(o “¿El del padre, el de la madre que parió a la criatura o cuál?”).
Afortunadamente, casi la totalidad de vuesarcedes y, por supuesto, mi señoría tenemos la enorme suerte de vivir en España, en donde nos lo pasamos de bigote de pato viudo, por no decir de puta madre, que siempre resulta como más grosero y así. De todas formas, si nos preocupan los problemas de género, como dicen los incultos, o de sexo, como se debe decir, y que al parecer es lo que le acontecía a la joven ésta que ha estado como titular en el ministerio de Igualdad, es decir, a la señora o señorita Aído, doña Bibiana; que ha estado como titular, repito, durante todo el tiempo que ha existido el susodicho departamento ministerial; pues si nos preocupa el problema de sexo y no queremos atribuirle la comparación de lo ´very good ´que vivimos en este país al bigote de un ánade viudo, por lo que ello pudiera o pudiese conllevar de abominable machismo; si eso nos preocupa -y van tres o cuatro- y tampoco queremos caer en la ´presunta´ grosería de lo de puta madre, podemos decir, con toda la finura del mundo, de prostituta progenitora, ¿vale?
¿Que de qué va hoy la cosa? Pues sencillamente de que al comprobar las preocupaciones de nuestros políticos, mi señoría ha pensado en que cómo se nota que, con este Gobierno, los ciudadanos españoles estamos libres de todos esos problemas gordos de que son víctimas los mortales que habitan en las naciones de nuestro entorno. Es decir, que a nosotros no nos agobian ni las dificultades económicas, ni las energéticas, ni las sanitarias, ni las políticas, ni ningunas, ¡coño!, porque aquí vivimos como reyes, gracias a ese Gobierno que tenemos, que nos lo resuelve todo, que se preocupa de nuestro bienestar, que nos libra de la estanflación, porrón pon pon, que estarán padeciendo hasta los lituanos, sin ir más lejos, y que vamos, ya les digo… No, es que mi señoría pensaba que qué tranquilidad la nuestra. Y que precisamente por eso, porque entre nuestros gobernantes y la oposición, ambos inclusive, nos han sabido resolver todos los problemas gordos que se nos han ido presentando, ahora no tienen que preocuparse más que de detalles insignificantes como son, por ejemplo, de qué apellidos y en qué orden se le han de dar a las criaturas que vayan naciendo, en el futuro, tanto de matrimonios legales como de de matrimonios de hecho, porque tanto monta, monta tanto… Por lo que mi señoría ha podido saber, en una de las Cámaras, no sé si en la Alta o en la Baja, prescindamos por el momento de estaturas, se ha discutido con toda vehemencia este tema, y uno desconoce aún si se habrá llegado a alguna conclusión, en el sentido de si el primer apellido del nacido (“natus”, en latín medieval) debe ser el del padre de la criatura, el de la madre que la parió o tal vez el del padrino o madrina que costee los gastos del bautizo, pues en una sociedad del bienestar como es la nuestra, los papeles del padrino o de la madrina no son, respectivamente, moco de pavo o de pava, ambos inclusive, en particular si se tratara o tratase de que casualmente fueran o fuesen cónyuges (con g y sin u, no jodamos) o consortes, si a mano viene. Es decir, cuando un país se ocupa y preocupa por cuestiones aparentemente tan baladíes suele ser porque todos los problemas de envergadura están resueltos y muy bien resueltos.
Otra cuestión que no me negarán vuesarcedes que pone de manifiesto que esto es Jauja es que, tanto en Puerto Hurraco como en el Ampurdán, ya se dispone de una Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición–ambas inclusive– que prohíbe “la venta de alimentos con alto contenido en ácidos grasos saturados, ácidos grasos trans, sal y azúcares (…) en el interior de los colegios”. Menuda Ley… Vuesarcedes no conocían ni su existencia siquiera. ¿Y su contenido? Ni idea. ¿Y creen que se puede ir por la vida sin conocer el texto legislativo de referencia, siendo así que el desconocimiento de las leyes no exime de su cumplimiento? Esta Ley incluye, ´por vez primera la prohibición de discriminación por razón de obesidad´ que, como saben hasta los más imbéciles, preconiza, y hace muy bien, que ya se acabó aquello de que un colegial llame a otro “gordo” por el mero hecho de pesar unos cuantos kilos de más con respecto a los que le corresponda en función de su estatura.
Y es que, como bien indicó la ministro Jiménez, esta señora o señorita, que entonces lo fue de Sanidad, que ahora lleva la cartera de Asuntos Exteriores y Cooperación y que en el intervalo participó en unas primarias que perdió frente a don Tomás Gómez (¿saben quién les digo, no?), pues esa ministro dijo entonces que “uno de cada dos adultos es obeso y uno de cada cuatro adolescentes es obeso o padece sobrepeso, con todos los problemas que esto conlleva”, por lo que se ha considerado crucial incluir una cláusula relativa a la no discriminación, por razón de obesidad. No, si ya lo dice la copla: “La española cuando besa es obesa de verdad …”. Como debe ser. Faltaría más… ¿No les digo?
Y no me vengan vuesarcedes con lo de que ha aumentado el número de «parados», que eso ahora “no toca”. Además, no digan «parados», ¡coño!. Se dice “personas que no trabajan”. ¿O no?
4-04-2011.
