Por José María Arévalo

( Una ciudad amurallada preciosa)
Cuando he visto este artículo en Viajar casi no lo creía porque, efectivamente Badajoz es de las pocas ciudades de nuestro país que no conozco. “Ni Ávila, ni Toledo: la ciudad medieval amurallada más bonita de España es todavía una completa desconocida”, es el titular del artículo de lidia lozano al que me refiero y efectivamente una sorpresa también para mí. Así que tendré que acercarme a verla.
Una ciudad amurallada preciosa -comienza explicando- que ya deberías conocer. Cuando se trata de murallas enseguida aparecen ciudades como Ávila y Toledo como las grandes protagonistas. El imaginario colectivo las ha adoptado como tal, dejando otras iguales -o incluso más impresionantes- en un segundo plano. España esconde tres de las murallas más espectaculares de toda Europa: la de Lugo de origen romano y prácticamente intacta; la de Ávila con una gran importancia medieval; y la de Badajoz, la más larga del continente.
Más de 6,5 kilómetros de longitud y 85 torres conforman la muralla que rodea la ciudad de Badajoz. No es solo la muralla más larga de Europa, sino que es también un testimonio vivo de la evolución de la ingeniería militar desde la época medieval hasta la moderna. La historia de la ciudad pacense está intrínsecamente ligada a ella y, lejos de lo que algunos podrían pensar -cargados de ignorancia- es una de las urbes más bonitas del país.
La muralla y su importancia en la ciudad
Era el siglo IX cuando Ibn Marwan fundó la ciudad de Badajoz. La Alcazaba se convirtió en el principal bastión y los siguientes 400 años se mantuvo siendo musulmana, un legado que hoy sigue observándose por las calles del casco antiguo. Esta fortificación construida por los omeyas, era clave para la defensa de la ciudad. Pero en el siglo XVII comenzaron los conflictos con el país vecino, Portugal, y se empezó a construir la muralla abaluartada.
Aunque se erigiera hace cientos de años, su diseño era de lo más innovador, pues permitía una defensa muy eficaz frente a los ataques de artillería con un sistema de baluartes, revellines y fosos. Sin embargo, el corazón de la fortaleza seguía y sigue siendo la Alcazaba, construida en adobe y tapial. No fue solo refugio militar, sino núcleo administrativo y social, con la Torre del Espantaperros como el mejor punto para contemplar el Guadiana, pronto sin camalote.
En el mismo recinto fortificado se encuentran otras zonas como el Palacio de los Condes de Roca, donde se ubica el Museo Arqueológico provincial, con un patio porticado y la Torre de Santa María, los restos de la iglesia que le levantó donde antiguamente había una mezquita; en la Torre Episcopal está la Biblioteca de Extremadura y la reciente facultad de la Universidad de Extremadura. Pero lo más impresionante es la ciudad árabe que se encuentra bajo la fortaleza.
Un casco histórico repleto de belleza y gastronomía
Badajoz es mucho más que una muralla que, por cierto, puede recorrerse íntegramente de manera gratuita. Desde arriba se contempla uno de los rincones más bonitos del casco antiguo, la Plaza Alta, donde reina una arquitectura de estilo mudéjar gobernada por arcos y dos colores principales, rojo y blanco. Hacia el otro lado están la Puerta y el Puente de Palmas, el más antiguo de la ciudad, que pasa sobre el río Guadiana.
Adentrándonos por las calles del centro, nos topamos con la catedral de San Juan Bautista, un edificio de lo más curioso, pues más que una catedral parece un castillo medieval. Entre estas callejuelas encontramos también decenas de bares y restaurantes donde merece la pena hacer una parada, como el Caesura, la Casona Alta o la Cervecería Pepe Jerez. Sin olvidar la enorme cantidad de opciones que se reparten por la avenida de Sinforiano Madroñero.