Voz del sur

Julio Frank Salgado

Piñera, Pinochet, pandemia

No lo dice, pero lo piensa. Sumido en una crisis sanitaria y económica que no augura una pronta salida, el gobernante chileno habla de unidad, llama a acuerdos de emergencia y cambia el timón del manejo de la salud, pero se cuida de no traspasar el marco constitucional heredado de la dictadura y echa mano al Estado exiguamente para no gravar la extrema riqueza privada.

Sebastián Piñera podría hacer mucho más para ir en ayuda de sus compatriotas durante la actual pandemia por coronavirus, pero no lo desea o chocaría contra el estrecho marco constitucional aún vigente. Desestabilizado por el estallido social de 2019, con una actividad económica desplomada en 14,1 por ciento en abril y un plan sanitario hasta ahora meramente reactivo -que permite al país codearse con los más contagiados del mundo-, sus discursos y arengas públicas ya ni siquiera desilusionan, sino más bien irritan.

Ha cuidado fielmente los márgenes de la constitucionalidad heredada de la dictadura, protectora a ultranza de la propiedad y la riqueza privadas y contraria a la participación estatal activa en el desarrollo de la sociedad. Secundado por una alianza con fuerte influencia pinochetista aún, le preocupa sobremanera mantener a flote una economía neoliberal admirada hasta hace apenas ocho meses. Así, ante una doble amenaza con riesgo de ser terminal, sólo han aparecido exiguas ayudas en bonos e ingresos de sobrevivencia estatales para los más afectados, subsidios de desempleo de cargo del propio cesante, opciones crediticias para pequeños y medianos empresarios avaladas por el Estado y en manos de los bancos, y canastas de alimentos de muy lenta e irregular llegada a los más necesitados.

El cambio de su ministro de Salud, Jaime Mañalich, por Enrique Paris, el sábado 13, junto con un preacuerdo económico y social de emergencia con los partidos mayoritarios de la oposición, en la madrugada del domingo 14, podrían cambiar algo del oscuro y accidentado camino hacia la recuperación, empeorado ya por un manejo gubernamental egocentrista, excluyente y confuso, que desoyó algunas opiniones y llamados del gremio médico, comunidades científicas y alcaldes incluso de partidos oficialistas, y en otros casos las atendió cuando dichas advertencias ya se estaban cumpliendo.

Ha sido, sin embargo, la Constitución de Pinochet -cuyos partidarios consideran democrática tras las reformas parciales firmadas por Ricardo Lagos en 2005- la mayor cortapisa para acuerdos políticos facilitadores de una verdadera democracia, por lo que fue una revuelta social no exenta de violencia, en octubre pasado, lo que presionó a la “clase” dirigente a convocar finalmente a un plebiscito sobre una nueva Carta Fundamental.

Aquí, algunos episodios en curso sobre esa desigual confrontación en plena emergencia.

Fondos previsionales intocables

En abril pasado, diputados opositores propusieron permitir a los afiliados a las AFP -empresas privadas administradoras de fondos de pensiones- retirar hasta un 10 por ciento de sus ahorros previsionales para que éstos pudieran paliar los efectos del desempleo o la imposibilidad de trabajar debido a las restricciones de desplazamiento (esto fue aprobado ya en Perú, que tiene un sistema similar). La propuesta fue desechada por “inadmisible” por la Cámara Baja, pues, según disposición constitucional, es el Presidente de la República quien mantiene la iniciativa legislativa exclusiva en esas materias.

El miércoles 10, senadores de oposición insistieron con un proyecto de reforma a la Constitución, tratando de dirimir sobre el derecho de propiedad y el destino de los fondos de previsión, controversia que ha llegado incluso hasta los tribunales de justicia y el Tribunal Constitucional. Deberán enfrentar, sin embargo, los prohibitivos quórum establecidos para capítulos como el aludido, de hasta dos tercios de los parlamentarios.

“Súper ricos” a cubierto

En mayo, la Cámara de Diputados votó favorablemente una resolución que pedía al Presidente enviar un proyecto que estableciera un impuesto del 2,5 por ciento, por una sola vez, a los poseedores de patrimonios personales iguales o superiores a 10 millones de dólares, que incluyen a los llamados “Súper Ricos” -entre los que el propio Piñera se encuentra, con cerca de tres mil millones de dólares a 2018-, en un país donde el uno por ciento de sus habitantes concentra el 26,5 por ciento de la riqueza nacional. El objetivo de la propuesta era crear una renta familiar básica de emergencia de 420 mil pesos mensuales por seis meses para unos cuatro millones de personas en total, más del 20 por ciento de la población, monto que duplica al otorgado por el gobierno.

Nada se escuchó desde el Palacio de La Moneda, por lo que, con el fin de superar la inadmisibilidad señalada, la resolución fue transformada en un proyecto de reforma constitucional que también enfrentará los obstáculos mencionados.

AFP amparadas

Alguna preocupación, en cambio, causó en esferas oficialistas otro proyecto de reforma constitucional, que ya tramita el Senado, consistente en la eliminación de las AFP como administradoras previsionales con el objeto de establecer un sistema estatal solidario, junto con una pensión básica universal varias veces más alta que la actual pensión mínima. Un eventual éxito de esta iniciativa –ante la que dichos quórum también se activan- movería desde el sector privado el equivalente al 80 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), más de 200 mil millones de dólares.

Intento de corralito

La relativa tranquilidad del Presidente en materia previsional era explicable (el sistema, además, fue creado por su hermano, José Piñera), pero una estrategia financiera ofrecida públicamente por agentes independientes le activó una alarma. A fines de mayo, como cada cierto tiempo y según las instrucciones respectivas, clientes de la firma Felices y Forrados se volcaron hacia los sitios web de las AFP con el propósito de cambiar rápidamente sus ahorros previsionales desde el multifondo en el que se hallaban hacia otro más rentable en ese momento.

Muchos ahorrantes se encontraron inicialmente con la imposibilidad técnica de ingresar a su correspondiente cuenta virtual y luego, resuelto el problema, con una indicación gubernamental a un proyecto de ley sobre el mercado financiero que imponía trabas a la operación, atacando la conveniencia de la misma. Acentuaba, además, las restricciones al rubro de asesorías en cuestión, atendiendo a que la acción de los cotizantes así recomendados perjudicaba el normal funcionamiento del mercado.

La propuesta fue detenida por la mayoría opositora de la comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, pero es difícil que Piñera y su gobierno se den por vencidos (sobre todo cuando hay tanto dinero en juego).

Salvataje a grandes empresas

El susodicho “normal funcionamiento del mercado” es un tema con el cual el Presidente está muy familiarizado. Su moralidad como inversionista privado es objetada públicamente desde los años 80 y ahora se le relaciona con otro escándalo en los negocios. El diputado opositor Jaime Mulet pidió que se investigue lo ocurrido con la empresa aérea Latam –antiguamente una firma estatal después privatizada y de la que Piñera era socio-, la que mantenía una deuda vigente con su familia y que se habría anticipado a cancelar semanas antes de pedir la quiebra en Estados Unidos. En el intertanto, el gobierno discutía sobre un eventual salvataje estatal de la misma, proceso que el Jefe de Estado debería firmar en caso de materializarse.

En este nivel, la sensibilidad gubernamental es extrema. Un proyecto que prohíbe la suspensión del suministro a las empresas de servicios básicos en casos de no pago durante la emergencia, aprobado por el Parlamento el jueves 11, recibió también el tajante calificativo de “inconstitucional”.

Parodiando la rutina sobre Chile del comediante argentino Jorge Alís, Piñera no lo dice, pero lo piensa. Ante tanta inestabilidad, urgencia y riesgo, un mínimo de oídos sordos y mano dura no estaría mal, sobre todo si cumple con la obediencia constitucional debida… a menos que el peso de tantos errores termine de decir lo contrario.

J.F.S.

Diversas fuentes

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Autor

Julio Frank Salgado

Periodista y bloguero chileno. Reportero y editor en medios escritos, radiales, televisivos y digitales. Autor de "Médicos en la Historia de Chile" (2005) e "Idolos de blanco" (2011). Año XV en la blogósfera de PD.

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Periodista y bloguero chileno. Reportero y editor en medios escritos, radiales, televisivos y digitales. Autor de "Médicos en la Historia de Chile" (2005) e "Idolos de blanco" (2011). Año XV en la blogósfera de PD.

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