Un conductor mata imprudentemente a un peatón y la familia recibe una indemnización, quizás, de 80.000 euros, mientras que la auxiliar de enfermería que sufrió el ébola por su propia imprudencia, Teresa Romero, exigía 150.000 euros por el sacrificio de su perro peligroso, Excalibur, que no se sabía si tendría también la enfermedad.
Acaba de denegárselos el Tribunal Superior de Justicia de Madrid.
El caso ocurrió en otoño de 2014. Romero tocó a un misionero moribundo sin la precaución que, al margen de protocolos, debía mantener: con un tic nervioso habitual en ella se llevó luego la mano a la cara y se contagió, según los informes médicos.
Esperando presentarse a unas oposiciones para ser trabajadora fija ocultó durante días el percance hasta tener fiebre alta, pero entre tanto podía haber contagiado, al menos, a una doctora que la reconoció, a las peluqueras que la atendieron, y quizás al perro…
Siga leyendo aquí y vea a Salas
……..
