Cajón de Sastre

Rufino Soriano Tena

Indemnización por despido.

(o “Debería dársele lo que se merezca”).

¡Cómo me van conociendo ya vuesarcedes, con los años…! Claro que me refiero a ellos, a mis caros (también «stricto sensu») políticos, estos que nos rigen (es un decir), que muchos ejecutivos consideran que nuestros politicastros ganan poco, pero que mi señoría cree que hay de todo, y que son muchos menos los que se ganan lo que nos cobran que los que nos cobran más de lo que se ganan por su trabajo. Porque además no nos cobran lo que es su sueldo en sí sino que a él hay que añadirle los chollos, prebendas, sinecuras, momios, ventajas y lo que te rondaré morena, no sólo durante el tiempo en ejercicio activo (aunque a algunos no se les conozca actividad ninguna) sino después, es decir, las secuelas, derechos, prebendas, futuras pensiones generadas con menos dedicación laboral que de ordinario, etc., y ello sin contar lo que dizque citaban las Ordenanzas militares del perínclito rey Carolo III, aquel añadido de “…más lo que pudieren afanar”.

Dicho lo que precede, mi señoría se propone seguir reflexionando acerca de las indemnizaciones que se conceden, a ellos mismos, los prebostes de la política, en particular los que están en el poder, cuando lo dejan o, por mejor decir, cuando los echan. Y dice mi señoría lo de “seguir reflexionando” porque aunque no sabría dar ahora, de memoria, referencias de todo lo que tengo escrito sobre el tema (que, por cierto, es mucho y muy selecto, como siempre), les citaré a vuesarcedes estas dos chirigotas o cuchufletas (cfr. “Cuando un Jefe hace las cosas mal” y “¿Por qué no hay sanción para los malos Presidentes?»), ambas inclusive -´pinchen´, ¡caramba!- y de todas formas, mejor es que no recuerde más parletas de las mías, por higiene mental y física de vuesarcedes, porque puede ser una dosis letal de ciencia y conciencia para las débiles mentes de mis lectores habituales, que de ordinario y por su elevada edad casi todos padecen “acarajotamiento senil” (no, su merced no; los otros).

Y la tarea de la meditación hodierna es muy sencilla, si vuesarcedes, como mi señoría, tienen, de vez en cuando, algunas ideas felices. Se trata de que todo aquel que lea estas bien hilvanadas líneas (es justicia) dedique un par de horas, minuto más o minuto menos, a pensar cómo se podría ponderar o medir de alguna forma y con el menor coste (que no en vano estamos en una crisis superperfragilisticaespialidosa y económica) si la ciudadanía está de acuerdo o NO con esto de que cuando unos políticos en el poder cesan de estar en el idem, o sea, cuando los exoneramos con nuestros votos (que no con nuestras botas, porque tampoco es que haya que echarles a patadas, aunque a veces se las merezcan) se les indemnice a los tíos (y tías, con perdón de la RAE) aun en el caso hipotético de que hayan jo…,, bueno, jorobado por no decir jodido al país, bien en lo moral, en lo económico, en lo cultural, en lo institucional, en lo etc., o en todo a la vez, como es el caso en que está pensando mi señoría. Bueno, y vuesarcedes, supongo. ¿O no?

4-10-2011.

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Autor

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

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