El Sadar fue un hervidero desde el primer minuto. En una tarde de máxima tensión y con un mosaico espectacular en las gradas, Osasuna y Real Madrid se vieron las caras en un choque que prometía emociones fuertes. Y no defraudó. Apenas habían transcurrido dos minutos cuando Mbappé, con su explosividad habitual, rompía líneas y servía un centro medido a Vinicius, quien inexplicablemente falló de cabeza ante un estadio que contenía la respiración.
Los blancos, fieles a su estilo, impusieron su ley en los primeros compases. El equipo de Ancelotti, con el recuerdo reciente de su victoria en Manchester, se mostraba ambicioso. Mbappé lo intentó, pero se encontró con un Sergio Herrera que firmó una actuación estelar. La insistencia madridista dio frutos cuando Bellingham robó un balón clave en tres cuartos de campo y sirvió para Valverde, quien desbordó por banda antes de centrar con precisión a un Mbappé letal en el área. El francés, con instinto asesino, adelantó a los suyos.
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— Real Madrid C.F. (@realmadrid) February 15, 2025
Pero si algo caracteriza a Osasuna es su tenacidad. Con un golpeo seco, Aimar probó a Courtois, quien demostró por qué es uno de los mejores porteros del mundo con una intervención salvadora. El Madrid dominaba, pero el destino tenía otros planes.
Entonces, llegó la acción que lo cambió todo. Bellingham, pieza clave del entramado blanco, recibió la roja directa tras unas palabras que, hasta ahora, siguen siendo un misterio. Munuera Montero no dudó y dejó a los visitantes con diez. La indignación era total.
💬 @BellinghamJude: «No hubo ningún insulto y se ve claramente en el vídeo».
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Con un hombre más, Osasuna se creció. Budimir, siempre incisivo, cayó en el área tras un contacto con Camavinga. El VAR entró en acción, y el árbitro señaló penalti ante el estupor de los madridistas. Budimir no falló desde los once metros y el empate encendió a la grada.
El tramo final fue una lucha sin cuartel. Vicente Moreno movió el banquillo buscando mayor profundidad y Vinicius trató de romper la igualada con su chispa individual. Pero ni Madrid ni Osasuna lograron romper la paridad. Con el pitido final, el equipo rojillo celebró un punto de oro mientras los blancos se marchaban con un sabor amargo. El liderato sigue en el aire y LaLiga está más viva que nunca.

