El Bernabéu amaneció con olor a remontada y acabó oliendo una final de Liga perdida en marzo, una de esas noches que el madridismo guarda en la memoria como aviso y cicatrización. El Getafe, áspero, insistente, orgulloso de su fútbol incómodo, se presentó en Chamartín con un plan sencillo: cortar el ritmo, tensar los nervios y esperar su momento. Y lo encontró en la zurda de Martín Satriano, que cazó una volea para enmudecer a un estadio que pasó del murmullo a la bronca en 90 minutos.
Arbeloa no tocó su libreto ni sin Mbappé ni con el regreso de Rodrygo: 4-4-2, Thiago Pitarch como gran apuesta en la medular y Vinicius y Gonzalo al frente de un proyecto que, por momentos, parecía sostenido solo por la fe. El arranque tuvo sello blanco: Thiago se ofreció por todo el campo, Gonzalo avisó y Vinicius dispuso de una mano a mano que David Soria, enorme toda la noche, desactivó con un pie de portero veterano.
El Madrid dominaba, el Getafe se dejaba dominar… y repartía faltas como si fueran tarjetas de visita: cinco en cinco minutos, amarilla temprana a Kiko Femenía y el mensaje claro de Bordalás: aquí se juega a lo que quiero yo.
Derrota contra el Getafe.
— Real Madrid C.F. (@realmadrid) March 2, 2026
En esa montaña rusa emocional apareció el otro partido, el de las pulsaciones. Vinicius era el muñeco del pim-pam-pum, Rüdiger se enredó en un pique innecesario con Diego Rico y el choque empezó a llenarse de interrupciones, protestas y miradas al árbitro. El Madrid, que había arrancado mandón, se fue apagando a base de cortes y faltas; el Getafe, al contrario, crecía en cada balón dividido, en cada salto, en cada segundo que el cronómetro le regalaba a su plan.
Hasta que llegó el minuto maldito. Un centro lateral, dos despejes malos, la pelota cayendo en la frontal como si el destino hubiera dibujado la jugada en una pizarra azulona. Satriano se perfiló y enganchó la volea de su vida, un disparo duro y preciso a la escuadra, imposible para Courtois, que solo pudo volar para la foto. El silencio fue inmediato, solo roto por los gritos de los jugadores del Getafe celebrando un gol que olía a gesta ya golpe de clasificación, porque los visitantes no ganaban en el Bernabéu desde hacía 18 años.
El descanso llegó entre pitos, con el Bernabéu señalando al equipo y, por primera vez, con claridad a Arbeloa.
El técnico intentó mover el tablero tras el paso por vestuarios: Valverde cambió de banda, el equipo se volcó aún más y, a la hora de partido, llegó el triple cambio que encendió el debate. Se marcharon Pitarch, Alaba y Trent; Entraron Rodrygo, Carvajal y Huijsen. La grada se despidió al canterano con ovación y al entrenador con desconfianza. El Madrid se lanzó arriba, sí, pero más por inercia que por un plan reconocible.
Las ocasiones, aunque contadas, estaban ahí. Un cabezazo de Rüdiger que se marchó rozando el palo, otro de Rodrygo tras un centro envenenado de Mastantuono que Soria sacó con una mano de portero grande, un remate que Huijsen no se atrevió a un metro con todo por miedo al poste y un disparo final de Mastantuono que se estrelló en las manos del guardameta. Cada intento blanco se encontraba con el mismo muro: un Getafe solidario atrás, un Soria inspiradísimo y un equipo local cada vez más agarrotado.
Mientras tanto, el otro marcador, el que no aparece en la pantalla, también se mueve en contra del Madrid: el del ánimo. El estadio, primero inquieto, se convirtió en un coro de silbidos a medida que el tiempo se esfumaba y el equipo seguía sin ideas ni colmillo. Entró Brahim tarde, demasiado tarde para cambiar un guion que ya estaba escrito. Huijsen se convirtió en símbolo de la noche, fallando pases sencillos y cargando con la ira de una afición que no perdonó ni una. Mastantuono, nervioso, terminó expulsado por protestar, la guinda amarga a una actuación desesperada.
El pitido final sonó casi como una sentencia. El Getafe, fiel a su versión más doliente y fea, pero eficaz y reconocible, se llevó una victoria enorme del Bernabéu y dejó al Real Madrid en estado de shock, a cuatro puntos de un Barcelona que se escapa en lo alto de la tabla. Media Liga se le cayó de las manos al equipo de Arbeloa en una noche sin épica, sin fútbol y sin respuestas, ante un rival con todas las letras. Honor al Getafe de Bordalás: en Chamartín, en marzo y con una volea, escribió su propia crónica de campeonato.

