Desde el Exilio

Miguel Font Rosell

Error, grave error

 

 

En los Estados Unidos, el dinero no solo es indicativo de un poder de intercambio y de poder en general, sino de prestigio social. Se considera que una persona que dispone de un importante poder económico es una persona respetable, prestigiosa y que genera confianza, algo que a los europeos en general nos parece excesivamente superficial, pues el prestigio social en Europa, reside más en la cultura y en el conocimiento que en el dinero, no obstante, la confianza en cuestiones económicas, no la da tanto la tenencia de capital, ni el haber triunfado en ese campo, como la claridad y el proceder de la fuente de tal riqueza. De cualquier manera, aquellos a los que se les conoce una considerable fortuna o “un bien pasar”, al tiempo que sea notoria su trayectoria por caminos incuestionables de recto proceder, no cabe duda de que ofrecen una cierta garantía de triunfo cuando de cuestiones económicas o de hacienda familiar se trata.

Por otra parte, viene siendo habitual en esta España de falsos criterios democráticos, el identificar un cierto ideal político, no ya solo con la ausencia de corrupción, sino con la carencia de medios, o al menos con la no tenencia de riqueza, lo cual no deja de ser una solemne majadería, impulsada por una izquierda más pancartera, resentida, de poco criterio y pandereta, que de la aplicación del más absoluto sentido común.

Ayer se publicaba en los medios, la situación patrimonial del consello de la Xunta, lo cual no solo me produjo una enorme sorpresa sino, en algunos casos, una enorme decepción y curiosidad en cuanto al conocimiento de las causas por las cuales algunos conselleiros ocupan los puestos que les hacen comandar una parte de la tarta de nuestra confianza política.

De los once dirigentes analizados (presidente, vicepresidente y 9 conselleiros), mas de la mitad, en su economía particular, tienen un pasivo superior al activo, lo cual, aunque quizá no sea un indicativo preocupante en los titulares de algunas consellerías, si me lo parece, y mucho, en aquellos que han de comandar los destinos de nuestra economía como gallegos, pues precisamente, tanto el conselleiro de Economía como el de Hacienda, han llegado al cargo con un pasivo superior al activo, sobre todo el de Hacienda, con unos bienes declarados que no llegan a los 24.000 euros y un pasivo de más de 130.000. Si el sueldo de un Conselleiro es de cerca de 60.000 euros al año, como se ha publicado, el mandato es de cuatro años y suponemos que la mitad de sus ingresos los destina al pago de la deuda, por un lado no le llega todo su mandato para liquidar esa deuda y por otro, con el resto que le queda, tampoco le permite adquisición de activo alguno, por lo que es de suponer que en el mejor de los casos acabe su mandato, sin deudas pero también sin patrimonio alguno, abandonando su cargo de Conselleiro de Hacienda, con una mano delante y otra detrás. Ejemplarizante…

Realmente, ¿ofrece mucha confianza el encargar la dirección de la economía de Galicia a quienes personalmente se encuentran en quiebra?, ¿a quienes tras largos años de actividad no han sido capaces de triunfar económicamente en su vida particular?. No se trata de identificar triunfo en la vida con patrimonio al estilo americano, pero en ciertas materias, una cosa viene bastante de la mano de la otra. ¿Alguien se atrevería a nombrar seleccionador nacional de fútbol a un entrenador de tercera división que descendiera a todos los equipos a los que hubiera entrenado y todo ello sin haber pisado un campo de fútbol ni tocado un balón en su vida?. Tampoco es necesario que lleve la economía gallega Amancio Ortega (que seguramente no nos vendría nada mal), pero de ahí a quienes no han sido capaces de hacer de su economía, al menos un mínimo triunfo, va un mundo.

Veamos, no obstante de quienes estamos hablando:

Conselleiro de Economía, Empleo e Industria, Francisco Conde López, Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales, profesor universitario. En su currículo figuran solo cargos en la administración, sin un solo empleo en el sector privado, ni en el sector económico, ni laboral, ni industrial, sin experiencia alguna por tanto en la empresa privada, ni en la creación de empleo, ni en haber generado creación económica alguna.

Conselleiro de Facenda, Valeriano Martínez García, Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales. Exactamente igual que el anterior.

Se trata pues de dos personas, seguramente muy preparadas en teoría empresarial y económica, pero sin la menor experiencia tanto en el mundo de la economía privada como en la empresa, sin haber generado nunca ni un solo puesto de trabajo y sin visión alguna de la administración desde fuera, desde quienes en el mundo de la economía han de depender de la administración para poder hacer empresa y competir en un mundo en el que la lucha contra la propia administración, en gran parte de los casos, es una de las cuestiones mas controvertidas a la hora de crecer empresarialmente.

Con todos los respetos pero, ¿Son estas dos personas quienes han de llevar adelante las principales decisiones en cuanto a economía, industria, empleo y Hacienda en Galicia?, ¿Personas que en su vida han montado una empresa, que no han tenido que contratar a nadie, que no han hecho importantes inversiones, que no han cotizado nunca por otros, que no conocen los mercados, ni la competencia, ni la negociación comercial, etc.?

Decía Platón en relación a la democracia. ¿si cuando de curar a tu hijo se trata buscas a los mejores, a los mas experimentados, porque si se trata de tu pueblo te vale cualquiera?

La respuesta es bien sencilla. No tenemos el más mínimo respeto por lo público, consideramos que cualquiera, fiel, del partido, de confianza, puede ocupar una máxima responsabilidad pública y con cualquier título o posición continuada en la administración nos vale, le pagamos una miseria ya que nuestro inculto y paleto pueblo consideraría un robo otra cosa y con ello nos damos por satisfechos, cuando es todo lo contrario.

La cosa pública debe contar con los mejores, con los más experimentados, con los que más cobran y dan resultados acordes con su tarifa, porque es el bien de todos de lo que se trata. ¿De que nos vale pagar miserias a quienes nada pueden aportarnos? ¿Qué ganamos con ello?

En política siempre ha habido una mísera mentira interesada que siempre nos ha acompañado: No es necesario ser un experto en una materia determinada para ser su responsable político, ya que la administración siempre cuenta con expertos en la materia. Eso es radicalmente falso. En primer lugar porque no es cierto lo de los expertos y la prueba está en estos mismos conselleiros, pues toda su vida en la administración de nada les vale para entender el mundo de la empresa del que por experiencia propia no saben absolutamente nada. Te pueden enseñar a manejarte en la “casa”, sus trucos, a moverte astutamente, pero poco más. Por otra parte, ¿de que nos valen expertos capaces de engañarnos absolutamente, debido a nuestra negligencia sobre aquello de lo que necesitamos consejo, dispuestos a medrar o a protegerse?.

Nuestros conselleiros han de estar perfectamente pagados pero también han de ser los mejores, los mas experimentados, los que conocen los problemas por propia experiencia, por haberlos vivido, los que son capaces de tener iniciativas válidas para salir victoriosos, los que lo han sido en su vida particular.

He trabajado cerca de 20 años en el ayuntamiento de Vigo, cerca de otros 20 para la empresa privada, y en todo ese tiempo no he conocido ni un solo concejal de urbanismo que supiera absolutamente nada sobre el particular, con resultados de escándalo, con decisiones absolutamente pintorescas, desafortunadas, en gran parte de los casos poco menos que delictivas y siempre, siempre, anteponiendo los intereses de su propio partido a los de la ciudad. Todos. El lamentable urbanismo vigués es la prueba, antes y ahora.

¿Qué ofrece hoy la política en España a un triunfador en cualquier materia? La ruina. Veamos: A un ingeniero, creador de una empresa de componentes para la industria aeronáutica, experto en comercio internacional, con múltiples contratos de suministro para empresas punteras en su sector, con sucursales en distintos países, con un crecimiento sostenido, ofreciendo nuevos contratos de trabajo anualmente, con resultados empresariales óptimos, ¿qué puede ofrecerle el presidente de la Xunta para llevar la consellería de economía, trabajo e industria o Hacienda?. ¿Cobrar la décima parte de su nómina actual? ¿Qué su trabajo se vea permanentemente puesto en duda por oposición, prensa y en general por cualquier paleto que se crea con derecho a ello? ¿Qué por intereses políticos, su propuesta cambie cada dos por tres por decisiones del partido, o del propio presidente? ¿Qué cuando acabe mandato ya no exista nada de su empresa? ¿Qué se le cierren las puertas? ¿Perder prestigio? ¿Qué no pueda volver a un trabajo similar por la bobada esa de las puertas giratorias, un invento que solo es válido para quienes desde su negligencia solo son útiles para entrar en el juego del trafico de influencias?. ¿Alguien puede pensar que tal y como están las cosas, a un personaje válido para el cargo a ejercer en la administración, le pueda interesar dejar un prometedor futuro en aras de la lucha por el bien común y a costa de cuatro perras, la continua difamación y un futuro incierto?.

Si, la realidad de la noticia sorprende e incluso escandaliza, pero tal y como tenemos montado el país, es la consecuencia lógica de esta falta absoluta de entender, por parte de un pueblo, lo que significa la democracia en libertad, la importancia real de lo público, la necesidad de contar con los mejores, la tontería esa de que cualquiera tiene derecho a llegar a lo más alto sin estar absolutamente preparado para ello. Tanto es así que no me extraña absolutamente nada que la mayoría de nuestros vecinos estén encantados de ver lo parecidos que son a ellos los políticos que han de arreglarnos la vida. ¡Menuda estupidez!.

Es necesario que nuestros políticos, al igual que nuestros funcionarios, estén bien pagados, muy bien pagados, pero también extraordinariamente preparados y exigidos, considerados y dotados para su misión, porque trabajan en el más respetable de los cometidos, el bien común.

Lo de hoy en España, tanto con la clase política como funcionarial es la antitesis de la lógica, es algo que llama insistentemente a la negligencia, a la corrupción, a la desidia, a la injusticia, etc.

Con independencia de su honorabilidad que, al menos teóricamente, no pongo ni tengo porque poner en duda, ¿alguien puede pensar que por un personaje por el que pasan gran cantidad de decisiones de enorme calado económico, que personalmente se encuentra en una situación de pasivo superior al activo, sin una mínima posición monetaria detrás que le garantice un futuro, no habrá de tener tentaciones en abundancia que le ayuden a salir de su situación si, a través de una ingeniería financiera correcta, se le garantiza la impunidad? ¿Acaso no es eso lo que ha ocurrido con la mayor parte de los partidos políticos que conocemos?.

Nuestros políticos han de ser los mejores y mejor pagados. Si no es así, la cosa no funciona, y a las pruebas me remito.

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Miguel Font Rosell

Licenciado en derecho, arquitecto técnico, marino mercante, agente de la propiedad inmobiliaria.

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