Desde el Exilio

Miguel Font Rosell

¿Que quiere el pueblo?

 

 

Suele ser habitual tras unas elecciones, el encontrarnos con todo tipo de lecturas más o menos interesadas de sus resultados, en clave de manifestación de la voluntad popular, algo francamente absurdo, pues las papeletas únicamente contienen la voluntad propia de su dueño, en buena parte adulterada por la propia capacidad de raciocinio del votante, por su mala información, por la facilidad que presenta ante la manipulación, por su banalidad, o simplemente por una incultura política galopante que viene a ser muy común entre nuestros vecinos.

Lo cierto es que cuando se asegura que los votantes no querían mayorías absolutas, o no querían que ganase la derecha, o apostaban por un gobierno en coalición, etc., no se hace otra cosa que una especulación basada en suposiciones erróneas, ya que si yo fuera votante del PP evidentemente querría una mayoría absoluta, que ganase la derecha y que no se precisase de coalición alguna, esperando no tener que pactar soluciones ajenas al programa que pretendo, pues se habla del votante en general como si de un colectivo se tratase, cuando no hay nada más individual que un votante.

Si hemos de hacer un análisis del resultado de unas elecciones, convendrá ser más objetivos y no venderlo siempre arrimando el ascua a nuestra sardina e ignorando el resto, como si los españoles fuéramos todos, tontos del todo.

El resultado ha dado combinaciones de gobierno imposibles, cuando ningún español con su voto, salvo excepciones, quiere resultados imposibles, ni pretendía tamaño galimatías. El resultado, por la atomización de los votos, nos ha llevado a donde estamos, pero no porque así lo quisiesen los españoles, sino por la propia aritmética de los resultados, el desgaste del poder, su nefasto ejercicio, la falta de ideas de la oposición tradicional y la fragmentación de la oferta.

El arco electoral español está formado por un partido que aglutina todas las tendencias de derechas (PP), otro socialista (PSOE), uno de centro (Ciudadanos), otro de izquierda (IU), otro de extrema izquierda (Podemos), unos cuantos más en la onda de Podemos pero que van por libre, los nacionalistas, cada uno de su región, y alguna otra opción sin demasiadas posibilidades. Existe pues un solo partido de derechas, otro de centro y el resto, con ciertas particularidades en los nacionalistas, de izquierda a izquierda extrema, separados todos ellos por cuestiones de liderazgo o por posturas más o menos distantes en su concepción de la izquierda.

Siendo así, las pasadas elecciones las ha ganado el PP aunque sin la amplitud de otras veces, lo que le lleva a ser incapaz de encontrar una mayoría de gobierno, pues solo puede llegar a pactar con Ciudadanos sin que con ellos llegue a la necesaria mayoría absoluta. Por la izquierda constitucional, tampoco llega con el apoyo de Ciudadanos, incompatibles por otra parte con Podemos, quienes en coalición con el PSOE tampoco darían con una mayoría absoluta. Todo ello sin olvidar que en el Senado el PP sí tiene mayoría absoluta, lo que echaría por tierra la gobernabilidad de cualquier alianza de izquierdas, siempre pendientes para la aprobación de cualquier ley, del voto final del Senado. En esta situación y aun perjudicando en gran manera al país, a sus intereses, y a toda la ciudadanía en general, parece que solo cabe el ir de lleno a unas nuevas elecciones y esperar resultados distintos a los habidos hasta ahora.

Cuesta de todas formas el identificar tendencias cuando cada dos por tres están sucediendo, sobre todo en el PP, PSOE y Podemos, nuevos acontecimientos que en gran parte de los países de nuestro entorno les invalidarían o decantarían claramente las elecciones de uno a otro bando, debido en general a la enorme gravedad de las mismas, aquí muy atenuada.

De cara a unas nuevas elecciones, el PP en caso de seguir manteniendo a Rajoy como candidato, parece que lo tendrá todavía más difícil y pudiera perder aun más votos, si cabe. Algo similar puede ocurrirle al PSOE de mantener a Pedro Sánchez como líder, debido a su empeño en ser presidente al precio que sea, con quien sea y aun a costa del cabreo generalizado de sus “barones”. Por parte de Podemos, el desgaste y las veleidades de sus líderes a la hora de buscar alianzas internacionales, parece también no ser el camino mas idóneo de cara a crecer en expectativas, lo que tampoco ayuda el hecho de que sus franquicias regionales parecen más animadas a concurrir de forma independiente, por aquello de intentar grupos propios en el Parlamento. Finalmente quien quizá saque mejor rendimiento de la espera sea Ciudadanos, el único partido que en este desgobierno está actuando con mayor sentido de Estado, mas coherentemente y con más sentido común.

En esas condiciones ¿qué puede hacer el votante?. Existe la teoría de que en general se radicaliza más, lo que en condiciones normales nos llevaría a un crecimiento de PP y Podemos, pero si tenemos en cuenta que estos partidos están sufriendo un desgaste fortísimo cada semana que pasa, que Rajoy es un candidato ya amortizado y que el programa que propone Podemos es absolutamente inviable, aunque por otro lado el fracaso de Pedro Sánchez a la hora de pretender formar gobierno, unido a lo contestado de su figura en el seno del propio partido tampoco le sitúa en mejor lugar, nos deja únicamente con la opción clara de Ciudadanos, un partido que de crecer hasta conseguir ser la segunda fuerza, podría optar a formar gobierno, tanto con el apoyo implícito del PP como del PSOE, evitando este último el ser fagocitado por Podemos, y encontrar tiempo para entrar en un proceso profundo de renovación de cara a futuras elecciones. Para el PP no sería una mala opción, pues posiblemente seguirán manteniendo su mayoría absoluta en el Senado, por lo que dispondrán de un control efectivo, serán la única oposición a la derecha del PSOE y podrán también optar a una profunda renovación interna, consiguiendo ambos partidos una importante tregua de cara a futuras elecciones en las que, desgastado supuestamente Ciudadanos, poder optar a mejores resultados. Podemos, por otra banda, una vez cumplido su principal acierto como fue el elaborar un diagnostico correcto del fracaso del actual gobierno, se irá hundiendo al no haber sido capaz de elaborar un programa medianamente creíble y más bien abocado a llevar al país a la ruina, sin aliados en Europa y con unas bases cada vez más repartidas en distintas opciones.

Confieso haber votado a Ciudadanos y aseguro el volver a hacerlo como la medida que creo mas inteligente y mejor para el futuro de España, puesto que creo además, que es el único partido que en corto plazo tiene mas posibilidades de conseguir un consenso de gobierno, aun teniendo que afrontarlo en minoría.

Un resultado de PP (90) Ciudadanos (75), PSOE (70), Podemos (45) y otros 70 repartidos entre nacionalistas, franquicias de Podemos y algún otro partido, aun sin que nadie tuviera mayoría absoluta, habría de dar el gobierno a Ciudadanos, lo que supondría un alivio para gran parte de los votantes, tanto del PP como del PSOE, un mal menor para muchos de Podemos no identificados con los procesos independentistas, una buena noticia en Europa y una estabilidad para España, hoy en el candelero.

Sinceramente creo que, ante las perspectivas que se nos ofrecen, no existe mejor solución que el ir de nuevo a unas elecciones e intentar volcarse con Ciudadanos, con el apoyo tanto del PP como del PSOE en la investidura pero sin entrar en el gobierno, ejerciendo como partidos en la oposición, tanto desde la derecha como desde la izquierda, llevándonos a un gobierno de pactos para lo que Ciudadanos es el partido mejor dotado y con mayores posibilidades de lograrlo.

Evidentemente esta solución también podría darse sin tener que recurrir a nuevas elecciones, en caso de fracasar el PSOE en su intento de formar gobierno, si tras una tercera ronda de entrevistas con el rey, este considerase factible el apoyo, tanto del PSOE como del PP, a la solución Ciudadanos, aunque con tan pocos diputados con los que cuenta actualmente no parece muy factible el intento.

Estoy seguro que si el planteamiento fuese elegir entre: 1 la gran e irreconciliable coalición (PP-PSOE-Ciudadanos, con gobierno de Rajoy), 2 la descomunal y enloquecida coalición de izquierdas (PSOE-Podemos-Bildu-Mareas-ERC-Compromis-PNV-CC, etc.) ó 3 (Ciudadanos en minoría) con apoyos puntuales según distintos asuntos, manteniendo la credibilidad en Europa, el pueblo en general y casi cualquier votante en particular que procesara la oferta con inteligencia, votaría claramente por esta última opción.

El problema está en que en España poca gente vota con inteligencia y demasiada con las entrañas, sentimientos, odios profundos, intolerancias, o por fidelidad a unas siglas, aunque estén ya amortizadas o corruptas hasta las cejas.

Veremos si finalmente se impone el sentido común, apoyan los dos grandes a Ciudadanos o si hay que repetir elecciones, el votante lo hace con cabeza, o prevalece la tradicional postura de votar con el estómago, las vísceras, los cataplines, o por voluntad de otros.

A todo esto, y mientras dura este singobierno, catalanes y vascos afilando sus armas y haciendo sus deberes…

 

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Miguel Font Rosell

Licenciado en derecho, arquitecto técnico, marino mercante, agente de la propiedad inmobiliaria.

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