(o “De las responsabilidades políticas, civiles, penales y… ´adicionales´”).
A nadie que tenga dos dedos de frente se le escaparía que mi parleta del viernes, “La guerra de las corbatas” estaba repleta de ironía (Del lat. ironīa, y este del gr. εἰρωνεα), considerada ésta, según tenemos dicho, como “figura retórica que consiste en dar a entender lo contrario de lo que se dice”(DRAE dicit). O sea, que todos los leedores “pillarían” que lo de la guerra, pugna o disputa de las corbatas era una chorrada, una nadería (problemática de bajo calibre), aunque mi señoría decía (mentiras y gordas) que los asuntos citados en la primera parte eran problemas de hondo calado, mientras que los que allí aparecían después como cosas sin importancia (elevada prima de riesgo; cinco millones de personas que no trabajan en el país; la demostrada corrupción en la autonomía castellano-manchega; la ´presunta´ idem o más, en la autonomía andaluza; no se sabe aún cuánta -corrupción, claro-, si la ha -que uno cree que la ha- en la autonomía extremeña; y tampoco se conoce qué hay del ´presunto´ vertiginoso incremento patrimonial del Presidente del Congreso de los diputados o Cámara Baja; etc. ); bueno, pues estas cosas que se enumeraban casi al final de la parleta como “pecata minuta” son en realidad “pecata gordérrima”. Es decir, sin ironía es todo al revés.
Y es que la corrupción, en estos pagos, está tan extendida (cfr. “PUTREFACCIÓN”), que el que esté libre de ella que tire la primera piedra… Y nadie la tiró. Y es que con esto del “cohecho pasivo” a los políticos se les pone difícil, porque, ¿a quién de ellos, si fuman, no le han dado sus amigos o enemigos no ya un cigarrillo sino simplemente fuego? Es más: incluso puede haber mediado una petición o demanda por parte del que recibe el bien o servicio, es decir, el fuego o la “lumbre” como se suele decir en lenguaje coloquial. Y mi señoría estima que esto de pedir la dádiva es mucho más grave que la mera aceptación de una oferta… O sea, que es mucho más grave pedir “lumbre” y que te la den, que un señor te vea con un pitillo apagado entre los labios y se te acerque generoso y te diga:
-Disculpe, caballero. Le veo portador de una dosis discreta de nicotina y otros ingredientes ´tabacales´ perniciosos para su salud, pero antójaseme que, a pesar de todos los pesares, usted ya ha decidido inhalar los gases que se desprendan en la incineración o combustión del cilindrín, pitillo, cigarro o cigarrillo que transporta, apagado, entre sus fauces, y que si no se lo está fumando ya es porque carece de artilugio o manera de iniciar su combustión o incineración, con perdón. Mi señoría, sin embargo o no obstante, posee un encendedor (puede ser un mechero o simplemente cerillas, que ambos los he) y no me importaría (sin nada a cambio, esto que quede claro, no se vaya a hablar luego de malversación de fondos) proporcionarle un sistema de ignición que estimo que a usted le vendría de perlas para consumar ese suicidio parcial que está añorando practicar.
Pues bien, eso es muy distinto de que el aspirante a fumarse el cilindrín en cuestión se acercara o acercase a mi señoría y me pidiera o pidiese él , con la ansiedad que a estos sujetos suele provocarles el síndrome de abstinencia, que le proporcionara o proporcionase algún procedimiento “ad hoc” para incinerar esas hojas de una planta de las Solanaceas, originaria de América, que llaman tabaco, y el sujeto en cuestión le increpara a uno, con tono insolente:
-Oye, dame “lumbre”, por favor. Que si no, no respondo de mí…
¿Advierten vuesarcedes qué distintas formas, modos o maneras de adquirir “lumbre” por parte de nuestro presunto político? ¿Qué cohechos detectan en uno y en otro caso, ambos inclusive? ¿Puede castigarse alguno de ellos con la llamada “pena de telediario”, si la víctima fuera o fuese del PP?
Concluye uno que, de erigir a mi señoría en magistrado por un momento, en el primer supuesto estimaría que se trata de un cohecho pasivo; en el segundo, de un cohecho activo –si no me das “lumbre”, te casco-; y no hay indicios de cohecho perifrástico en ninguno de los dos casos, ambos inclusive, pues que para ello tenía que haber mediado algo de ´trinque´, porque etimológicamente peri quiere decir “alrededor”, y frástica, a juicio de mi omnisciente señoría, será “de la frasca” o del frasco (nada de Carrasco) considerado como un recipiente para contener líquidos, preferentemente vino o bebidas alcohólicas, tan proclives a provocar comas etíicos, llamados vulgarmente borracheras, turcas, monas, curdas, pítimas, tajadas, merluzas, cogorzas, melopeas o moñas, denominaciones éstas todas inclusive. ¿O no?
26-07-2011.
