Por José María Arévalo

(‘La condesa de Chinchón’, de Francisco de Goya. Óleo sobre lienzo, 1800. Adquirido por el Estado y por el Museo Nacional del Prado, con fondos propios y fondos del legado Villaescusa, en 2000)
Hasta el 27 de septiembre, el Museo del Prado repasa sus logros y desafíos en el último y crucial cuarto de siglo en la muestra ‘Prado siglo XXI’. Recorre unos años en los que, además de sumar 14.000 obras, de ellas un millar por compra o cesión, muchas maestras, ha crecido exponencialmente y multiplicado su colección, sus espacios y sus cifras de visitantes gracias al modelo de gestión y de gran autonomía con el que se dotó gracias al Pacto de Estado que le ha permitido mantenerse al margen de los vaivenes políticos.
«El Prado no es un proyecto cerrado y estático, como creen muchos. Ha evolucionado y en estos años ha sufrido una transformación extraordinaria, fruto del Pacto de Estado que supuso su verdadera mayoría de edad», se ufana Miguel Falomir, director del museo, aludiendo como «una auténtica revolución» a La ley del Prado de 2003 nacida del consenso de todos los grupos parlamentarios. Lo explicaba Miguel Lorenci en El Norte De Castilla. «Tener seis millones de visitantes en 2050 sería inasumible», advierte Miguel Falomir, director de la pinacoteca
«El museo no es el enfermo crónico que dibujaban algunos a finales de los años 90. Hemos pasado a ser una institución sólida y de muy buena salud. Está muy bien, con músculo administrativo, artístico, social y científico», se felicitaba también Alfonso Palacio, subdirector de la pinacoteca y comisario —junto a Elena Cenalmor— de la exposición, que estará en cartel hasta el 27 de septiembre.
La muestra es el espejo de ese cambio portentoso. En sus cuatro apartados se exponen casi un centenar de obras, de la Edad Media a finales del siglo XX. Hay pinturas, esculturas, dibujos, estampas, fotos o documentos, adquiridas o cedidas a lo largo de los últimos cinco lustros.
Goya y Velázquez
Piezas tan memorables como ‘La condesa de Chinchón’ de Goya o el retrato del banquero Ferdinando Brandani, de Velázquez, —conocido durante años como ‘El barbero del Papa’—, ‘La resurrección de Lázaro’ de Ribera, ‘San Francisco en oración’ de Zurabarán o ‘El vino de la fiesta de San Martín’ de Pieter Brueghel el viejo.

(‘Ferdinando Brandani’, de Diego Velázquez. Óleo sobre lienzo, 1650. Adquirido por el Museo Nacional del Prado con presupuesto extraordinario del Estado en 2003)
Hay otras 250 obras incorporadas en estos años a la colección del Prado que se reparten por las salas del museo con una cartela explicativa que las conecta con la muestra. El museo, que ha sido premiado dos veces por la revista ‘Apolo’ gracias a dos memorables adquisiciones —’La condesa de Chinchón’ y ‘La virgen de la granada’—, sigue recibiendo centenares de obras cada año.
Campus
El Prado es hoy un campus con cinco edificios que suman casi 80.000 metros cuadrados. Si se cumplen los plazos, el año 2028 la ampliación del Salón de Reinos, según el proyecto de Norman Foster y Carlos Rubio, se sumará al edificio Villanueva, la ampliación de Moneo, el Casón del Buen Retiro y el edificio oficinas.

(‘San Francisco en oración’. Francisco de Zurbarán. Óleo sobre lienzo, 1659. Donación de Plácido Arango Arias, 2015. Museo del Prado)
«Los museos y la sociedades han cambiado, y nos toca ahora pensar cómo serán los próximos 25 años», reflexiona Falomir anticipando «el reto logístico y económico» para la institución. La «responsabilidad» ante la autonomía de la casa ha sido para él «la gran virtud de un museo estable en lo institucional, al margen de escándalos, que ha cumplido escrupulosamente con todas sus obligaciones financieras, hasta tal punto que cada año hemos tenido superávit».
Con todo, reclama una gestión «más libre flexible» de los recursos propios generados. Con los presupuestos congelados desde 2023, el museo cuenta con 73 millones de euros para este ejercicio.
A lo largo de estos 25 años, el museo ha recibido más de 64,3 millones de visitantes. Se ha pasado de los 1,8 millones del 2000 a los 3,5 millones del año pasado. Falomir ha reiterado que no piensa dejar que el Prado muera de éxito. Los 3,5 millones de visitantes registrados en 2025 marcan un punto crítico. «De seguir creciendo a ese ritmo, en 2050 recibiríamos 6 millones de visitantes. Es una cifra imposible de acoger en una casa que está cerca de su punto de saturación», alerta su máximo responsable.
Expone el Prado solo 2.010 obras, pero en 25 años ha recibido 14.203 —922 pinturas, 110 esculturas, 3.655 dibujos. 4.516 estampas y 5.000 fotos—. Un total de 3.877 llegaron a la pinacoteca a través de donaciones y legados, y en torno a un 12% de ellas están expuestas en la actualidad. En este cuarto de siglo ha realizado mas de 350 exposiciones temporales, ha prestado 13.809 obras y recibido en depósito 3.416. En sus talleres ha restaurado más de 6.000 piezas y ha realizado casi 11.500 publicaciones.
Reconocida como la primera pinacoteca del mundo, es la que más tiempo mantiene abiertas sus puertas. Con horarios de 10 de la mañana a las 8 de la tarde y solo cierra tres días al año.
«El Prado será lo que los visitantes quieran», concluye Falomir, que ha habilitado un buzón de sugerencias al final de la muestra. A la salida, en la tienda, el visitante puede hacerse una foto ante algunos de los cuadros de la colección, algo prohibido en las salas. Hay que descargarse digitalmente los fondos con obras del museo, ponerse ante una suerte de ‘photocall’ sobre el que se proyectará la obra y pulsar un botón. «Aún me felicitan por no haber cambiado de idea y no dejar hacer fotos en las salas, dice risueño Falomir.