Desde el Exilio

Miguel Font Rosell

Acuerdos firmes, ya.

 

 

Un nuevo atentado, con los mismos protagonistas, las mismas escenas, los mismos lamentos y las mismas “soluciones”, aunque esta vez, con un “plus” de éxito para los autores, al producirse en el aeropuerto de la capital europea y en el metro más próximo a su parlamento. ¿Para que sirve la política común europea? ¿Para que sirve la OTAN? ¿Para que los ejercitos? ¿Acaso las fabricas de armas, que tan extraordinarios dividendos dan a los países ricos, sus únicos fabricantes, solo trabajan para que las usen los más canallas, a quienes esos países se las venden, cobrándoles con el dinero mas sucio, fruto de la droga, del contrabando, de la extorsión y de todas las ilegalidades que imaginar se pueda? ¿Acaso tengo que seguir llorando a las victimas en lugar de cagarme en la madre que parió a nuestros consentidores gobernantes? ¿Acaso algún imbécil piensa que la solución está en el dialogo con estos desalmados?.

Europa ha acogido a millones de musulmanes, los ha marginado socialmente, aislado en barrios específicos, contemplado sus derechos religiosos sus costumbres y sus imposiciones, abandonandolos a su suerte y sin demasiadas esperanzas laborales, mientas el Estado Islámico les acoge, les paga y les promete el oro y el “moro”: ¿qué esperamos?

Gandhi fue un personaje admirable que nos mostró el camino de la no violencia, con el que estoy de acuerdo, en general, pero ante sí tenía a ingleses, todo lo hijos de puta que se quiera, pero no a fanáticos religiosos descerebrados que pretenden nuestra destrucción a través incluso de su inmolación, para conseguir con ello entrar en un nuevo mundo del “más allá” de folleteo continuo de huríes y gilipolleces semejantes.

Aquí no puede haber paños calientes, ni llantos colectivos, ni velitas, ni otras mejillas. Se trata del peor de los terrorismos, el terrorismo religioso, el terrorismo de unos fanáticos que no reivindican nada solucionable, que pretenden, al igual que los cruzados siglos atrás, la conversión de todos los infieles y la muerte de todos los que no sigan el camino que en su ignorancia creen que les marca el profeta, la guerra santa.

Hoy, aun cuando existen células diseminadas por todo el mundo, sus centros de poder están perfectamente localizados, tanto en Asia como en Africa, y es ahí, cortando esas cabezas, donde hay que actuar.

Es muy bonito militar en el pacifismo, yo el primero, pero si un oso viene a ti de frente a todo correr, no vale ni escapar, ni dialogar, ni hacerle chucherias o pensar que no todos los osos son malos. Si tienes a mano una escopeta, apuntale a la cabeza, entre los ojos y dispara varias veces si puede ser y si caído aun respira, dale varios tiros de gracia. No cabe otra solución.

Hoy es preciso un acuerdo inmediato internacional para que todos apoyemos con armas, dinero y lo que haga falta a la OTAN, y de forma inmediata y masiva se acabe con el llamado Estado Islámico, con Boko Haram y con Al Qaeda, con la colaboración de todos los gobiernos civilizados, de forma definitiva, sin dejar rastro, entre otras cosas para que los musulmanes de bien puedan seguir viviendo en paz con sus familias, sin tener que ser acusados o mal vistos por su religión, implicándoles también a ellos en la necesidad de poner en claro que también desprecian ese fanatismo, tan ajeno a las vidas que ellos mismos pretenden, que los planteamientos de los fanáticos son equivocados y que su religión nada tiene que ver con esa forma de entenderla.

Pero una vez conseguido eso, no nos quedemos ahí, pues la historia se repite si no se recuerda y no se aprende de ella.

Las religiones en general, y cuando de sus intransigencias se trata, debidas siempre a la ignorancia, a la intolerancia y a su poder excesivo, han sido, a lo largo de la historia, las causantes de las más graves matanzas, siempre ordenadas por sus sumos sacerdotes, en contra de infieles y a mayor gloria de sus dioses. No olvidemos que el cristianismo en general, ostenta la funesta marca universal histórica en la materia, aun cuando hoy, centrado principalmente en el llamado primer mundo, trate de convivir con la tolerancia laica de los países más adelantados, aunque tampoco hay que olvidar al ateismo, la otra cara de la misma moneda (dios si, dios no), cuyo máximo asesino en serie, el canalla Stalin superó incluso la marca citada, sobrepasando incluso las hazañas de Hitler, hijo de una ferviente y devota católica, aunque él diese siempre al respecto una de cal y otra de arena.

Mata la intolerancia y ahí, las religiones se llevan siempre la palma. Hoy el fanatismo reside casi en su totalidad en el Islam, cuyos grupos más extremistas se han radicalizado por varios motivos, ya sean étnicos, sociales, económicos, militares, etc. pero lo más grave, a mi entender, es la crianza de nuevas generaciones en esas intolerancias, en esos fanatismos, en creencias que en nada real o racional se sostienen, de ahí que si en lo militar es preciso una actuación rápida, muy concreta y efectiva, en lo cultural es preciso también la unión de todos a la hora de evitar nuevos adoctrinamientos que conduzcan a la intolerancia.

Así como en su día se llegó a una declaración universal de los derechos humanos, hoy entiendo que cumple el acordar una declaración universal sobre la prevención de fanatismos religiosos, dejando claras al menos algunas verdades incuestionables que sirvan de base a una educación generalizada, para que cada uno posteriormente tome el camino que su libertad le dicte, pero siempre desde el conocimiento de unos pilares de incuestionable certeza, como pueden ser:

*La palabra “dios”, define básicamente un concepto, referido a la posible causa última del desconocido origen de todo.

*No existe evidencia racional ni científica de la existencia o no existencia de dios alguno, ni de supuestos “más allá”, tras esta vida.

*Consecuentemente no existe evidencia racional ni científica de mandato, acto, prohibición o identidad de ningún supuesto dios.

*Las distintas religiones, son organizaciones que, a través exclusivamente de las creencias y de nada más, consideran disponer del conocimiento, tanto de la existencia de sus dioses concretos, como de un más allá, su funcionamiento, asi como de los mandatos, prohibiciones y deseos de sus propios dioses.

*Mientras el agnosticismo consiste en admitir que sobre dios y un supuesto “más allá” nada sabemos a ciencia cierta, el ateismo niega taxativamente la existencia de dios alguno y consecuentemente de posibles “más allá”.

Parece incuestionable que si esos innegables axiomas formasen parte de la educación de la infancia y de la juventud en el mundo, el ejercicio de la libertad de todo individuo se llevaría a cabo con plena conciencia a la hora de abrazar o no una religión, evitando con ello el fanatismo que produce en quienes la practican, el creer que aquello por lo que luchan es una verdad incuestionable, cuando no existe prueba alguna racional ni científica que la sustente, lo cual no es óbice para que alguien abrace una religión en el deseo de ver cumplidas sus aspiraciones, sus creencias y sus anhelos, desde la más absoluta libertad a la hora de tomar una determinación al respecto.

La libertad es el fruto más preciado de la democracia, para nada reñida con el ejercicio de la autoridad en su defensa, de una autoridad aun extrema en el caso de claras amenazas al ejercicio de esa libertad, de la que todos, sin excepción, debemos disponer en la seguridad de que nadie nos la pueda arrebatar.

Finalmente y por lo expuesto, creo que las acciones a tomar vienen de la mano de una actuación militar rápida y radical de extinción ante el fenómeno terrorista religioso islamista, de una integración real y efectiva de los musulmanes pacíficos en Europa, y de un acuerdo también universal en cuanto a la concreción de lo expuesto en materia de educación, a fin de que cada ciudadano pueda optar en libertad y sin fanatismos, a la postura religiosa o no, que mejor considere.

Pero, ya…

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Miguel Font Rosell

Licenciado en derecho, arquitecto técnico, marino mercante, agente de la propiedad inmobiliaria.

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