Cajón de Sastre

Rufino Soriano Tena

Pactos, que no pastos, de Estado.

(o “¿Por qué no se corresponsabiliza la oposición?”).

El personaje más emblemático de la Casa Real, o sea, Su Majestad el Rey, ha abogado ayer, públicamente, por un gran pacto entre el Gobierno y la oposición, para superar la crisis económica, financiera y generadora de paro a una velocidad tal que en muy poco tiempo podemos alcanzar los cinco millones de desempleados. Y claro, “El Rey dijo, en concreto, que es ´hora de grandes esfuerzos y grandes acuerdos´ para recuperar un crecimiento económico ´fuerte y duradero´ , cada vez más basado en la ciencia, la formación y la innovación, y para ´superar juntos, cuanto antes y con la debida determinación las graves consecuencias de la crisis´”(Libertad digital dixit). Y “el Presidente del Congreso, José Bono, consideró en el Congreso que ´sería muy bueno´ que todos los partidos estuviesen juntos ´en momentos de dificultad´ como en la actual crisis económica, porque es más importante ´ganar las batallas a favor de los ciudadanos que ganar las elecciones´”. (Ibidem).

Y bien, tanto la opinión del Presidente de las Cortes como la de Su Majestad a mi señoría le parecen correctas porque no cree que el señor Bono le haya dado nunca más importancia a ganar las elecciones que a ganar las batallas a favor de los ciudadanos, ni el Rey, que dijo acerca del todavía (¿todavía?) Presidente del Gobierno de España, señor Rodríguez -según «El Mundo», por lo que en su día (13-5-2008) difundió “Público”-; dijo el Rey: “Él (refiriéndose al señor Rodríguez) sabe muy bien hacia qué dirección va y por qué y para qué hace las cosas. Tiene profundas convicciones. Es un ser humano íntegro”.

Dicho lo dicho, ¿quién no va a estar de acuerdo con que el señor Rajoy, todavía (¿todavía?) Presidente del PP forme un gran pacto con el Gobierno de España? Aunque éste, a través de su Presidente haya tenido algún descuido, sin importancia, como pueda ser haber hecho todo lo contrario de lo que recomiendaban todos los economistas habidos y por haber, premios Nobel, etc., salvo la señora o señorita Salgado, «miembra» ella de su Consejo de Ministros y Ministras, ambos inclusive… También que el citado Presidente haya dicho alguna “mentirijilla” como lo de que durante su mandato iba a haber menos paro que el menor que hubo en la época de Aznar o algo así; que iba a lograr el pleno empleo, en lugar de decir que lo que iba a conseguir es el “cuasi” pleno paro; que estábamos saliendo del túnel desde hace años, cuando todo sigue negro; que desde hace meses hay brotes verdes, cuando aún no ha llegado la primavera; que “volverán las oscuras golondrinas”… Ah, no: eso fue el amigo Gustavo Adolfo. No, que éste no tiene nada que ver con el que fuera o fuese primer Presidente del Gobierno de la chusmocra…; es decir, de la democracia.

Lo cual que ni por pienso (del latín “pensare”; no de “pensum”) sea que Su Majestad, ni el señor Bono, ni el Gobierno, ni nadie esté buscando a alguien a quien echarle la culpa del desaguisado español, famoso en el mundo entero, como, por ejemplo, culpar a la oposición. Y es que, a veces, cuando vienen mal dadas, se buscan víctimas propiciatorias. ¿O no?

12-02-2010.

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Autor

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

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