El arte de la buena vida

El arte de la buena vida

Efectivamente, es todo un arte forjarte una vida con la que sentirte sincera y moderadamente satisfecho. Incluso es el arte por excelencia, la tarea para la que probablemente estamos en este mundo si uno mantiene posiciones trascendentes más allá del materialismo romo. Por ello, una vez superados los problemas de subsistencia en la parte del mundo en que vivimos, encontrar el camino propio se ha convertido en una importante preocupación individual y colectiva para la que abundan consejos, recetas, métodos y creencias supuestamente infalibles e indefectiblemente falibles. Dentro de este enorme y próspero mercado editorial y terapéutico abundan los fraudes, las medias verdades, las vanas promesas y los deprimentes fracasos. También se encuentran aportaciones válidas y hasta regalos divinos que pueden cambiar una vida.

‘El arte de la buena vida’ es un simple libro de autoayuda, pero serio y de calidad, que no pretende vender nuevas fórmulas mágicas sino que ha estudiado y compendiado seriamente una propuesta de auténtica filosofía perenne, con dos milenios a la espalda y una consistencia probada. No es para creyentes ni para ilusos, es para personas serias y por tanto convenientemente escépticas, leídas y experimentadas.

Su autor, William B. Irvine, no es un gurú ni un terapeuta, sino un profesor de filosofía que ha dedicado tiempo y esfuerzo a desbrozar lo que él cree que puede suponer una ayuda e incluso un descubrimiento para muchas personas necesitadas de orientación seria, incluidos buscadores impenitentes que llevan años en la senda zigzagueante de las numerosas tradiciones de elevación espiritual, de mejora personal y de propuestas transpersonales que aparecen en los recodos existenciales de quienes no se resignan al mero pasar de largo. Los que saben siempre pueden saber más, completar el prisma de las mil facetas complementarias; y los que no saben pueden acercarse a esta propuesta, que no va de excluyente, dogmática o sectaria, sino de relativista y moderada: por la senda del justo medio que recomienda el Tao.

Uno de los grandes temores al que muchos de nosotros nos enfrentamos es descubrir que hemos desperdiciado nuestra vida a pesar de todos nuestros esfuerzos, dice la contraportada del libro. En El arte de la buena vida, William B. Irvine explora la sabiduría de la filosofía estoica, una de las escuelas de pensamiento más populares y exitosas de la antigua Roma, y muestra cómo sus ideas y consejos aún pueden aplicarse hoy en día para convertirnos en observadores reflexivos de nuestra propia vida. Si nos observamos atentamente y reflexionamos luego sobre lo que hemos visto, podemos identificar mejor las fuentes de angustia y, también, evitar ese dolor en nuestra vida. Al hacer esto, pensaron los estoicos, podemos aspirar a alcanzar una vida verdaderamente feliz.

‘El arte de la buena vida se subtitula ‘Un camino hacia la alegría estoica’ revelando la preocupación del autor por despojar al estoicismo de su fama de austero, circunspecto y pesimista. No compartimos esta reverencia hacia la alegría, estando por naturaleza más inclinados a la melancolía, e incluso a la tristeza, y huyendo en general de las personas divertidas, por superficiales y a veces rematadamente falsas. La obsesión por ‘el pensamiento positivo y su implantación a toda costa nos parece uno de los peores vicios del movimiento Nueva Era, pero ciertamente Irvine actúa correctamente cuando hace hincapié en evitar solazarse en la queja, en ver todas las botellas medio llenas en vez de medio vacías, y en valorar lo que se tiene por encima de lo que nos falta. La clave quizás del estoicismo.

La introducción se titula ‘Un plan para vivir’ y parte de un axioma discutible: ‘Un gran objetivo en la vida es el primer componente de una filosofía de vida. Esto quiere decir que, si carecemos de un gran objetivo vital, carecemos de una filosofía de vida coherente (p. 13) Pero casi nadie en su juventud y ni siquiera en su madurez sabe lo que va a ser su vida. El objetivo vital es probable que no aparezca nítido hasta entrados en la cincuentena. Tampoco parece conveniente planificar tu trayectoria vital en función de ese objetivo pues así rechazarías la interacción entre azar y destino que es la que realmente nos condiciona. En este punto somos más espontaneístas que deterministas. Pero sin duda que tener un objetivo puede ser de ayuda en el último tramo vital cuando más necesitados estamos de sustento personal.

‘Mi interés en el estoicismo es resueltamente práctico: mi objetivo es poner en práctica esta filosofía en mi vida y animar a otros a introducirla en la suya. Los antiguos estoicos, creo, habrían alentado ambas iniciativas, pero también habrían insistido en que la principal razón para estudiar el estoicismo es que podemos [sic, ¿podamos?] ponerlo en práctica (p. 17). Este móvil práctico le ha hecho concebir un libro sencillo, directo y sensato. Y también sincero, pues no duda en relatar la forma casual -la que está detrás de los grandes hitos de nuestra vida por más que queramos planificarla y pensemos que la dominamos- como llegó a sus actuales convicciones:

‘Aunque durante toda mi vida adulta he estudiado filosofía, hasta hace poco ignoraba, lamentablemente, el estoicismo […] Sin embargo, en la quinta década de mi vida, los acontecimientos conspiraron para introducirme en el estoicismo. El primero de ellos fue la publicación, en 1998, de ‘Todo un hombre’, de Tom Wolfe. En esta novela, un personaje descubre accidentalmente al filósofo estoico Epicteto y empieza a comentar su filosofía. Me pareció a un tiempo intrigante y sorprendente (p.18) […] ‘Al leer las obras de los estoicos, descubrí a individuos alegres y optimistas respecto a la vida (aunque creían que había que invertir tiempo pensando en todo lo malo que podía sucederles), plenamente capaces de disfrutar de los placeres que brinda la existencia (al tiempo que se cuidaban de no verse esclavizados por esos placeres). Para mi sorpresa, encontré a autores que valoraban la alegría; de hecho, según Séneca, lo que los estoicos pretenden descubrir «es cómo la mente siempre debe perseguir un curso firme y favorable, ha de estar bien dispuesta hacia sí misma y considerar su condición con alegría (p.20).

Y estos son algunos de los consejos que incluye en el libro: ‘Nos cuidaremos, por ejemplo, de distinguir entre las cosas que podemos controlar y las que no, de modo que dejemos de preocuparnos por las segundas y nos concentremos en las primeras. También reconoceremos hasta qué punto es fácil que los demás perturben nuestra serenidad y, en consecuencia, pondremos en práctica estrategias estoicas para evitar que nos molesten. Por último, nos convertiremos en observadores más reflexivos de nuestra propia vida. Nos veremos a nosotros mismos en nuestros asuntos cotidianos y luego reflexionaremos sobre lo que hemos visto, tratando de identificar las fuentes de angustia de nuestra vida, y pensando cómo evitar ese sentimiento (p.24).

Dejemos al mismo autor resumir su libro: ‘Está dividido en cuatro partes. En la primera describo el nacimiento de la filosofía. Aunque los filósofos modernos tienden a pasar el tiempo debatiendo cuestiones esotéricas, el objetivo primordial de la mayoría de los filósofos antiguos fue ayudar a las personas normales a mejorar su vida. Como veremos, el estoicismo fue una de las antiguas escuelas de filosofía más populares y exitosas. En la segunda y la tercera parte explico lo que hemos de hacer para practicar el estoicismo. Empiezo describiendo las técnicas psicológicas que los estoicos desarrollaron para alcanzar y mantener la serenidad. A continuación, describo los consejos estoicos sobre el mejor modo de abordar los problemas de la vida cotidiana: por ejemplo, ¿cómo debo responder si alguien me insulta? Aunque en los dos últimos milenios han cambiado muchas cosas, la psicología humana ha evolucionado poco. Por esta razón, nosotros, habitantes del siglo XXI, podemos beneficiarnos de los consejos que filósofos como Séneca ofrecían a los romanos del siglo I. Por último, en la cuarta parte de este libro defiendo el estoicismo de diversas críticas y revalúo la psicología estoica a la luz de los modernos hallazgos científicos. Concluyo el libro relatando la perspectiva que he adquirido en mi propia práctica del estoicismo (pp. 26 -27).

‘El arte de la buena vida. Un camino hacia la alegría estoica es de esos libros que conviene subrayar conforme se lee para extraer su jugo en un segundo repaso; tiene aportaciones valiosas y algunas partes endebles; se lee con facilidad y puede dejar huella. Es un libro práctico y honesto. No podríamos decir nada mejor sobre una obra que nos ha gustado.

Aproximación al libro (del 1 al 10)
Interés, 7
Texto, 7
Traducción, 7
Edición, 8
Información complementaria, 7

El arte de la buena vida
Un camino hacia la alegría estoica
William B. Irvine
Paidós, junio de 2019.
ISBN: 9788449335976
Páginas: 336
Precio: 14€.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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