Una comedia urbanita y sencillota, bien escrita y mejor interpretada. Un rato agradable para dejarse entretener en pleno estío. Solo es de reprochar un sermón buenista al final, pero pronto lo arregla la bajada de telón y aquí no ha pasado nada.
Una pareja como tantas, -llegando a la cincuentena, dos hijos, trabajo fijo, situación desahogada y muchas frustraciones ocultas en el armario-, invitan a cenar a un amigo al que le ha abandonado su última compañía para supuestamente consolarlo en su supuesto bajón anímico. La cena no llegará nunca mientras se desarrolla una situación disparatada en la que ambos cónyuges por separado le terminan confesando una larga retahíla de secretos y quejas. Ferrán González ha escrito un texto bien hilado que termina reflejando el ambiente de simulación en que casi todos vivimos, disimulado por relaciones sociales superficiales, autoengaño permanente y entretenimiento vacuo de tele y redes sociales.
El panorama sería desolador si no estuviera tratado con brillante ligereza para que puedas reírte de ti mismo y tus tics mentales y sociales sin que se te pase por la cabeza mirarlo seriamente y arruinarte la velada. Como los personajes se van atiborrando de alcohol, todo lo que dicen es disculpable así que ni se roza la denuncia incómoda ni se entra en ironías sutiles. Borja Rodríguez en su montaje mantiene el tono festivo y absurdo con una escenografía de Luis Crespo que roza el teatro del absurdo, un salón repleto de peluches, un estante repleto de juegos de mesa y un mueblecito donde se apilan varias decenas de botellas de wiski. Ah y todo presidido por un cuadro grandote, una foto en primer plano de un orangután enigmático que estará allí por algo que no captamos.

Así que establecido el terreno de juego, la pelota pasa a los intérpretes, pues nada sería de los comentarios jocosos y gracias tópicas del guion sin un elenco que diera credibilidad a la parodia. Ahí radica el mérito de la propuesta. Sara Escudero hace una Laura neurótica de las muchas que pueblan los hogares modernos, tremenda, realista, aunque a veces cueste entender sus vertiginosas ocurrencias; Agustín Jiménez hace un Paco impecable desdoblándose en su sombra; y César Camino es una sorpresa en ese Ramón tan poco convencional que debe mantener el tipo noventa minutos oyendo disparates cuando al parecer lo más difícil sobre las tablas es eso, expresarse sin hablar y hacerlo de forma solvente y ajustada. Solo desmerece en el único borrón de la pieza, cuando el autor le obliga a dar doctrina políticamente correcta. Los tres tienen sobresaliente colectivo.
Ferrán González a sus 46 años ha hecho muchas cosas en el mundo del espectáculo, ha sido reconocido por ello especialmente en el género de los musicales y está probando con acierto ahora el oficio de dramaturgo. Con ‘No se lo digas’ parece haber acertado a la segunda, llevan muchos meses de gira y a la gente le gusta reírse con causa y sin complicaciones. Debería suprimir las moralina final en defensa de las relaciones sucesivas en vez de la pareja estable porque no se los digas pero en tal asunto la fiesta va por barrios.
Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 6
Texto, 7
Dirección, 7
Interpretación, 9
Puesta en escena, 6
Producción, 6
Programa de mano, 7
Documentación a los medios n/h
TEATRO BELLAS ARTES
‘Pero no se lo digas’
Autor: Ferran González
Dirección: Borja Rodríguez
Del 15 de julio al 23 de agosto de 2026
Reparto
Sara Escudero – Laura
Agustín Jiménez – Paco
César Camino – Ramón
Ficha artística
Escenografía: Luis Crespo
Vestuario: Melida Molina
Espacio sonoro: David Piedraescrita
Una producción de MIC ProduccionesReparto
Duración: 90 minutos.
Martes a domingo a las 20:30h
Precios
Platea: 23,50€ a 28,50€
Anfiteatro: 17,50€ a 24,50€
Edad recomendada: mayores de 16 años.
(Esta recomendación no impide el acceso a la sala).

