"Hay temor de que Zapatero sea una enfermedad que infecte a toda Latinoamérica

«Zapatero es para Roma el símbolo del secularismo hostil»

Entrevista a John L. Allen, vaticanista y biógrafo de Benedicto XVI

Para Roma, Zapatero es el símbolo de este secularismo radical, hostil a la religión, hostil a la Iglesia católica y hostil a sus enseñanzas morales

El estadounidense John L. Allen jr. es uno de los vaticanistas de referencia en el actual papado de Benedicto XVI, sobre quien ha publicado dos biografías. Allen escribe en el National Catholic Reporter y es comentarista religioso de la cadena CNN y de la radio pública NPR. Vive a caballo entre Roma y Denver. En una entrevista de Eusebio Val para La Vanguardia, Allen analiza el actual momento de la Iglesia católica, la estrategia de Joseph Ratzinger y su preocupación por la España de Zapatero.

¿Cuán importante es aún el Papa en la política internacional?
Más importante de lo que mucha gente piensa. La Iglesia católica tiene 1.200 millones de miembros esparcidos por todo el planeta. Aunque el Papa no puede pulsar un botón y que los católicos hagan algo, la línea que marca sí es importante para fijar las prioridades políticas, sociales y culturales de los católicos. El caso más obvio es el papel de Juan Pablo II en el derrumbe del comunismo en Europa. Él también fue la principal voz de rechazo moral a la guerra de EE.UU. en Iraq.

Usted ha escrito que la Iglesia católica es a la religión lo que EE.UU. es a la geopolítica.
Sí, es la otra superpotencia que queda. Cada vez que hay alguna iniciativa interreligiosa importante en el mundo, nadie presta atención a menos que participe el Papa. La Iglesia católica es la más grande y la más integrada verticalmente. Tiene una estructura de mando clara. Como ninguna otra religión. Nadie sabe quién manda en el islam, en el hinduismo o en el judaísmo. Eso le da una capacidad única para movilizarse. Igual que no hay solución a ningún problema político o económico global que no implique a Estados Unidos, no hay solución a ningún problema religioso o espiritual global que no implique a la Iglesia católica.

Y, además, posee un cuerpo diplomático.
Sí, no hay ninguna otra religión que lo tenga. 193 países mantienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede. Sólo unos pocos no: Vietnam, Corea del Norte, Arabia Saudí e Irán. No es una lista en la que te guste estar. La Iglesia católica está posicionada de manera única para ser una voz religiosa y de conciencia en los asuntos globales.

¿Qué misión cree tener este Papa?
Está muy claro que la tarea número uno para Benedicto XVI se dirige al interior de la Iglesia, no al exterior. Lo que intenta hacer es restaurar un fuerte sentimiento de identidad católica, qué significa ser católico y qué nos diferencia del resto. Por eso hay tanto cuidado por cómo se traducen los textos de la liturgia, tanta atención a los teólogos que, desde el punto de vista del Vaticano, están enseñando las cosas equivocadas. El proyecto principal de Benedicto XVI es restaurar un sentimiento de identidad católico fuerte, claro, musculoso. Su esperanza es que, si se hace, el catolicismo estará más unido y será más efectivo para llevar su mensaje al mundo.

¿Es este un Papa de transición, dada su edad?
Cada papa es un Papa de transición, pues ha habido 264 antes que él y probablemente habrá centenares después. Pero no creo que Benedicto XVI fuera elegido simplemente para mantener el asiento caliente unos pocos años hasta que escogieran otro. En el cónclave del 2005 los cardenales decidieron que el desafío más importante para la Iglesia es la crisis de fe en Europa, que es la parte del mundo más apática ante la fe o en algunos casos más hostil, y que alguien tenía que hacer algo. Creyeron que Benedicto XVI, que ha escrito, pensado y orado sobre la situación de la fe en Europa durante decenios, sería el hombre adecuado. Lo que pasa es que Benedicto XVI es legendario por pensar a largo plazo. A él no le preocupa el titular de La Vanguardia de mañana sino la situación dentro de 200 años. No puedes esperar resultados inmediatos. Pero no creo que se pueda decir que es un papado de transición, en el sentido de que no hace nada. Al contrario, él trata de legar un magisterio que permita a la Iglesia superar la crisis de la secularización europea. La mala noticia para los periodistas es que debemos esperar 200 años para ver si funciona.

¿El próximo Pontífice puede ser negro o sudamericano?
Un finalista la última vez fue el cardenal argentino Bergoglio. Fue tomado muy en serio como candidato. ¿Es posible? Desde luego que sí. Si mira las cifras, de esos 1.200 millones de católicos, más de 700 millones viven en Latinoamérica, Áfricay Asia. Así que, en cierta manera, sería pues ya hora de que hubiera un Papa del mundo en desarrollo. Pero cuando se reúnen los cardenales en el cónclave, no piensan en el pasaporte, la edad o dónde estudió. Intentan, de verdad, escoger al que tenga más talento, más santidad, al mejor equipado para dirigir la Iglesia. Si resulta que es africano, perfecto. Si resulta que es alemán, como sucedió la última vez, eso no les va a frenar. Aunque lo veo posible, no creo que vayan a elegir a alguien por el hecho de ser negro. Lo elegirán porque creen que es el hombre adecuado para ser Papa. Y si es negro, eso no sería un obstáculo.

¿Puede haber un cambio radical en la Iglesia parecido, por ejemplo, a la perestroika en la URSS?
Desde luego es posible. Pero las papeleras de la historia de la Iglesia están llenas de cadáveres de periodistas que intentaron predecir el futuro. Yo no tengo la bola de cristal. Históricamente, el cambio en la Iglesia católica es una sorpresa. Ahí está la diferencia con los protestantes. Estos cambian constantemente. Tienen sus reuniones y votan y otra vez sobre sus magisterios, rotan a sus obispos. En la Iglesia católica, por el contrario, las cosas, en la superficie, parecen no moverse durante mucho tiempo hasta que, de repente, algo erupciona. Ocurrió con el concilio Vaticano II. Muy pocos anticiparon el cambio tan sustancial que traería. ¿Es posible otro cambio radical? Por supuesto, pero hoy por hoy no lo veo en el horizonte.

¿Cuál es el estado de salud del catolicismo a escala global?
Varía tremendamente según la región del mundo. A nivel estadístico, el catolicismo goza de la mejor salud en elÁfrica subsahariana. En 1900 había allí 1,9 millones de católicos; ahora, 165 millones. Es un crecimiento de más del 8.000 por ciento en poco más de un siglo. Los seminarios están llenos y las misas también. Eso no dice mucho sobre la calidad de la fe, pero, numéricamente, el catolicismo tiene un mercado expansivo, vive un boom en África. En algunas zonas de Europa sucede lo contrario. La asistencia a misa ha bajado al 4, 5 o 6 por ciento. Los seminarios se mueren. La Iglesia tiene una influencia pública muy reducida. El Papa no logró ni una mención de Dios en la Constitución europea. Pero es peligroso y engañoso evaluar la salud de la Iglesia sobre la base de Europa. Es como estudiar el mercado de la Coca-Cola donde se bebe Pepsi. En la foto global, al menos a nivel cuantitativo, a la Iglesia católica le va bien.

España es una gran preocupación para este Papa.
España no es sólo una gran preocupación para este Papa. España es una preocupación para el Vaticano y para la Iglesia católica en toda Europa. Zapatero se ha convertido en el símbolo de todo lo equivocado del secularismo europeo. Es interesante y significativo que cuando Obama fue elegido, hubo un debate aquí, en el Vaticano, sobre si se convertiría en un Zapatero global. Porque para ellos Zapatero es el símbolo de este secularismo radical, hostil a la religión, hostil a la Iglesia católica y hostil a sus enseñanzas morales. La preocupación es que el impacto de Zapatero no se quede en España sino que se extienda por Europa y que tenga un serio impacto en Latinoamérica, donde viven la mitad de los católicos del mundo. Hay un serio temor de que Zapatero sea una enfermedad que se extienda e infecte a toda Latinoamérica.

¿Y cómo ha reaccionado a esa situación el Vaticano?
Creo que hay dos actitudes. Una es partidaria de batallar con Zapatero, de llevar a la gente a la calle para manifestaciones a favor de la familia, para protestar contra el Gobierno. La otra es partidaria de dialogar con Zapatero y el movimiento que representa, invitarlo a la conversación razonada, para que no vea a la Iglesia católica como un enemigo sino como un amigo potencial. Este era el estilo de Benedicto XVI cuando se encontró por primera vez con Zapatero en Valencia en el Congreso Mundial de las Familias, en el 2006. Entre los periodistas se esperaba que ese encuentro fuese muy violento, pero en realidad fue una fiesta del amor en la que Benedicto XVI, de manera deliberada, no planteó ninguna de las cuestiones contenciosas como el aborto, el matrimonio homosexual, la eutanasia o las relaciones Iglesia-Estado. Su estilo fue intentar encontrar áreas de potencial acuerdo y construir una relación. Creo que estas dos actitudes definen la reacción de la Iglesia católica y aún hoy sus líderes están divididos.

 

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