"Pueblo que habla con su voz profética"

V Encuentro Nacional Hispano Latino de Pastoral en EEUU

"Sí se puede edificar una Iglesia sinodal que debe ser la Iglesia de hoy y de mañana"

V Encuentro Nacional Hispano Latino de Pastoral en EEUU
V Encuentro Nacional Hispano Latino de Pastoral

Podemos abrir las puertas de la Iglesia desde dentro para permitirle a Jesús que "salga" y vaya hasta las periferias; cómo ser una Iglesia que logra el "encuentro" con todos, en especial con el pobre

(Edgard R. Beltrán).- Todo comenzó como un granito de mostaza en septiembre de 1971 y ahora en el 2018 estamos ya en el proceso del V Encuentro Nacional. En aquella fecha un grupo de sencillos inmigrantes católicos laicos de Puerto Rico y República Dominicana, «Pueblo» de Dios, se reunieron un fin de semana en Nueva York para una sesión de formación pastoral a la luz del Concilio Vaticano II y de la Conferencia Latinoamericana de Medellín (1968).

La sugerencia de esta reunión vino de un dominicano que estaba en Nueva York y había participado en su país en un Encuentro Nacional de Pastoral facilitado por el Departamento de Pastoral del CELAM, Consejo Episcopal LatinoAMericano, con sede en Bogotá. Le pareció provechosa esa experiencia también para sus paisanos en Nueva York. Dio la sugerencia a un sacerdote que se encargaba de los «hispanosparlantes», quien aceptó y organizó la reunión.

El amigo dominicano es Porfirio Valdez y el sacerdote es Robert Stern. El Departamento de Pastoral del CELAM aceptó la invitación para facilitar ese fin de semana y compartir el modelo de Iglesia salido del Vaticano II y de Medellín, una Iglesia que SALE al ENCUENTRO del mundo y sus realidades en vista a su transformación según el Reino. El Secretario Ejecutivo del Departamento de Pastoral del CELAM era el encargado de facilitar esta colaboración. Por esto, yo Edgard Beltrán, como Secretario Ejecutivo de ese Departamento de Pastoral del CELAM, y que había participado en Medellín, tuve la bendición de facilitar ese Encuentro Nacional en República Dominicana, al igual que en los otros países de América Latina, y también esta sesión de formación en Nueva York. Soy testigo y participante activo de lo que ahora comparto.

El granito de mostaza lo sembró el Padre y Señor de la historia en forma muy sencilla, como es su manera. Estábamos comiendo a medio día de aquella sesión de formación pastoral en Nueva York en 1971, en un ambiente alegre caribeño, cuando se me ocurrió preguntarles cómo compartían esa alegría caribeña cuando se encontraban con los otros «hispanosparlantes» de todo el país como Texas, California, Chicago, La Florida. -Yo estaba acostumbrado a encuentros nacionales y continentales en América Latina-. Todas y todos respondieron que nunca se encontraban con esos grupos, pero que les gustaría encontrarse. Entonces se me ocurrió desafiarlos a que se «encontraran». Este fue el tema de reflexión de la tarde, como una aplicación vital del Concilio y de Medellín. Al final del día la semilla de mostaza estaba ya germinando bajo tierra. Ese «pueblo» decidió echar a andar el proyecto de un «Encuentro» «Nacional», con los «Hispanosparlantes» y «Pastoral» para vivir el Vaticano II y Medellín.

Este proyecto comenzó a caminar esa misma tarde. Como católicos tenían que conversarlo con los obispos. Como pobres y prácticos tenían que recurrir a algunas estructuras existentes. Como caribeños tenían que «salir» palante al «encuentro» del resto de país. Alguien aclaró que los obispos tenían en Washington DC una oficina para los hispanosparlantes. Era una estructura nacional y favorable. Su director era un laico, Pablo Sedillo, originario de Nuevo México, «manito». Era el indicado para ser nuestra voz de pueblo laico ante los obispos. Nadie sabía cómo contactarlo. Vino la idea de servirse de los padrecitos que saben de esto. Se les pidió el servicio a dos sacerdotes que nos acompañaban en esta sesión para que fueran a Washington a hablar con Pablo sobre este proyecto de un Encuentro de Hispanos a nivel nacional para una pastoral según el Vaticano II y Medellín. Se les pidió este servicio a los sacerdotes Robert Stern de Nueva York y John O’Bryan de Brooklyn. Ellos fueron a Washington y le presentaron, en nombre del «pueblo», el proyecto del Encuentro a Pablo. Ese fue su servicio. Pablo lo entendió y le pareció maravilloso, y tomó el Encuentro en sus manos. Lo presentó al Secretario General de la Conferencia Episcopal, el obispo Joseph Bernardin, quien dijo que él era «italiano» y le parecía magnífico y aceptó el proyecto. Solidario lo presentó al Presidente de la Conferencia Episcopal, el Cardenal Krol de Filadelfia, quien entusiasmado, recordando su origen polaco con su lengua madre, aprobó el Encuentro.

El arbolito de mostaza ya comenzaba a dejarse ver. En este momento caímos en cuenta que habíamos realizado, ahora en 1971, el capítulo 6 de los Hechos: el «pueblo» pobre y cristiano habló, habló con Pedro, y Pedro lo escuchó, y juntos en comunión eclesial dinámica, ellos allá y nosotros aquí ahora, construimos historia.

El primer Encuentro lo realizamos en 1972, el Segundo Encuentro en 1977, el Tercer Encuentro en 1985. En el año 2000 tuvimos una hermosísima celebración Multicultural.

En el 2006 tuvimos el Encuentro Nacional Juvenil. El V Encuentro es en el 2018. Lo característico de estos Encuentros Hispanos Latinos en Estados Unidos es que NO SON UNA REUNIÓN. SON UN LARGO PROCESO DE PARTICIPACIÓN ECLESIAL INDIVIDUAL Y COMUNITARIO de cientos de miles de personas, cada una desde la Base – en Comunidades Pequeñas-, llegando luego a lo parroquial, diocesano, regional, hasta lo nacional, para regresar en el mismo proceso. Es un «pueblo» que habla con su voz profética, como la llaman los obispos. Este «Proceso», con su «metodología y contenidos» de los Encuentros Nacionales Hispanos Latinos en Estados Unidos es lo que hace una Iglesia «Sinodal», «de encuentro» y «en salida».

Tal vez pueda ser de utilidad que recordemos cómo hemos desarrollado los procesos en cada Encuentro: cómo hemos podido llegar a cientos de miles de personas, un a un; cómo «sí se puede» edificar una Iglesia «Sinodal» que debe ser la Iglesia de hoy y de mañana según lo proclama nuestro Papa Francisco; cómo podemos abrir las puertas de la Iglesia desde dentro para permitirle a Jesús que «salga» y vaya hasta las periferias; cómo ser una Iglesia que logra el «encuentro» con todos, en especial con el pobre en sus múltiples realidades. Lo podemos compartir, todo desde nuestra pobreza, en medio de la discriminación y el racismo, y con la riqueza de nuestra identidad, orgullosos de nuestro idioma español como el segundo país que lo habla, el idioma más hablado por países como lengua madre, con más de 550 millones que lo hablamos. En especial desde nuestra conciencia de ser los «galileos» en la Roma de hoy.

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído