Doce días después del mayor asalto a nuestras fronteras, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha abandonado a su suerte a los ceutíes. No solo se ha ido de vacaciones mientras miles de personas que entraron de forma irregular han colapsado Ceuta, sino que, además, la falta de acción es cada vez más notoria.
Las mentiras con las cifras de quienes entraron y salieron, el cese de un funcionario que dijo la verdad, las publicaciones en TikTok, sus vacaciones en La Mareta y, la última, interrumpir sus días de libranza —solo durante unas horas— para ver el eclipse en el observatorio de Yebes, en Guadalajara, impidiendo que los ciudadanos puedan asistir al lugar porque estará cerrado para el disfrute del marido de Begoña.
Y los ceutíes están cada vez más hartos.
La última muestra han sido las declaraciones de una vecina que expresó toda su rabia y frustración al ser entrevistada en la calle.
«Es lo único que les da miedo. Esta es la única que me protege [señala a su perra]. Porque no hay ni militares ni policías en la calle. Estamos acojonadas. Que estoy acojonada. ¿Tú estás viendo esto? ¿Cómo hay que salir a la calle? Esto no se puede vivir así. ¿Qué sientes? ¿A qué te refieres? Estoy acojonada. Y estoy harta, estoy harta de lo que está pasando aquí. Estoy harta. Tengo miedo en mi propia ciudad, en mi calle, que no puedo sacar a la perra. Estoy acojonada».
Y los riesgos en una ciudad desbordada son evidentes: hacinamiento, hambre, basura, riesgo de crisis sanitaria y, para completar la situación, la denuncia de al menos seis chicas menores de edad que han sido violadas.
Para colmo, la tensión aumenta cada día de camino a ese 15 de agosto en el que se ha hecho un llamamiento a una nueva invasión de Ceuta.
Y, mientras tanto, el marido de Begoña, su Gobierno y su partido, «eclipsados» por su irresponsabilidad, su inutilidad y su falta de humanidad para resolver las situaciones que se presentan.