"Anomalía e irregularidad político-religiosa, poco o nada cristiana"

Antonio Aradillas: «Extremadura sigue padeciendo el desgarrón de una parte importante de su territorio canónico»

"Que Braulio diga 'Roma tiene la última palabra' es baladí, infantil, irritante e indocto"

Antonio Aradillas: "Extremadura sigue padeciendo el desgarrón de una parte importante de su territorio canónico"
Monasterio de Guadalupe L. Valles

El ejemplo dado por los aragoneses en situación similar... es, -podría ser- referencia a tener en cuenta y a seguirla

(Antonio Aradillas).- Razones constitucionales, concordatarias, conciliares y pactos parciales, explican y justifican a la perfección la existencia y buen desarrollo, también eclesiástico, en el Estado español, de las Comunidades Autónomas de Galicia, Cantabria, País Vasco, Navarra, Murcia y así sucesivamente hasta llegar a las diecisiete. Razones especiales aportan algunos en el caso de Cataluña, que no solamente existe, como tal, sino que súper-existe.

A propósito de determinados acontecimientos histórico-artísticos de incoincidencias judiciales, convertidas en noticias internacionales, esta última Comunidad y la de Aragón, es obligado tener que reconocer que quienes -autoridades, ciudadanos, jerarquías y laicos-, invocan como Patrona a la Virgen del Pilar, desarrollaron el sentido autonómico comunitario con las debidas garantías, eficacia y fervor.

Y el caso sobre el que vuelven a girar otra vez estas reflexiones, es Extremadura, que eclesiásticamente sigue padeciendo el desgarrón de una parte importante de su territorio canónico -¡31 parroquias¡-, a las que no pastorean los obispos extremeños de ninguna de sus tres diócesis, que son las de Mérida-Badajoz, Coria-Cáceres y Plasencia. Su pastor es el arzobispo-primado de Toledo, ínclita, noble e imperial capital de Castilla-La Mancha. El dato puramente administrativo no poseería singular relieve, y permanecería en el anonimato, si entre las citadas parroquias no se encontrara la de la Puebla de Guadalupe, con su monasterio-santuario, declarado por la UNESCO, con todos los predicamentos, «Patrimonio de la Humanidad».

Guadalupe, referencia esencialmente extremeña por albergar en su santuario- monasterio la imagen de la Patrona de la Comunidad eclesial, en cuyo día a la vez se celebra la fiesta oficial de su Autonomía, pertenece con todas sus consecuencias «religiosas»- canónicas, litúrgicas y económicas-, a Toledo, es decir, a Castilla-La Mancha. Comprendo la dificultad que les supondrá a muchos lectores, de dentro y de fuera de Extremadura, comprender este «misterio», que sobrepasa los linderos de no pocos otros de tipo y carácter «dogmáticos».

Recurriendo a ancestrales feudalismos, y a «cruzadas» reconquistadoras contra el Islám y los «moros», los todopoderosos arzobispos toledanos -algunos de ellos intitulados y reconocidos como «terceros reyes de España»-, al frente de sus respectivos ejércitos, sufragados con el precio de bulas e indulgencias-, se hicieron dueños y señores de territorios, vidas y haciendas de los «paganos» que residían en estas tierras. Siendo la mayoría de ellas, con el paso del tiempo, ya redimidas, como «santo y seña», y prestigiosa joya y reliquia, quedan Guadalupe y la franja oriental de las provincias de Cáceres y de Badajoz.

Hoy por hoy, y pese a las peticiones y reclamaciones razonadas y razonables, de parte de las autoridades civiles-políticas, y también religiosas de Extremadura, todo sigue exactamente igual que en los tiempos de los invictos obispos guerreros que demostraron su poderío en la batalla de Las Navas de Tolosa.

A los Reyes Católicos, Cristóbal Colón, Miguel de Cervantes, Francisco de Zurbarán, El Greco… con sus obras artísticas y privilegios, enriquecieron el monasterio- santuario guadalupano, con sus correspondientes y piadosos ecos hispanoamericanos, no se les podría pasar por el pensamiento que tal anomalía e irregularidad político-religiosa, y poco o nada cristiana, siguiera marcando el ritmo de las reivindicaciones masivas por parte del pueblo extremeño.

¿Soluciones?. Desdichadamente da la impresión de que don Braulio, arzobispo-primado de Toledo, por ahora, no está por la labor de desprenderse de Guadalupe, la «joya» de su diócesis, que pasaría a cualquiera de las tres extremeñas. La excusa de que «Roma tiene la última y decisiva palabra», es baladí, infantil, irritante e indocta.

«De Roma viene lo que a Roma va», por cuya reforma de la Curia clama el Papa Francisco hasta con anatematizadoras palabras, ha sido y es, hasta ahora, fórmula y comportamiento efectivos. En la labor redentora de Guadalupe para la «pobre» Extremadura, que además es la única Comunidad Autónoma que no cuenta con un solo kilómetro de ferrocarril electrificado, y con vía doble, de España, podría echarle una mano, o esgrimir el báculo, el Presidente de la Conferencia Episcopal Española, con ayuda de su Secretario, con la conciencia inoperante de que este, por más señas, es extremeño.

Por ahora, y tal vez por aquello de que «Extremadura no tiene tren», la convocación masiva de sus fieles devotos de la Virgen de las Villuercas, en los alrededores del super-palacio arzobispal primado de Toledo, no ha sido programada. Es posible que lo sea algún día. El ejemplo dado por los aragoneses en situación similar, reclamando y consiguiendo, la devolución del tesoro artístico depositado en el museo de Lérida, pasando al monasterio de de san Juan de Jerusalén en Villanueva de Sigena, es, -podría ser- referencia a tener en cuenta y a seguirla.

Extremadura como tal no existe eclesiásticamente y además, no tiene Madre. Es decir, Patrona.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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