Vicente Luis García

La CECA ejerce su misión profética

En medio del caos centroafricano, la Iglesia vive, sufre, denuncia y hace un llamamiento a un verdadero compromiso por la paz

La CECA ejerce su misión profética
Vicente Luis García

Las fronteras del país están desprotegidas y bajo una anarquía que favorece la trashumancia ilegal y el robo de ganado por una parte y el tráfico ilegal de armas por otra. El país se está enfrentando a un futuro de desaparición o de partición en dos

(Vicente Luis García).- Monseñor Ruiz Molina comparte las denuncias que el episcopado de Centroáfrica ha reflejado en su carta pastoral y que ha trasladado al presidente del país y a los organismos internacionales que están presentes en el país africano.

Como ya adelanté en una información anterior, el inicio del año para la Iglesia en Centroáfrica fue «intenso», y de la mano de monseñor Jesús Ruiz íbamos a conocer más detalles de los tres encuentros que marcaron la agenda en las dos primeras semanas de 2019.

Diez días duró el encuentro de la CECA (Conferencia Episcopal Centroafricana) en los que se abordaron una larga lista de asuntos. salud, CARITAS, emigrantes, seminarios, liturgia, vocaciones, familias… y de esa reunión salió el texto que cada año marca la opinión de la Iglesia respecto de la situación política, social y religiosa en el país.

Así lo cuenta monseñor Ruiz: «Cada año escribimos en esta ocasión el Mensaje al pueblo de Dios donde se hace un análisis de la situación del país en clave cristiana…

Ese texto, que este año salía bajo el título de «La justicia y la paz se abrazan» se lo leímos íntegramente el sábado día 12 al presidente de la Republica, y pudo escuchar la crítica muy fuerte de su actuación o mejor dicho ausencia gubernamental en todo el país de la que nos hacemos eco.»

El documento

Las siete páginas, de la carta pastoral que los obispos de Centroáfrica dirigen a su pueblo, comenzaba con un recuerdo a los mártires: «invitamos también a honrar la memoria de los sacerdotes y los que dieron su vida para la justicia y la paz desde el principio de esta crisis que nos ha sido impuesta. Pueda al Señor concederles el descanso eterno y la sangre de su martirio fecundar todas las iniciativas que pretendan restaurar la justicia y la paz en la República Centroafricana.»

Tras reconocer los esfuerzos que el Gobierno, organismos internacionales y la MINUSCA estén pudiendo hacer por buscar una estabilidad para el país, los obispos denunciaban la otra cara de la acción internacional: «No obstante, lamentamos la duplicidad de ciertos contingentes que dejan pudrir la situación bajo sus ojos como si sacasen provecho de eso, particularmente los marroquíes al este, los paquistaníes en Batangafo y los mauritanos en Alindao. Tal actitud hace sólo agravar la situación crítica del país.»


El texto se articula en seis apartados, el primero de los cuales se encabeza con la frase «¡Nuestro país está en peligro!» y en el que se dicen frases como: «Es triste comprobar que aparte de la capital y algunas ciudades, el Estado no está presente.

Los funcionarios civiles y militares (FSI), no tienen los medios necesarios para actuar; su número es simbólico. El estribillo » el Estado no tiene dinero » suena a cinismo en las situaciones donde las infraestructuras de carretera, escolares, administrativas y sanitarias, faltan o son del tiempo del Emperador Bokassa.»

Las denuncias que hacen son explícitas y concretas: «En las zonas ocupadas, los grupos armados se entregan a los actos repetitivos de violencias inhumanas y de violaciones graves de los derechos humanos: chantajes, trabas a la libre circulación de los bienes y de las personas, los impuestos de diferentes tipos, impuestos de capitación, incendio de sitios de las trasladadas, las detenciones arbitrariedades, secuestración, torturas, ejecuciones sumarias o extrajudiciales, conquista de nuevas localidades.»

Las fronteras del país están desprotegidas y bajo una anarquía que favorece la trashumancia ilegal y el robo de ganado por una parte y el tráfico ilegal de armas por otra. El país se está enfrentando a un futuro de desaparición o de partición en dos.

En medio de este caos la Iglesia vive, sufre y denuncia: «La Iglesia es una Madre. Acoge y defiende a todos los hombres sin distinción. Fiel a su vocación, opta de manera preferente por la protección de los más vulnerables.

Asumiendo nuestra misión profética, comprobamos con amargura y consternación que nuestra Iglesia, sus pastores y fieles son objeto de ataques asesinos e inquietantes.

¿ Que decir entonces sobre el drama y la desolación que se vivió en el 2018, en Seko el 21 de marzo, en Bangui el 1 de mayo, en Bambari el 29 de junio, en Batangafo el 31 de octubre, en Alindao el 15 de noviembre, en Ippy el 5 de diciembre y en Bakouma el 31 de diciembre?»

El documento hace un llamamiento amplio para un verdadero compromiso por la paz, y lo hace dirigiéndose no solo a la comunidad católica, también a los fieles de otras confesiones religiosas, a los hombres y mujeres de buena voluntad, a los políticos, a los grupos armados, a los países vecinos y a la comunidad internacional.

Antes de culminar, los obispos se dirigen de nuevo a la comunidad cristiana para decirles que: «El cristiano no puede ser indiferente a los pobres que sufren hambre, sed, enfermedad, miseria y opresión.»

Y en el último párrafo expresaron una demanda que recuerda mucho a las palabras de monseñor Romero en su famosa homilía: «A Ustedes que oprimen y matan a los inocentes, en nombre de Dios, les ordenamos, acaben con la opresión al pueblo centroafricano.»

Este texto fue parte importante del encuentro de los obispos con el presidente del país. Así lo recuerda mosneñor Ruiz:

«Estuvimos dos horas y media con el Presidente Touaderá. Nos recibió muy amable. Nos agradeció la presencia de la iglesia, el detalle es importante dado que él es protestante pero su primera mujer es católica.

Cada obispo pudimos hablar durante unos 10 minutos para exponer los lamentos de nuestro pueblo, su sufrimiento, su persecución. Yo le dije que la carta geográfica de nuestra diócesis ha cambiado radicalmente; más de 70 pueblos no existen porque han sido quemados por el UPC; más del 50% de la población de la diócesis se encuentran desplazados o huidos al Congo; la ausencia del Estado en las escuelas, sanidad es tal cual se describe en la carta conjunta de los obispos; y la complicidad de los cascos azules marroquíes con el UPC es escandalosa: salen a patrullar juntos, les dan armamento.

El presidente fue escuchando, una a una, todas nuestras quejas. Al final dió el pésame por las víctimas, reiteró su agradecimiento por nuestra presencia, pero… nos dijo que «no tiene fuerzas, no hay dinero».

En esta situación apenas si se ven atisbos de esperanza: los FACA (ejército nacional que se encuentra internacionalmente bajo una orden de embargo de armas) no tiene fuerzas, ni armas. Se da la absurda situación de que Francia ha regalado armas pero no cargadores de municiones.

Le insistimos sobre el dialogo previsto para este 24 de enero en Khartoum con todos los grupos rebeldes donde hay dos puntos claves: amnistía total a todos los criminales, y partición del país en dos. Le decimos que en nombre de este pueblo no acceda a esas dos condiciones! La sensación final: Un encuentro largo sin grandes atisbos de esperanza.»

Otro encuentro que tenía que haberse producido fue con Mr. Parfait Onanga, responsable de la ONU. Probablemente esquivó el encuentro para no tener que escuchar ni dar explicaciones sobre lo siguiente:

«qué pasó en Batangafó cuando los ex Selekas quemaron el campo de desplazados y el presbiterio de la iglesia ante la mirada cómplice de los cascos azules pakistanies que guardaron en su base las motos de los asaltantes, que quemaron el campo…

Qué pasó el 15 de noviembre cuando el UPC de Ali Darass quemó el campo de refugiados de la catedral de Alindao provocando más de 100 muertos entre ellos dos sacerdotes (uno de ellos Vicario General); quemaron todo el campo, el presbiterio, la catedral que consiguieron apagar y parte del obispado. Mientras los cascos azules no tiraron ni un solo tiro para disuadir a los asaltantes.

Qué pasó en Ippy a primeros de diciembre cuando de nuevo quemaron otro campo de refugiados sin ninguna intervención de la ONU… Por eso en nuestro Mensaje denunciamos a tres contingentes militares: Mauritanos, Pakistanies y Marroquies por su complicidad con los grupos selekas de tinte musulmán y su no protección de la población civil.»




 

Non solum sed etiam

Acabo de publicar un artículo gozoso relacionado con la JMJ en Panamá, y ahora, este artículo sobre otra realidad muy diferente, la de una Iglesia que vive en medio del dolor, una Iglesia perseguida.

Una misma Iglesia, dos realidades, pero sin duda conectadas en este cierre de la semana por la Unidad de los Cristianos.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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