Cajón de Sastre

Rufino Soriano Tena

«Insacular» y «millardo».

(o “Dos enigmas para ignaros”).

Hoy anhela mi señoría que esta chirigota sea más bien didáctica porque a uno le preocupa mucho que sus lectores hagan el ridículo y es casi seguro que muchos lo están haciendo. No se refiere este sabio vamos a llamar las cosas por su nombre a que un leedor concreto como vuesarced desconozca ciertos vocablos y vaya por la vida ora sin tener idea de que existen, ora no sabiendo su significado, que es lo más peligroso. Porque si vuesarcedes no tienen noticia de la existencia de la palabra anamnesis, pongo por caso, pues no la van a usar, y se acabó el cuento. Es decir, “muerto el perro se acabó la rabia”. Y si no, se acabó esa “enfermedad que se produce en algunos animales y se transmite por mordedura a otros o al hombre, al inocularse el virus por la saliva o baba del animal rabioso” (DRAE dixit). Pero lo peligroso en verdad es que tengamos en nuestro vocabulario particular una serie de palabras conocidas, pero cuyo significado se nos escapa y le atribuimos uno que no tiene nada que ver ni con el real ni con el figurado.

Al hilo de lo que se va diciendo en esta parleta, mi señoría les va a contar cómo días pasados, leyendo un artículo de mi admirado escritor y excelente humorista Alfonso Ussía, en www.larazon.es , al pinchar, con doble clic, una de las palabras de dicho artículo, comprobé cómo me aparecía la definición que de ella da un Diccionario (Fuente.VOX. Diccionario General del Español de América y de España). Visto lo cual, pensé que nada como utilizar ese método, cuando se escribe, para erradicar el peligro de que les hablaba, al utilizar inadecuadamente palabras cuyo significado no tiene nada que ver, ni en su sentido real, ni en el figurado, con aquello que pretendemos decir. Tal vez vuesarcedes ya conociesen este hecho, pero como mi señoría estaba ´off side´ de la cuestión, es por lo que , como ejemplar juez de línea, levanto mi banderín para aquellos de mis leedores que a la sazón estén también fuera de juego.

Advertidos de la anterior información y consciente de que no siempre, por no decir raras veces, he tropezado con algo análogo, uno quiere presentarles lo que, en el subtítulo de esta presunta cuchufleta, he llamado “dos enigmas para ignaros” . Se refiere mi señoría al significado de esas dos palabras que ondean en el frontispicio de estas líneas (esta parrafada me ha salido asaz cursi, ¿no? Perdonen, pero es que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Sí: es un ´autoinsulto´, pero uno se lo perdona todo a sí mismo) y como suele decir mi propia señoría con frecuencia, aquí “peace” -pronúnciese “pis”- y después gloria (ésta se pronuncia como se escribe, por la simple razón de que es un sustantivo en castellano o español, y no hay ningún problema fonético en el caso.). En efecto: «insacular» y «millardo«.

El verbo «insacular» lo escuchó mi señoría, por primera (y única) vez, de boca de don José Bono, entonces Presidente de las Cortes Españolas, refiriéndose a “poner en un saco, cántaro o urna, células o boletas con números o con nombres de personas o cosas para sacar una o más por suerte” (DRAE dixit). Él utilizó el verbo en cuestión “stricto sensu”, para hacer no sé qué sorteo, en un pleno de la Cámara, pero mi señoría le ha atribuido un sentido figurado más amplio, para referirse también a todo lo que sea meter en el bolsillo o saca propios todo lo que se mueva que huela a pasta, mientras más gansa mejor. Cfr. “Tolerancia CERO en trinque, defraudación y despilfarro” y comprobarán cuánto se insaculaba con el Gobierno anterior, presidido por el señor Rodríguez, por parte de oenegés, ´oesegés´ y algún que otro conmilitón sociata. Ah, ¿que vuesarcedes no saben qué son las ´oeseges´? No le extraña a mi señoría, pues que se trata de una de tantas palabras creadas por mí y, hasta el momento, de mi exclusiva propiedad, aunque bien es cierto que uno anda en negociaciones con la RAE y estamos a punto de firmar un contrato sinalagmático (¡toma allá!) para cederle todos mis derechos.

El otro vocablo, millardo, es ya propiedad de la citada RAE y lo define escuetamente de ´aquesta´ guisa: “1. m. Econ. Mil millones”. Así es que cada vez que se nos habla ahora, por ejemplo, de la fianza que la jueza correspondiente, doña Mercedes Alaya, le ha impuesto al presidiario señor Guerrero, en Andalucía, se nos dice que asciende a 686 millones, y bien podía decírsenos también que la tal fianza era de 114.140.796.000 pesetas, o sea, de 114 millardos, 140 millones 796 mil pesetas. Por cierto, eso es una jueza digna y valiente. Así se potencia la justicia. ¡Qué gónadas (femeninas, por supuesto) debe tener la joven…! ¡Enhorabuenísima, señora magistrada! Así debían ser todas… ¿Qué digo enhorabuenísima? ¡Enhoramuybuenísima…!

¡Ojo! No confundan vuesarcedes los millardos con los billones, porque según el DRAE, el billón es: “1. M. Mat. Un millón de millones, que se expresa por la unidad seguida de doce ceros”. Y, por ende, cada billón son mil millardos. ¿O no?

18-03-2012.

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Autor

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

Rufino Soriano Tena

Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada y Licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Comillas (ICADE) de Madrid

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