En el teatro de la Abadía, a partir del 22 al 15 de febrero

Los Autores Griegos, Esquilo, Sófocles Y Eurípides: Tebanas

Se Unen En Las Obras, Edipo Rey. Siete Contra Tebas/Fenicias Y Antígona.

Los Autores Griegos, Esquilo, Sófocles Y Eurípides: Tebanas

“Despertad, dioses del cielo, oíd, dioses inmortales que dormís

entre las nubes de los palacios del aire,

por una plaga maldita, sufrimos todos los males.

Nuestra tierra, no da fruto y nuestros niños no nacen

y nuestros viejos se marchan

como bandadas de aves hacia las costas oscuras de las que no vuelve nadie.

Despertad, dioses del cielo, oíd, dioses inmortales”

(Coro de suplicantes en la escalinata del Palacio Real.)

El pueblo de Tebas revive sus tres grandes mitos a modo de coro trágico: El rey Edipo busca al asesino de su padre para acabar con la maldición que sufre la ciudad; la salvación depende de revelar el secreto más terrible. Eteocles, hijo de Edipo, defiende Tebas del ataque de su hermano Polinices, en una guerra a muerte por el poder. Antígona, hija de Edipo, da sepultura a su difunto hermano a pesar de la ley de Creonte, nuevo mandatario de la ciudad que prohíbe el entierro del enemigo.

Condensar las tres tragedias en una sola, requiere síntesis, dinamismo y equilibrio, para que los espectadores reciban la unidad y la diversidad del conjunto como una pura experiencia teatral.

Las obras maestras de la tragedia de los grandes autores griegos, Esquilo, Sófocles y Eurípides, son representados por un coro teatral de jóvenes actores y músicos que reviven el gran mito de Tebas: la saga de Edipo y sus descendientes.

El joven elenco, encarna a todos los personajes de una saga familiar que transgrede los límites sociales hasta las últimas consecuencias, en un espejo ético y moral donde se reflejan las grandes preguntas fundadoras de la convivencia: ¿son hereditarios los delitos y las culpas? ¿La verdad debe buscarse a cualquier precio? ¿Existe un límite entre razón y creencia? ¿Debe prevalecer el Estado sobre la persona? ¿Qué distingue al aliado del enemigo? ¿Cuál es la frontera entre justicia y ley? En definitiva: ¿quiénes somos nosotros? Todo un viaje al origen puro de la tragedia clásica griega.

Versión sintetizada de cuatro cumbres teatrales de Occidente, en un espectáculo que indaga en sus conexiones y traza un arco entre los conflictos familiares, las maldiciones, los enfrentamientos personales y bélicos, los personajes recurrentes como Tiresias, Creonte, el coro trágico… y la mítica Esfinge que sobrevuela esta cadena de sangre derramada a lo largo de generaciones.

Asistimos a las tragedias sucesivas como tres actos de la misma obra, tres momentos álgidos en la saga, siguiendo el esquema escénico de los concursos dionisíacos: un pasaje mitológico dividido en tres episodios y un drama satírico en este caso podría ser, un homenaje a las comedias de Aristófanes.

A partir del estilo y el lenguaje desarrollado, se plantea una puesta en escena que lleva al ámbito de la tragedia griega los elementos que han marcado un inconfundible sello de identidad: una puesta sencilla, directa y rotunda, basada en la fisicidad, el ritmo implacable y la música original interpretada en directo. El objetivo: retomar la quintaesencia coral de la tragedia, la efectividad poética del teatro puro, la mezcla entre escenas dialogadas y secciones cantadas, la catarsis tras la catástrofe.

Un elenco de actores y músicos jóvenes crea en directo los espacios, las situaciones, los ambientes; todos tocan y cantan, interpretan al coro y a los diversos personajes, diluyendo la noción de protagonista en el nosotros, en el colectivo que debate y combate, reza y acciona, implora y lucha, lamenta y sufre las consecuencias de sus actos, emociones, sensaciones y pensamientos… y encarna a una familia que, cayendo desde el trono al abismo, llevó al límite las premisas de la convivencia humana.

Esta obra de conjunto de tragedias, denominada “Tebanas”, es un monólogo coral en que el exiliado rey de Tebas, su esposa/hermana, sus hijos e hijas, su sucesor Creonte, su adivino Tiresias, su alada pesadilla monstruosa y enigmática… van deshaciéndose y rehaciéndose en la piel de los siete intérpretes, que afrontan su desolador y revelador destino ante la mirada de los espectadores.

Pocas obras clásicas se prestan a relecturas tan cercanas, en la lucidez de sus revelaciones, de sus conflictos y de sus catarsis, como las obras maestras correspondientes al ciclo tebano que han sobrevivido como vestigios señeros de la tragedia ática.

El ciclo tebano reinterpretado hasta la saciedad en miles de expresiones artísticas occidentales a lo largo de más de dos milenios, nos enfrenta a la autodestrucción: la de la propia persona, la del linaje, la de la ley, la del otro, la del nosotros. Se conjuran en ella los eternos tabúes de la tribu: magnicidio, incesto, infanticidio, parricidio, fratricidio, suicidio… Frente al abismo se construye la ciudadanía, que observa, comenta, se opone, se lamenta y procura mitigar o demorar las catástrofes sucesivas y padece sus funestas consecuencias.

Nuestra sociedad, sumida en olas sucesivas de desastres globales, crisis migratorias y pandémicas; alertas medioambientales con amenazas bélicas y   políticas al statu quo mundial, coincide en la cuestión más importante: la sensación de grandeza y amenaza, de euforia y catástrofe, la necesidad de definición moral, ética y legal de un mundo que plantea nuevos dilemas a demasiada velocidad para la lucidez de un pensamiento meditado. Necesitamos el reencuentro con los grandes mitos que abordan, desde el presente activo del teatro, cuestiones tan básicas como la verdad, la justicia y la identidad social e individual en tiempos de crisis permanente.

La obra comienza en su primer acto, con Edipo rey que gira en torno a la búsqueda de la verdad más allá de cualquier precio, en un contexto de enfermedad colectiva. Ante la peste que asola Tebas, los ciudadanos reclaman a su gobernante que les libre de la maldición de un delito de sangre; la investigación llevará a Edipo a descubrir su propia identidad oculta y su quebrantamiento involuntario del orden natural.

La obra afronta nuestros grandes tabúes y miedos en el enclave entre sociedad e individuo. En una maniobra dramatúrgica que marca la historia del teatro universal, Sófocles compone una trama asfixiante, cuajada de suspense y envuelta en una profunda ironía, que se va enredando en torno a la paradoja del protagonista; cada paso en sus descubrimientos lo acerca más y más a la lucidez como ceguera, al abismo como conciencia, a la sombra como último refugio.

Cada escena aumenta la tensión, perfecciona la trampa, hasta desembocar en uno de los monólogos finales más desoladores de la historia de la cultura occidental. Edipo nos arrastra al fondo del espejo y nos obliga a reconocernos, a reflexionar como individuos y como sociedad con una mirada renovada. Edipo, héroe y antihéroe, caudillo y detective, iracundo y arrojado, sagaz y estúpido, reúne en sus virtudes y defectos las grandezas y miserias del ser humano.

Posteriormente, Esquilo, en “Siete contra Tebas”, se presenta con áspera crudeza, nos enfrenta al conflicto del otro: el odio entre hermanos, la envidia, la rivalidad que desemboca en la aniquilación de uno mismo, porque negar al semejante es destruir el espejo que nos da identidad.

El asedio que preludia la guerra total entre familiares, los caudillos armados a las puertas de la ciudad, la incapacidad de distinguir el bien del mal, el justo del traidor, el vencedor del vencido, definen uno de los grandes motivos literarios y artísticos de la civilización occidental. Eteocles y Polinices, hijos de Edipo, se disputan el trono con razones equivalentes y ejércitos semejantes; subyace el dolor profundo, la violencia inveterada, la maldición de los padres y del abuelo, el eterno retorno del baño de sangre fratricida que impregna los cimientos de las grandes construcciones sociales, desde Rómulo y Remo hasta Caín y Abel.

Durante la primera mitad del original de Esquilo, de factura ritual y primitiva, Eteocles se enfrenta al coro de tebanas que rezan sus plegarias y se lamentan de su destino antes de la batalla, abriendo así otra de las grandes cuestiones de la obra: “El poder personal frente al colectivo, la frontera entre seguridad y libertad de expresión, el límite de la primacía del rey/general sobre la población; en este caso ninguna pandemia maldita se abate sobre Tebas, sino que las ambiciones personales son las que provocan una guerra civil encarnizada.

La línea entre protector y tirano se presenta cada vez más desdibujada mientras el ejército avanza sobre las murallas antaño inexpugnables.

El resto de la obra da cuenta del conflicto a modo de homérica (narración desde la muralla), de funestas consecuencias para la familia y para la ciudadanía, hasta la restitución del orden público por parte de Creonte, preludiado por la presencia de Antígona en eI momento de los últimos compases de la tragedia.

Pero antes de la batalla final se inserta, una extensa escena de Fenicias de Eurípides, donde se produce el encuentro secreto de los dos hermanos, reunidos en la noche por Yocasta (en esta versión, será Antígona, en el intento de salvar a sus hermanos de la maldición, ya que la Yocasta se suicida en Edipo rey. Eteocles y Polinices reciben así la última oportunidad de cambiar el curso de los acontecimientos, de superar sus diferencias y librarse de un destino atroz.

La tragedia multiplica su conmoción ante esta conferencia de la que conocemos el terrible resultado. También tomaremos de Eurípides la descripción, vívida, detallada y sangrienta, del combate entre los hermanos, al pie de las murallas tebanas.

Las versiones de Sófocles, Esquilo y Eurípides responden a tres criterios: teatralidad, potencia y sencillez.

De ahí la elección del verso blanco para las escenas dialogadas y el empleo de estrofas españolas tradicionales en rima asonante para las secciones cantadas y recitadas por el coro, con música original, evocando la tradición juglaresca medieval y universal, la ruptura de la cuarta pared, la fusión del patio de butacas y el coro en un nosotros inseparable del teatro primitivo concebido como fiesta colectiva.

Las elecciones sintácticas y léxicas obedecen al mismo criterio; buscan la claridad expositiva de los enfrentamientos, la contundencia y los poderosos vaivenes poéticos que se aprecian en las mejores traducciones: ese equilibrio entre lo lírico y lo dramático que hallamos en la quintaesencia de la tragedia griega ática.

Además, se aprovechan la estructura de la tragedia ática para acercar al público actual las claves de los mitos a través de canciones y permitir que sea  el coro de tebano el que construya a todos los personajes de la trama: Edipo, Yocasta, Creonte, Tiresias, Eteocles, Polinices, Antígona, Ismene, el mensajero, el pastor… y por supuesto la Esfinge, símbolo borroso de lo mágico, lo monstruoso, lo atávico, el mito radical primitivo que anida en el subconsciente y atraviesa las tramas en un latido onírico y ritual.

La compañía, “Ay Teatro”, que pone en el escenario del teatro de la Abadía el próximo día 22 esta obra “Tebanas”, es un acercamiento artístico a los clásicos desde puntos de vista insólito y sorprendente. Con la dramaturgia de Alvaro Tato, la dirección teatral y música original de Yayo Cáceres y el elenco de actores con Cira Ascanio; Marta Estal; Mario García; Fran Garzía; Daniel Migueláñez; y Mario Salas de Rueda.

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