"Benedicto puso la primera piedra para humanizar las viejas"

Mañana vuelvo

"Ojalá vuelvan todos los que quieran, sin reproches o revanchas"

Mañana vuelvo
Acogida

Desde que Benedicto XVI hizo lo más revolucionario que un Papa ha hecho en los últimos siglos, dejar el camino a otro, se empezó a desmontar toda una manera de entender la vida de la Iglesia

(Sergio Afonso Miranda)- A la luz de los últimos acontecimientos que vivimos en la Iglesia con el Papa Francisco, por qué no soñar un poco…

De las pocas convicciones que uno tiene es que desde la experiencia que me brinda el Evangelio la vuelta al ministerio gozará de la acogida y comprensión de aquellos que tengan un corazón grande, algo así como el del mismo Dios… Desde que Benedicto XVI hizo lo más revolucionario que un Papa ha hecho en los últimos siglos, dejar el camino a otro, se empezó a desmontar toda una manera de entender la vida de la Iglesia y, por qué no, del mismo mundo.

Este Papa sabio, evangélico, puso la primera piedra que tantos esperaban para humanizar las viejas estructuras que habían perdido el buen olor de los valores tan frescos y necesarios como los de la fraternidad y la justicia. Perder el miedo en la Iglesia es ya un signo de que algo está cambiando, que cardenales y obispos no callen y se expresen más allá de lo que Roma quería escuchar es un aliento que sopla con fuerza en los rostros cansados de tantos y tantas que confiaban que estos días tenían que llegar.

Mañana vuelvo al ministerio después de una profunda reflexión, de un tiempo de escucha de lo que Dios quiere para mí, con el discernimiento que los obispos dispongan para ejercer un servicio del que fui apartado como tantos; pero vuelvo y ojalá vuelvan todos los que quieran, sin reproches, sin revanchas, sin ser más que nadie, tampoco menos.

Regresamos con familia, sin querer ser una carga económica para la Iglesia, con la experiencia de haber vivido en el desierto, dejando que el «tiempo» de Dios pasara y acrisolara nuestras pequeñas o grandes miserias. Aquí estoy para que el Obispo me mande y poder continuar bautizando, casando, acompañando en el dolor a la gente, creando redes de solidaridad, paliando los sufrimientos, ayudando a despedir a los que tantos hemos querido y aquellos que por desgracia se van solos, y sobretodo, celebrando la Misa, la eucaristía que es la mejor expresión de lo que soñamos: un cielo nuevo, una tierra nueva.

A donde llego esperan en primer lugar mi Obispo y mis compañeros célibes en el presbiterio. Ahora todo se enriquece, casados, comprometidos, juntos seremos pastores apasionados de la Buena Noticia de Jesucristo para que valorando la única vocación, la vivamos dando vida a la Iglesia. Y esperan también las comunidades cristianas formadas por personas con sus historias, sus vidas, sabiéndonos en un camino donde todos somos pecadores invitados por el Maestro a dejar nuestras piedras en el suelo. Y por no ser ingenuo, espero que les parezca suficiente penitencia lo que hemos vivido lejos de casa, del hogar, y así hermanos mayores y menores seamos imagen del Buen Padre que siempre acoge.

Gracias Dios bueno por haber tocado el corazón de tus viejos cardenales con la fuerza del Espíritu, el Papa Francisco es una bocanada de aire fresco y aunque esto que escribo no sea para mañana, seguimos aguardando el tiempo que Dios quiera aquí fuera: sin las comunidades que acompañé, sin mis compañeros a los que tanto admiro y sin mi Obispo, al que acepté cuando de manos de Ramón Echarren recibí este bien preciado que no me pertenece.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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