que comíamos no era ya pan, sino un polvo mezclado con gusanos, que habían devorado toda la sustancia y tenía un hedor insoportable por estar empapado en orines de rata. El agua que nos veíamos obligados a beber era igualmente pútrida y hedionda. […] Hasta las ratas, tan repugnantes al hombre, llegaron a ser un manjar tan caro, que se pagaba cada una a medio ducado.

Las pequeñas embarcaciones de los nativos de la isla de Guam sorprendieron a los nuestros por su agilidad. Portaban un patín para contrapesarlas, y una vela latina hecha de palma.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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