El diálogo derribó el muro del Caribe entre Estados Unidos y Cuba

La «doctrina Bergoglio» también es válida para la Venezuela de Maduro

La posición de la Iglesia Católica venezolana no necesita interpretaciones

La "doctrina Bergoglio" también es válida para la Venezuela de Maduro
Maduro

El forfait de Maduro al encuentro con el Papa sigue haciendo más barullo que si el líder venezolano hubiera efectivamente llegado a Roma cuando debía, el 7de junio

(Tierras de América).- El forfait de Maduro al encuentro con el Papa sigue haciendo más barullo que si el líder venezolano hubiera efectivamente llegado a Roma cuando debía, el 7de junio. En la plaza de San Pedro no hubiera estado esperándolo una multitud amaestrada sino disidentes en huelga de hambre, pedidos de ex jefes de Estado para que Bergoglio le diera un tirón de orejas al delfín de Chávez y un cara a cara con el Secretario de Estado Pietro Parolin, que entre 2009 y 2013 fue nuncio en Caracas, precisamente cuando ascendía la estrella de Maduro hasta su designación como sucersor de Chávez.

Si hubiera llegado a Roma como estaba programado, el presidente venezolano hubiera recibido un reconocimiento en la cumbre de la FAO, agencia de la ONU para la alimentación y la agricultura que tiene su sede en Roma. En cambio, un par de días después del faltazo en la ciudad eterna, el gobierno de Caracas tuvo que presentarse ante el Fondo Monetario Internacional para pedir oxígeno.

Por segunda vez en este año Venezuela retiró 1.500 millones de dólares de los Derechos Especiales sobre las reservas del FMI, llevando a 3.200 millones las extracciones del 2015. Varios observadores y diversos medios especializados consideran que esta decisión confirmaría que el gobierno de Caracas, en plena emergencia interna, está enviando al exterior considerables volúmenes de productos agrícolas.

Maduro explicó al canal oficial VTV que había decidido seguir las indicaciones de sus médicos que le recomendaron no viajar a pesar de los compromisos transoceánicos. La audiencia con el Papa argentino -que ha ganado gran peso político con su mediación entre USA y Cuba, acentuando el aislamiento de Caracas- había sido objeto de varios reclamos y pedidos para que Francisco interviniera en la crisis venezolana.

El ex candidato presidencial opositor, Enrique Capriles -derrotado por el mismo Maduro por menos del 1,5% de los votos-, y más de 30 ex jefes de Estado y de Gobierno del Club de Madrid, son algunos de los que solicitaron al Papa que exigiera a Maduro «medidas concretas e inmediatas»: liberación de los presos políticos, una fecha cierta para las próximas elecciones legislativas y libertad de ingreso al país para los organismos internacionales, a fin de que puedan corroborar las denuncias en materia de derechos humanos.

Si resulta posible hablar de «Doctrina Bergoglio» en asuntos de geopolítica, ya todos han comprendido que ésta se asienta en el diálogo como instrumento de confrontación, pero no como pretexto para postergar los compromisos y diluir las responsabilidades. Por eso el tono usado por Henrique Capriles, gobernador del Estado venezolano de Miranda y ex candidato presidencial por la oposición, pareció corresponder a las condiciones que pone Francisco para encontrar soluciones a las controversias más complicadas. Capriles pidió a Bergoglio que intercediera «para ayudarnos a encontrar un camino de diálogo» con un gobierno acusado de provocar «la crisi política y social que vive el país».

«La gente se está muriendo porque no hay medicamentos disponibles», afirma el dirigente antichavista en una carta abierta a Francisco que entregó en la Nunciatura de Caracas. Allí recuerda «la incapacidad del Estado» para hacer frente a «la tragedia que constituyen los 24.980 muertos que causó en 2014 la violencia de la delincuencia común». Un dato que pone en discusión el mito de Nicolás Maduro, fuerte contra los opositores y débil con la criminalidad.

La posición de la Iglesia Católica venezolana no necesita interpretaciones. Apenas tomó conocimiento de la renuncia de Maduro a la audiencia con el Papa, el presidente de la Conferencia Episcopal Diego Padrón, arzobispo de Cumaná, hizo declaraciones a una radio local: «El país no quiere ver a los presos políticos y por lo tanto el gobierno no puede ser sordo. Porque si el presidente tiene otitis, como él mismo dijo, que no sea una otitis para no escuchar al pueblo. Esperemos que no sea sordo a estos gritos».

Se sabe que las diplomacias venezolana y vaticana ya están en movimiento; buscan una nueva fecha, más alejada de las presiones de la plaza, para el encuentro del presidente venezolano con el Papa Francisco.

El anuncio en este sentido podría producirse de un momento a otro.

Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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