Le crecen los enanos a Chiqui.
Antes de que arranque oficialmente la campaña, María Jesús Montero ya ha perdido su primera batalla.
Y la perdió en Cádiz, en el Parador, en una reunión del Comité Director que se retrasó más de una hora porque los suyos no se ponían de acuerdo ni en quién encabezaba una lista provincial.
Ese es el estado real del PSOE andaluz a menos de seis semanas del 17 de mayo de 2026.
Pues ha empezado fuerte la campaña María Jesús Montero… 😏 pic.twitter.com/GG3XhdHRoJ
— Los Meconios (@LosMeconios) March 31, 2026
La derrota de Montero en Cádiz
La ministra de Hacienda y candidata socialista a la Junta intentó colocar a su hombre de confianza, Fernando López Gil, concejal en San Fernando y su jefe de campaña, como número uno de la lista por Cádiz. Era una operación de control clásica: poner un leal en el primer puesto de una provincia importante para consolidar su autoridad sobre las baronías territoriales.
No funcionó.
Juan Carlos Ruiz Boix, secretario general del PSOE gaditano y alcalde de San Roque, no cedió. Su hombre, Juan Cornejo, secretario de Organización y figura con peso propio en la provincia, amenazó con dimitir si lo relegaban al tercer puesto. La amenaza fue suficiente. Después de horas de negociación, Montero tuvo que aceptar la lista que no quería: Cornejo primero, Rocío Arrabal segunda, López Gil tercero y Irene García cuarta.
Una derrota en toda regla disfrazada de «ajuste menor», que fue exactamente como la vendió la dirección el jueves anterior, antes de que los hechos demostraran que no había sido menor en absoluto.
⭕️ Jajajaj. Glorioso @Nacho_Abad… pic.twitter.com/pjq7wcCDDR
— Pablo Cambronero 🇪🇦 (@PabloCamPiq) April 10, 2026
Las fracturas que la cúpula intenta ocultar
El episodio gaditano no es anecdótico. Es un síntoma.
Ruiz Boix revalidó su liderazgo provincial en marzo de 2025 por un margen estrecho, lo que ya revelaba las fracturas internas de una federación que nunca ha digerido del todo la llegada de Montero desde Madrid. El líder gaditano arrastra además sus propias heridas: en su día, el líder de La Línea le arrebató la presidencia de la Diputación en una de esas traiciones internas que el PSOE andaluz practica con cierta regularidad.
Lo que el enfrentamiento de Cádiz deja al descubierto es la tensión estructural que recorre al partido de arriba abajo: los leales a Pedro Sánchez y los barones territoriales con peso propio que no están dispuestos a convertirse en meros ejecutores de las decisiones de Ferraz. Montero llegó a Andalucía con el aval de Sánchez y con la expectativa de que su figura nacional y su gestión como ministra le darían una autoridad natural sobre las federaciones provinciales.
Esa expectativa ha chocado con la realidad de un partido donde el poder territorial se defiende con uñas y dientes, y donde las lealtades se miden en puestos de lista, no en declaraciones de apoyo.
Las encuestas: el abismo
Pero si las guerras internas son el problema visible, las encuestas son el problema de fondo. Y las encuestas son devastadoras.
El último sondeo de Sociométrica para El Español, realizado a finales de marzo de 2026, dibuja un panorama que en la sede socialista de Sevilla contemplan con una mezcla de resignación y pánico contenido.
Juanma Moreno alcanza un 51% de aprobación, por encima incluso del 45,5% con el que logró su mayoría absoluta de 58 escaños en 2022. La preferencia por el presidente de la Junta para seguir gobernando Andalucía se sitúa en el 48,6%. La de Montero, en el 17,6%. Menos que el 18,2% que obtuvo Juan Espadas en 2022, cuando el PSOE ya perdió. Es decir, Montero parte de una posición peor que la de su predecesor en el peor momento reciente del socialismo andaluz.
El dato que más duele en las filas socialistas es otro: el 30,6% de los votantes que aprueba la gestión de Moreno proviene del electorado del PSOE. El presidente popular está captando votos socialistas con una facilidad que evidencia el grado de desafección que existe hacia el Gobierno de Sánchez incluso entre su propia base.
El fantasma de Vox en Almería
Si las encuestas generales son malas, el mapa provincial añade amenazas específicas que quitan el sueño a los estrategas socialistas.
En Almería, Vox está en condiciones de arrebatarle escaños al PSOE por un margen de apenas unos cientos de votos. La derecha sigue creciendo en una provincia donde el partido de Abascal ha ido ganando implantación en los últimos ciclos electorales. Aunque Vox ha bajado en preferencia a nivel general —del 18,5% de 2022 al 14,9% actual—, su concentración en determinadas circunscripciones lo convierte en un factor de riesgo real para ambos partidos mayoritarios.
En Cádiz, con sus 14 diputados provinciales empatados entre PP y PSOE, cualquier desplazamiento mínimo de votos puede cambiar el resultado. Lo mismo ocurre en Jaén, el otro bastión donde el socialismo andaluz intenta resistir con las uñas.
Lo que pesa sobre Montero
La candidata socialista carga con varios lastres que ningún relato de campaña puede neutralizar del todo.
El primero es Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno arrastra en Andalucía un desgaste notable, alimentado por los escándalos judiciales que rodean al PSOE —caso Koldo, Plus Ultra, la trama Ábalos—, por los pactos con los independentistas y por una gestión económica que las clases medias andaluzas no perciben como favorable. Montero necesita a Sánchez para movilizar a la base, pero Sánchez la lastra ante el votante moderado que en 2018 se cansó de cuatro décadas de socialismo andaluz y no ha vuelto.
El segundo lastre es la memoria. Andalucía vivió durante 37 años bajo gobiernos socialistas que dejaron una herencia de desempleo estructural, dependencia institucional y corrupción sistémica, los ERE son solo el episodio más conocido. Moreno ha demostrado en seis años que la región puede gobernarse desde el centroderecha sin que se derrumbe el mundo. Ese argumento simple y práctico es mucho más difícil de rebatir que cualquier programa electoral.
El tercero es la propia Montero. Su figura nacional, que en teoría debía ser su principal activo, se ha convertido en un arma de doble filo. Es la cara visible de las subidas de impuestos del Gobierno, de los presupuestos que no se aprueban, de una política fiscal que en Andalucía se percibe como un castigo a la comunidad más poblada de España. La financiación autonómica, pendiente de reforma desde hace años, es en Andalucía un agravio casi emocional. Y Montero es la ministra de Hacienda que no la ha resuelto.
El PSOE ante su propia historia
Hay algo casi circular en la situación del socialismo andaluz en este mayo de 2026. El partido que gobernó Andalucía durante casi cuatro décadas, que construyó una red de poder tan densa que parecía indestructible, que sobrevivió a los ERE y a múltiples escándalos de corrupción, llega a estas elecciones discutiendo la composición de las listas en el Parador de Cádiz mientras las encuestas lo sitúan a más de 30 puntos de distancia del PP.
Moreno Bonilla aspira a mejorar su mayoría absoluta. El PSOE aspira a no retroceder demasiado. La distancia entre esas dos aspiraciones lo dice todo sobre el estado de la contienda.
Y mientras tanto, en Cádiz, Ruiz Boix celebra haber impuesto su lista. Una victoria pírrica en un partido que llega a la campaña más importante de los últimos años peleando por los puestos de las listas provinciales en lugar de construir un relato creíble para recuperar el Gobierno de la Junta.
El 17 de mayo dirá si los presagios eran exagerados. Todo indica que no.

