(o “Los que perjudiquen a un país que paguen la pena correspondiente, ¡coño!»).
A mi señoría le ha dado por reflexionar en serio, siquiera sea un solo día, en una de estas parletas, acerca de la responsabilidad que debían tener no sólo el jefe del Ejecutivo sino también los propios ministros y otros altos cargos a los que se les encomienda el buen funcionamiento y la exitosa tarea de gestionar las entidades públicas que tramiten asuntos de cierta importancia. ¿Que a qué llama mi señoría altos cargos? A los que tienen una estatura de 1,90 m, o más. No te fastidia… (¿Ven vuesarcedes? Ya empezamos con la coña o rechifla).
El caso es que la impunidad de quienes, en el sector público, ejercen mal las tareas que se les encomiendan se justifica, con cierta frecuencia, esgrimiendo el argumento de los bajos sueldos que perciben estos llamémosles empleados del Estado con respecto a los ejecutivos que trabajan en el sector privado. En efecto, casi siempre éstos ganan más que aquéllos, pero hay que tener presente que estas comparaciones deben hacerse “coeteris paribus”, como dicen los economistas, es decir, el contraste de los sueldos tiene sentido cuando todo lo demás, la calificación profesional, la jornada de trabajo, la dedicación en general, la seguridad en el empleo, la preparación cultural, el conocimiento de idiomas, la experiencia en la actividad a desarrollar, etc., todos estos factores son iguales entre los ´comparandos´. Y por tanto, hay que ponderarlos adecuadamente y llegar a la conclusión de que existe esa equivalencia, pues en caso contrario la comparación de las remuneraciones económicas de uno (del perteneciente al sector público) con las del otro (del sector privado) no tiene ningún sentido.
En esta línea, mi señoría enviaba antier un Comentario a un artículo de Libertad digital, titulado ´Durán y Lleida: “La opinión pública cree que somos una cuadrilla de vividores”´. Este artículo es muy interesante porque trae a colación y hace una serie de reflexiones acerca de una entrevista que le realizó un redactor de ABC al citado político, que se publicó el domingo último, y cuya lectura les recomiendo sinceramente. Como se sabe, Durán y Lleida es uno de los políticos mejor valorado por la ciudadanía española y, sin embargo, en los Comentarios a la citada entrevista, salvo honrosas excepciones, los lectores le ponen, o ponen a los políticos, en general, cual no digan dueñas. Y no es lo peor lo que dicen (aunque la mayoría son adversos e insultantes algunos), sino cómo lo dicen (aparte incluso la ortografía, que para algunos parece no existir). El Comentario de mi señoría, no obstante, se expresaba en estos términos:
SORT7643 dijo el día 2 de Enero de 2011 a las 22:27:29:
“Señor Durán: Me gustaría conocer su opinión acerca de la responsabilidad de los Gobernantes que arruinan un país. ¿No merece eso algún tipo de castigo económico, en lugar de tantas ventajas y derechos como se les otorgan a estos señores cuando dejan sus cargos? ¿Le parece bien que se vayan de rositas?
Un respetuoso saludo”.(Sic).
Indudablemente, no habrá respuestas a mis interrogantes, pero es de esperar que todo el mundo mundial esté de acuerdo en que si un Jefe de Gobierno ha llevado a un país a la ruina, ha dilapidado sus recursos (los del país; con los suyos -si los tiene- que haga lo que le salga de “ahí”); ha dicho y se ha contradicho en numerosas ocasiones; ha permitido que las cifras de parados…¡perdón!, de «personas que no trabajan» en una nación como España lleguen a casi cinco millones, si no son más; ha desprestigiado el nombre de su tierra en los países foráneos; ha ayudado económicamente a asociaciones procaces, tanto nacionales como internacionales, siendo así que esos recursos eran necesarios para satisfacer otros menesteres más perentorios dentro de sus fronteras; que ha publicado leyes, unas inútiles, otras criminales -como la del aborto-, otras inmiscuyéndose de forma clara en la libertad personal de los ciudadanos; que se ha rodeado de un equipo de colaboradores inútiles o vagos, con el objeto de que ninguno de ellos pueda destacar, hacerle sombra y acabar exonerándolo; etc., etc., etc.
Y mi señoría lo que se plantea es que si existe una persona que es, por ejemplo, Jefe de Gobierno de una nación, presidente del Gobierno de una Autonomía o baranda similar; una persona que tiene algunos (o todos y más) de los defectos enumerados en el párrafo anterior, lo lógico o, como decimos los católicos en la misa, lo verdaderamente justo, equitativo y saludable es que pague esos errores con penas de cárcel, dinero o como proceda. ¿O no?
4-01-2011.
