Y este detestable grafómano, que lo es y de la más ínfima calidad (y no sé por qué me tienen vuesarcedes por tan rematadamente mal escribidor), está ojo avizor para constatar el eco o recuerdo que se produzca con motivo de este segundo aniversario de la súbita muerte del genial escritor (que lo fue en todos los géneros literarios), don Jaime Campmany. ¿Seremos muchos en recordarle, más o menos públicamente? En el ámbito familiar y en el de sus amigos, ¡qué duda cabe! ¿Y los media, qué dirán los media?
Mi señoría nunca tuvo el privilegio de hablar personalmente con él. Lo que sí conserva, como oro en paño, es una carta escueta del insustituible columnista, aparte, claro está, de muchos de sus libros, de infinidad de recortes de prensa de su autoría y, ¿cómo no?, el recuerdo indeleble de las horas de tan buen humor que he pasado (y, mientras Dios me lo permita, seguiré pasando) con la lectura –relectura casi siempre– de sus excelentes escritos.
Y como remembranza mía, como recuerdo de mi señoría, permítaseme que me limite hoy a reproducir las breves palabras que entonces escribí y “colgué” en www.jubilatas.com, hace ahora exactamente dos años, cuando su cuerpo estaba aún insepulto. Fueron éstas:
IN MEMORIAM…
A JAIME CAMPMANY
(Cuatro versos de cabo roto y una súplica al Altísimo)
¿Qué pasará ahora, don Jai,
que “usté” ha muerto y se ha ido al cie?
¿Quién podrá lograr que amai
todo nuestro desconsue?
¡Haz, Señor, que, desde ahí, siga provocando nuestras sonrisas también!
13-06-2007.
