(o “Si una oenegé no es honrada, de pasta, nada”).
El ABC, mi periódico de cabecera, dice en su número de ayer, edición de Madrid, pág.22, que “La ONG afín al PSOE aparentaba gastos de personal irreales, según el TSJM”, y que “Otra sentencia confirma la condena a la Asamblea de Cooperación por la Paz”. Es un trabajo de Paloma Cervilla que, tras el título y la entradilla citados, comienza así: “Las sentencias judiciales siguen cayendo sobre la ONG Asamblea de Cooperación por la Paz (ACPP), afín al PSOE y a la que se le ha adjudicado recientemente una subvención de 24 millones de euros, poniéndose de manifiesto la irregularidades que cometía en el pago de salarios a sus trabajadores, al quedarse con parte del dinero que a éstos les correspondía”. Tiene narices la cosa, por no decir algo más basto.
Bueno, mi señoría interpreta lo dicho como que a la citada oenegé la han pillado pagándole menos de lo debido a sus trabajadores, éstos la han denunciado y el TSJM, es decir, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha condenado a la ACPP, en abril de este año, a devolver 14.000 euros (unos 2 millones 330 mil pesetas) a sus empleados. Y es que éstos demandaron a ACPP, en el 2.008, después de finalizar su contrato de trabajo, por quitarle dinero de sus nóminas, pues ellos ganaban 2.627 euros y les ingresaban sólo 1.154. Es decir, les ingresaban un 44 % de su sueldo en nómina, mientras al 56 % presuntamente se le daba otra aplicación. Y los jueces condenaron a ACPP a que devolviera o devolviese los citados 14.000 €. Además, la abogacía del Estado emitió un informe, el 21 de enero de este año, planteando la necesidad de iniciar un proceso para revocar la calificación a la ACPP. Bien, pues a pesar de todos los pesares, la Aecid (o sea, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, para entendernos) aprueba concederle una subvención de 24 millones de euros (unos 4 millardos de pesetas), concesión que se hace pública en el BOE de 3 de septiembre último. Esto es lo que ha entendido mi señoría de la ´cosa´, aunque vayan a ver vuesarcedes si, dado mi eventual ´acarajotamiento senil´ (transitorio, eso sí) no habré tomado el rábano por las hojas, que todo es posible. Pero si no, como espero; es decir, si estoy en lo cierto, uno dispone de dos reflexiones para el citado “statu quo”: una, en plan cínico, irónico, sarcástico, burlón, que es como mi señoría suele abordar la mayoría de los temas que comenta en estas chirigotas o cuchufletas; y otra, otra reflexión con seriedad.
En plan coñón, para que vuesarcedes interioricen lo contrario de lo que se dice, el titi aplaudiría la asignación de esos 4 millardos de pelas y aun manifestaría que le parece de una cuantía insignificante, dada la importancia y el alto grado de cooperación benéfica que esa oenegé realiza en pro de la paz. Y que el ideal sería elevar el quantum pues… Pues eso: que seis millardos serían mejor que cuatro. Recuerden vuesarcedes que la ironía es una figura retórica que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice.
Y si se hiciera o hiciese un enfoque con seriedad, está claro que lo que habría que decir es que las subvenciones que se dan a estos entes sin ánimo de lucro (?) tienen un fin determinado, y que cualquier organización de éstas que malverse o destine caudales públicos a un uso ajeno a su función o que no justifique adecuadamente el empleo de la pasta que recibe, la siguiente ayuda difícilmente le va a llegar, porque cualquier incumplimiento serio debe llevar consigo revocar la calificación de la oenegé en cuestión. ¡Tolón, tolón…! ¿O no?
