Desde el Exilio

Miguel Font Rosell

Y ahora… ¿Qué?

 

De la eterna trilogía “que, quien, como”, hemos despejado ya lo menos importante, el quien (presidencia), en favor de un personaje que sigue siendo el peor valorado de los líderes de los distintos partidos, para todos los españoles. !Aleluya!.
Ahora nos toca lo fundamental, el decidir el “que” (programa), y lo más complicado, el “como” (gobernabilidad), lo realmente importante para España.
Desgraciadamente, en este país de alarmante primitivismo político, una gran mayoría de nuestros compatriotas, piensa que se han acabado los problemas. Ya hay gobierno, pues a otra cosa. Muerto el perro, se acabó la rabia.
Los españoles necesitamos programa y gobernabilidad, mientras lo único pactado es la presidencia de un gobierno del que no tenemos la menor idea sobre lo que piensa acometer, ni como hacerlo con una mayoría de oposición. ¿Cual es el programa de gobierno que acometer?, ¿que está dispuesto a aprobar este Parlamento?, ¿existe alguna medida de consenso ya acordada?, ¿que leyes se van a mantener, cuales a reformar y cuales a acometer?. Del programa de consenso entre PP-Ciudadanos, ¿que están dispuestos a apoyar los golpistas del PSOE?, ¿hay algo acordado al respecto?, ¿existe previsión alguna sobre temas a tratar para iniciar las primeras negociaciones?. Con un Parlamento de mayoría de oposición, un Senado de mayoría pepera, y una totalidad de políticos sin la menor experiencia de pactos a lo largo de las últimas legislaturas, ¿que se puede esperar?
Hasta ahora se ha argumentado hasta el hastío que no podíamos consentir, por el bien de los españoles, la celebración de unas terceras elecciones, lo cual, aunque no deseable, no deja de ser una solemne tontería. Lo que no podemos ofrecer a los españoles es la total ausencia de planteamiento de gobierno, la absoluta inexistencia de programa, la máxima incertidumbre pues, ¿de que nos vale un patrón, que además pocos valoran como el más adecuado, e incapaz hasta ahora de pactar absolutamente nada, si no sabemos a que rumbo dirigirnos?.
Por otra parte, si ahora todos se apuntan a llevar a cabo una oposición a lo bestia, para comprobar quien se opone más y en mayor medida (vamos, quien la tiene más larga), ¿que vamos a aprobar?. Si, aunque sea incomprensible, la deriva del voto iba camino de dar el poder a una alianza entre PP-Ciudadanos, haber ido a unas terceras elecciones y finalmente obtener un programa de gobierno, conocido, plausible y ejecutable, ¿no era mas efectivo para todos?. ¿Es mejor el caos que un mal programa?. Las huestes franquistas siempre presumieron de preferir la injusticia al desorden.
No es verdad que los golpistas hayan sido generosos, pues en eso consistiría haber ido a unas terceras elecciones, todo ha sido mucho mas prosaico. Han querido salvar el culo ante una posible debacle en unas terceras que, una vez comprobado que a los españoles lo de la corrupción les trae un poco al pairo, le interesaban en profundidad a Rajoy, para nada a ellos, y de ninguna forma a ciertos poderes que en definitiva son los que manejan el cotarro.
Hoy la situación parlamentaria se presume ya caótica. La aparición de los dos nuevos partidos como son Ciudadanos, a la derecha del PSOE, y Podemos-IU, a su izquierda, ha dejado a los socialistas entre dos fuegos, mermados, sin respuesta y con la marinería saltando tanto por babor como por estribor. Si a ello le añadimos una guerra civil en su seno, resuelta a través de un golpismo de lo más chungo, al objeto de acabar entronizando a la hija putativa del alabado y hoy millonario Sr. González (Don Felipe), una individua dispuesta a seguir traicionando a quien sea, con tal de presidir a los sociatas, la carambola para el partido de la corrupción, para las huestes marianistas, no podía ser más afortunada.
Somos un pais de un conservadurismo marmóreo, lo cual para nada quiere decir de derechas, sino pétreo, tradicional, inmovilista, montuno, todo lo contrario a progresista, aunque muchos que así se consideran, incapaces de captar su contenido, son más conservadores que ninguno. Existe en España una excesiva mayoría que, pase lo que pase, aunque de lo más grave se trate, siempre votan a los mismos, sean del PP, del PSOE, o comunistas, e incluso llegan a considerar tal actitud “de fidelidad” como una virtud, como si el porvenir de nuestros hijos no dependiera de votar a los mejores y más adecuados en cada momento, sino de ser fieles a los indeseables de siempre. Es el eterno dilema entre fe y razón, resuelto desgraciadamente durante tantos siglos de oscurantismo y de ausencia de progreso, a favor de la fe, incapaces de rectificar, de identificar a los embaucadores, de ilusionarse de nuevo, de cambiar de idea, de buscar nuevos puntos de vista, de ser valientes, de evolucionar, en definitiva.
Aun que hayan pasado un montón de años, nuestra legislación electoral sigue primado a los independentistas, ya a las puertas de consumar sus metas, sin que ello nos lleve a pensar, como creen en toda Europa, que lo de las Autonomías (innecesario agujero sin fondo donde colocar a todo tipo de militantes) ha sido un enorme y garrafal error, sino todo lo contrario, cultivando como políticamente correcto, con la ayuda de los medios, tal desfachatez y desgracia para España.
Aquí llega Podemos, hijos del 15-M, hacen un diagnostico correcto de la situación a la que nos ha llevado un bipartidismo esencialmente corrupto, captan con ello a un porcentaje altísimo de una ciudadanía descontenta, especialmente a los más jóvenes y aunque posteriormente, cuando llega el momento de dar soluciones, todo resulta ser una filfa, siguen manteniendo un porcentaje alto de votantes, solo menguado por efectos de una prensa interesada, entregada al bipartidismo.
Aparece Ciudadanos, con un líder que destila sentido común por todos sus poros, analizan también sabiamente la situación y cuando trabajan los tiempos ordenadamente, estableciendo antes el “que” y el “como” a partir de pactar programa y pacto de gobierno, que el “quien”, son abandonados por un pueblo que solo entiende de “fidelidades”, un pueblo arcaico al que eso les parece una veleidad política, que prefiere un bipartidismo caudillista de canallas y corruptos, aderezado con unos cuantos segregacionistas. Lo malo conocido que lo bueno por conocer, la España negra y cainita de siempre, la de la falta de ideas, de ideales y de ideologías, la que mató Trento, la que impidió la Ilustración.
De momento, este país de simples, respira ya tranquilo pero, y ahora… ¿que?

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Miguel Font Rosell

Licenciado en derecho, arquitecto técnico, marino mercante, agente de la propiedad inmobiliaria.

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