O los recién casados, todavía con sus trajes de boda, que se acercan para hacer un donativo y pedir la bendición del Padre Ángel
(José M. Vidal).- «Padre, es usted el ángel de la solidaridad». A sus 70 y muchos años, Dolores, emocionada, abraza al Padre Ángel y le entrega una bolsa con un kilo de garbanzos, otro de lentejas y una botella de aceite. Viuda, con una pensión de apenas 400 euros, vive en Carabanchel alto y se vino hasta la Plaza de España de Madrid en metro. Para sumarse a la recogida de alimentos de Mensajeros de La Paz. «Gracias. Es usted como la viuda del evangelio, a la que Jesús quiso tanto que hasta puso de ejemplo», le dice el pater, mientras la acaricia.
Dolores es una de las miles de personas y organizaciones que desde el viernes peregrinan a la ya rebautizada como plaza solidaria. Gente de toda clase y condición. Hombres, mujeres, niños, familias enteras que se acercan con sus bolsas o sus carritos de la compra repletos de alimentos. Algunos hasta traen grandes maletas de viaje repletas de comida.
Unos con más y otros con menos, pero todos han respondido a la llamada del Padre Ángel. Este cura tiene don, tiene ángel y la gente lo quiere y lo reconoce como el icono eclesiástico de la solidaridad. Todos quieren hacerse una foto con él. Y el sacerdote sonríe, da las gracias, dice que «esto es un milagro de la gente» y posa con todo el que se lo pide.
Todavía no sabe si han ganado el record Guinnes de recogida de alimentos. «De lo que sí estoy seguro es que hemos batido el récord de la solidaridad. Madrid tiene entrañas de misericordia y responde con más de lo que se le pide. Hay que estar orgulloso de este pueblo», explica emocionado el Padre Ángel.
La profunda emoción de la gente
Y es que la emoción se acumula en Plaza de España. Ante los voluntarios que recogen y clasifican la comida, la gente llora y se emociona. Muchos recuerdan las dificultades de épocas pasadas, cuando hasta escaseba el pan. Y el solo recuerdo les rompe las entrañas.
Otros se emocionan ante la situación a lo que hemos llegado. «En Madrid, hay que recoger alimentos para gente que no los tiene. Es de vergüenza para los políticos. Me duele porque tengo tres nietos en paro y sin perspectivas de futuro. No hay derecho», dice, entre sollozos, María González, que ha venido con su carro de la compra abarrotado desde El Pozo. Llegan muchos con los maleteros de sus coches atestados de alimentos.
Otros se emocionan al ver la solidaridad de los demás. Porque la solidaridad se contagia y hace feliz al que la practica. Se nota, por ejemplo, en la cara de felicidad de los niños, que llegan acompañados de sus padres, con sus mochilitas repletas de alimentos. Y de chuches y gominolas. «Porque los pobres también tienen derecho a ésas cosas», dice Manuel, con sus dos gemelos, Gonzalo y Esteban.
Hay turistas que pasan por aquí y, al ver gente, se acercan, preguntan y colaboran. Como Diane, una turista alemana, que iba camino del Prado, pasó por Plaza de España, vio a la gente, se acercó y se quedó toda la tarde. Y, antes de irse, se fue a ‘Los cien motaditos’ a buscar cajas de bocadillos para los voluntarios.
O los recién casados, todavía con sus trajes de boda, que se acercan para hacer un donativo y pedir la bendición del Padre Ángel. O numerosos grupos de gente joven de diversas parroquias de Madrid. O monjas de diversas congregaciones que quieren hacerse presentes y aportar lo que pueden, porque ellas también saben mucho de la asignatura de ayudar a los más pobres.
En muchas parroquias madrileñas, los curas, en la misa dominical, invitan a la gente a colaborar con la recogida de alimentos.
«Evangelio puro»
También se acercan representantes del arzobispado castrense. Concretamente su vicario general, Pablo Panadero, acompañado del delegado de Cáritas del arzobispado castrense, para solidarizarse con la iniciativa y aportar un buen donativo y convertirlo en alimentos.
Y felicitan al Padre Ángel. «Esto es Evangelio puro. A la que hay que felicitar es a la gente. A pesar de lo que dicen algunos, ésta es la prueba más evidente de que la sociedad está sana y tiene valores«, replica el Padre Ángel.
Llega gente incluso de los pueblos de Madrid, como La Sagra o San Agustín de Gudalix o Perales. Y llegan también donaciones de muchas asociaciones, como la Fundación ONCE, la Fundación SEUR, la Fundación Padre Jofré de Valencia, la Fundación Cofares o la asociación de pasteleros de Madrid. La bola de nieve de la solidaridad crece sin parar.
Y hasta los más pobres de los pobres quieren colaborar. Miguel pide a las puertas de la cercana iglesia del Buen Suceso. Y, cuando terminó su jornada, trajo lo recaudado y se lo entregó a los voluntarios del Padre Ángel.
Los palés repleto de comida se acumulan. Los voluntarios no dan abasto. Hay de todo. Desde garbanzos y lentejas a cereales, galletas y chocolate. Mucha gente se acerca a preguntar qué es lo que más se necesita. Los voluntarios suelen responder que » productos para niños y aceite».
Llega Tele5 para hacer una grabación en directo y los voluntarios se atusan. Y piden autógrafos a Ana Rosa Quintana. Pero también vinieron a grabar todas las demás televisiones. Desde TVE a Antena 3, pasando por La 4 o La Sexta.
«Es un éxito rotundo y total de la conciencia solidaria de la gente, consciente de que, en momentos como éstos, olvidados de los políticos, hay que hacer piña y apoyarse unos a otros», dice Elena Alonso, la directora del Banco Solidario de Mensajeros de la Paz.






