Cajón de Sastre

Rufino Soriano Tena

Hablemos de los contribuyentes imbéciles.

(o “¿Que vuesarced no es de esos? ¡Tararí!”).

Después de colgar la chirigota de ayer, mi señoría la releyó y quedose atónito, es decir, pasmado. Y ello, por dos razones: una, por lo de considerar a todo ciudadano que paga honradamente sus impuestos como persona imbécil (¡qué fuerte!, ¿no?) y ¿por qué? Pues porque somos ´débiles de cuerpo, de espíritu, de carácter´ y no nos revelamos; y la otra, por la supersónica velocidad de crucero que llevan las nuevas tecnologías, que nos deparan artefactos milagrosos, mediante los cuales –recuerden“acercando la mano a un sensor o mediante un pulsador se dispensa una nueva funda transparente para la tapa (se refiere a la del inodoro), dando la posibilidad a cada usuario de disponer de un asiento nuevo”… Pero es que hay algo más, y son los “dispensadores automáticos de productos bacteriostáticos (¡la guerra química…!) que pueden incluir fragancias varias con programación digital”. ¡Ahí es nada…! Algo taumatúrgico. Y eso que no acaba uno, al menos así le acontece a mi señoría, de abarcar, ni aun mentalmente siquiera, la polivalente eficacia de dichos artilugios. Sabido es que en los lugares de referencia, por mor de los apestosos gases que coexisten con las heces fecales, cuyos aromas fétidos, y aun hediondos, siempre obligan (u obligaban hasta la implantación de estas nuevas tecnologías) a los pulcros usuarios, a abrir de par en par las ventanas o respiraderos … Pero he aquí que, habiendo ya “dispensadores automáticos de productos bacteriostáticos, que pueden incluir fragancias varias, con programación digital”… Nada, que ya no hay que abrir las ventanas o respiraderos para liberarse de lo que Plinio, no sé si el Joven o el Viejo (sería el Viejo), en un latín decadente, llamaba “pedus”, es decir, “ventus corruptus, qui ambulat per intestinales vías tenebrosas et finaliter expelit per anum, et aliquandum pitat, aliquandum sonat, aliquandum facit pin, pan, plonan, secundum culum quandam personam”. Ahora, digitalmente –el dedo siempre ha desempeñado un papel importante tanto en la oquedad anal, para el diagnóstico táctil de la próstata, como en la nasal, para extraer mucosidades y aun en la depresión umbilical u ombligo, para liberarlo de la pelusilla propia de las afelpadas camisetas o atuendos similares.

Ni que decir tiene que con estos adelantos va a perder mucho, y hasta puede desaparecer, la literatura de carácter coprológico, casi siempre poética, que solía mostrarse en las paredes o puertas de urinarios y retretes en general, y particularmente en los evacuatorios de las antiguas estaciones de ferrocarril, como aquellos conocidos versos de “En la estación de Villalba / a cagar bajé del tren. / Como cagar, cagué bien, / pero, ¡coño!, me quedé en el andén”. O aquellas rimas, con un sabio mensaje higiénico, que aconsejaba una mejor puntería en las deposiciones: “Cagar alegres, / cagar contentos, / pero, por favor,/ hacerlo dentro”. (Sentiría herir la sensibilidad y el buen gusto de algunos leedores, pero las cosas son como son, aunque a mi señoría también le disgustan).

O tempora! O mores!, que decía Marco Tulio Cicerón, en su Primera Catilinaria, dando a entender su nostalgia. Pero tengan también en cuenta vuesarcedes que los clásicos así mismo decían que “tempora mutantur”, es decir, que los tiempos cambian. ¿O no?

7-04-2010.

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Autor

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

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