Desde el Exilio

Miguel Font Rosell

El colaborador necesario y la ambición de poder

 

Hoy, cualquier acto, bueno, malo o regular, suele tener varios autores, o al menos colaboradores necesarios, y no voy a hablar de toda la serie de políticos que falsean, adulteran, o plagian sus supuestos méritos, en una carrera sin límites éticos para el salto de la mediocridad a la excelencia, ante una ciudadanía medio atónita y medio indiferente por el proceder de un colectivo del que ya nada le asombra, pero al que se resisten a pasarlos por la quilla, lo que ya hubiera hecho cualquier hermandad pirata que se preciara.

El asunto creo que es bastante más grave, pues se trata de la colaboración necesaria en delitos, catástrofes, ruinas, involuciones, o frustraciones de todo tipo.

Ayer, en una de esas comisiones de investigación que se montan en el Parlamento, sin consecuencia alguna y con la exclusiva misión de ponerse verdes unos a otros a efectos electorales, se trataba de intentar aclarar las responsabilidades habidas en el accidente del Alvia en la curva de Angrois, que causó una auténtica catástrofe, de la que nuestra desesperante “justicia” aun no ha sacado consecuencias, salvo la culpa directa del maquinista en cuestión, quien evidentemente no hubiera podido actuar con la negligencia que lo hizo, de haber contado con las medidas de seguridad que la causa requería, y ahí viene lo de la colaboración necesaria, siempre ligada directamente a la ambición de poder, por encima de cualquier otra consideración y responsabilidad.

Se trata de un asunto enormemente delicado, que la comunidad política no ha dudado en aprovechar para su particular deporte de descalificación mutua, en donde unos afirman algo y los otros lo niegan, jurando ambos por sus respectivos padres, los que los tengan conocidos, que ellos son absolutamente inocentes de cualquier mínima sospecha de culpabilidad. Lo que ocurre es que de vez en cuando declara alguien que no le debe su puesto a unos u a otros, y que acaba confesando lo que todos los que conocemos como se las gasta la clase política cuando de defender sus garbanzos se trata, deja en evidencia, desde la autoridad de un cargo profesional, una sospecha hecha realidad, fruto del piensa mal y acertarás, que nuestros políticos han acreditado sobradamente en esta caricatura de democracia, carente de responsabilidades, que nos han impuesto a mayor gloria de sus fechorías.

El ex alto cargo de Renfe, de nombre José Enrique Villarino Valdivielso, quien entre otros muchos cargos ocupó el de jefe de gabinete de Proyectos Estratégicos de Dirección (no se trata de ignorante alguno en la materia), manifestó en su comparecencia, entre otras consideraciones, las siguientes:    

“El proyecto original de la línea fue alterado de forma muy apreciable al cambiarse el ancho internacional del proyecto original por el de ancho ibérico y, lo más grave a efectos de lo que ocurrió después, no extender hasta la estación de Compostela los sistemas de seguridad inherentes a una línea de AV y mantener un trazado, con una curva de radio inadmisible en una vía de esta naturaleza, cual es la curva de A Grandeira. La primera y evidente responsabilidad de las autoridades políticas que propiciaron u ordenaron ese cambio.

La decisión de no dotar a la totalidad de la línea del sistema ERTMS, sistema avanzado de seguridad, homologado por la UE en las redes europeas de AV, obliga a los maquinistas a tener que hacer frente a una transición de velocidad de 300/200 km/h a otra máxima de 80 km/h, sin existir un sistema seguro para evitar que el tren rebasase la velocidad permitida, ya que el sistema ASFA con el que estaba dotado el tramo, no equipado con ERTMS, reitero, es un mero sistema de anuncio de señales y frenado automático, que solamente detendría el tren en caso de rebasar la velocidad de 200km/h.

Esta abrupta transición podría haberse mitigado, anticipando la baliza de reducción de velocidad  unos kms atrás, en vez de en la proximidad a la entrada de A Grandeira. No lo previó el nuevo proyecto y la curva de A Grandeira quedó desguarnecida de seguridad, trasladando al maquinista los riesgos que se sustanciaron en los hechos ocurridos. La conducción a altas velocidades no puede dejarse en manos de un libro de marchas erróneo, y que indicaba que llevaba ERTMS. Ni tan siquiera una señal vertical que advirtiera de la proximidad de la curva. Segunda responsabilidad política, concatenada a la anterior.

¿Por qué se alteraron las características básicas, reitero, básicas, del proyecto original? Después de darle muchas vueltas al tema no he encontrado otras causas que no fuesen causas de interés político.

¿Y por qué digo esto?. Porque hechos posteriores demuestran que ha existido una motivación política por acortar plazos de ejecución del proyecto que se demuestran por la premura y coincidencia, casi milimétrica, entre la inauguración de la línea y el inminente cambio de gobierno, ambas en Diciembre de 2011. Las prisas y la política, parafraseando la celebre frase, “engendran monstruos”.

Existe responsabilidad política añadida también por el mensaje falaz e inexacto que se trasladó a la opinión pública, y en especial a la gallega, de que por fin llegaba la AV a Galicia, cuando ello era, sencillamente, faltar a la verdad, una mentira. A Galicia llegaba otra cosa adulterada.

Existe también responsabilidad política en la decisión de implementar un vehículo, el llamado híbrido 730, una modificación del S-130 de Talgo que hiciese frente al cúmulo de circunstancias espúreas de la vía por la que debía circular el tren ALVIA 04155, según recoge también la pericial del Sr Mariñas: cambio a dos anchos distintos de vía, tramos electrificados y no electrificados, que obligaron a construir un vehículo con importantes limitaciones respecto de la estabilidad en las curvas pronunciadas, con diversos puntos de gravedad a diferente altura y dos elementos técnicos en cabecera y final de la composición de excesivo peso, que coadyuvaron a que este modelo de tren ALVIA deje mucho que desear en su comportamiento dinámico. Y digo, deje, en presente, porque el tren sigue circulando por la misma infraestructura existente el día del accidente y el sistema ERTMS sigue sin entrar en operación. Reiterarse en los errores es cuanto menos temerario.

Poner un tren de esas características en servicio es cuanto menos una apuesta política y técnicamente muy arriesgada, como fatalmente se comprobó.

En Angrois, confluyeron decisiones políticas que calificaría de muy inadecuadas e irresponsables sobre la infraestructura y el tren. La conjunción de ambas propiciaron el accidente.

¿Se llevaron a cabo los preceptivos análisis de riesgos que comportaba el cambio de proyecto y con posterioridad la cancelación del sistema ERTMS embarcado? Parece que no y así lo confirmó la Agencia Europea, competente en el tema, a la Asociación de Víctimas y más recientemente en el escrito al juez que instruye esta causa.

¿Acaso no es negligencia y dejación de funciones de las autoridades políticas, el no hacer cumplir la normativa exigible tanto al administrador y operador de la red en materia de seguridad ferroviaria de tanta gravedad?

Así llegaríamos, en lo sustancial, al extremo de la cadena de despropósitos políticos y técnicos que posibilitaron el accidente, cuando existían medidas de seguridad sobrantes para impedirlo, medidas que ni se previeron, ni se evaluaron, ni se implementaron. Todos los riesgos se trasladaron y confluyeron en la persona del maquinista, al que otra circunstancia ajena a su persona, como fue recibir una llamada de servicio, se conjuró en su contra.

La cadena se rompió por el eslabón más débil y el maquinista fue simplemente el brazo ejecutor de toda una serie de irresponsabilidades que son, tanto, o más, dolosas que las del propio maquinista.”

A preguntas de algunos parlamentarios, el compareciente, al parecer manifestó que al señor Blanco, a la sazón ministro de Fomento y máximo responsable de la toma de decisiones, se debe la decisión política que llevó a toda esta serie de chapuzas, debido a su interés político por precipitar la inauguración de la linea con anterioridad a unas inmediatas elecciones, lo que evidencia el que el 7 de diciembre la modificación del proyecto llega a Fomento, !dos días después! se le otorga autorización y !un día después! concretamente el 10, a menos de dos semanas de las elecciones, se inaugura la linea. !Tres días de trámite!, un asunto que en cualquier administración puede tardar meses o años incluso, si en ello no media interés político alguno, aunque se trate de algo determinante para el bienestar de los ciudadanos.

Solución política del partido en el que sigue militando el señor Blanco (don Pepiño), tras esto, el conocido affaire de la gasolinera y lo mucho que puede callar: pues la misma receta que suele hacer el PP con los suyos en casos similares, tierra de por medio. A Europa, a su Parlamento, al cementerio de elefantes, a ganar dinero y a procurar el olvido, pues para el ciudadano español, que no se entera absolutamente de lo que hacen sus parlamentarios en Europa, es la mejor forma de evitar tentaciones en la demanda de responsabilidades. ¿Colaborador necesario?. Parece evidente.

Lo malo de estos asuntos es que se van haciendo endémicos y que existen ejemplos en casi todos los partidos de estas actitudes absolutamente canallescas, haya o no consecuencias graves de por medio.

Sin tener que ir demasiado lejos para evidenciarlas, veamos el caso de Abel Caballero el “iluminado”, otro pintoresco y ridículo demagogo del cariz de Pepiño Blanco, responsable del trazado de la llamada autovía de la muerte, entre Vigo y Porriño, de la caída por falta de mantenimiento en la cubierta de Balaidos, del reciente desastre del “marisquiño”, de la paralización del Plan General de Vigo y sus gravísimas consecuencias, de la ruina del Auditorio vigués y hotel colindante, de infinidad de paralizaciones a inversiones serias en la ciudad para su progreso (ampliación del Puerto, ampliación de Citroen, ampliación del Corte Inglés en Coya, instalación de Ikea, ciudad deportiva del Celta, ciudad del Frio, Area Metropolitana, Plan Aeroportuario de Coordinación de Galicia, Etea, ferrocarril a Bouzas, nuevos centros comerciales, nuevos polígonos industriales, nuevas urbanizaciones, etc.), de hacer de Vigo una ciudad que ha enfrentado a todo y a todos, ya sin poder absoluto alguno, ya sin instituciones libres e independientes, ya sin medios de comunicación creíbles, ya sin instituciones empresariales, sindicales y sociales activas, en caída libre en cuanto a su poder económico y empresarial, con la primera empresa viguesa en facturación situada en el puesto !24! de las empresas gallegas, convertida en una feria intrascendente de lucerío, dinosetos, horteradas, chuches, fiestas chungas, premios de chicha y nabo, guiños permanentes al deporte infantil, a lo financiable con cuatro duros, a quienes le sigan la corriente, con continuas mentiras y tantas promesas y ocurrencias incumplidas, actuaciones todas ellas en afán de beneficios electorales propios, sin el menor atisbo de asunción de responsabilidad alguna y todo ello desde una vanidad, intransigencia, y chulería sin límites, actuando con un presupuesto de ciudad para una política absolutamente aldeana, y todo ello al bombo y platillo de un periódico antaño respetable y que hoy ha perdido su dignidad al amparo de publicidades impuestas y otras deferencias, a mayor gloria del excéntrico dictador.

Como pequeña muestra de sus innumerables mentiras, cito solamente unas cuantas bastante significativas: Renuncia a presentar su candidatura si en 2012 no llega el AVE a Vigo y si Caixanova no sigue sola su andadura, promesa de construir un oleoducto entre Vigo y Salvatierra, un ferry entre Vigo y Portsmouth, un inmenso hotel en el puerto diseñado por Nouvell, construcción de 6.000 viviendas protegidas nada más llegar a la alcaldía, abrir al público la piscina y el pabellón de deportes de la Etea, 47 nuevas guarderías, rehabilitación íntegra de la fachada del Berbés, modificación de toda la Av. de Orillamar, biblioteca del Estado, expropiación y reforma de la Panificadora, Uned en Vigo, nueva autopista entre Vigo y Porriño, nueva urbanización de la plaza de España, un albergue para indigentes, remodelación y reforma del ayuntamiento, pleno empleo para los vigueses, Plan Especial del Ensanche, ampliación de la Av. de Madrid, regeneración de Samil,  nueva estación de autobuses, un parque temático en Balaidos, un funicular entre el Berbés y la plaza del rey, etc, etc, etc.

El éxito de las chorradas y el fracaso de lo esencial. 

Son demagogos en estado puro, colaboradores necesarios, la mayoría, en delitos, catástrofes, ruinas, involuciones, o frustraciones de todo tipo que al final, y por serlo desde la política, se van, no solo de rositas, sino incluso con el apoyo en las urnas de un pueblo de similar irresponsabilidad, de una credulidad bobalicona, inmerso ya en un localismo pueblerino, sumido en la más absoluta ignorancia, dejadez e infantilismo político fomentado exitosamente por lo más falso de una sociedad que les mantiene, e incluso les alienta a seguir confiando en sus engaños y magnificando sus bobadas, ridiculeces y la imagen que ofrecen, urbi et orbe, de la ciudad, y de Galicia en general.

Lo verdaderamente grave es que en la curva de Angrois hubo muertos, en la autovía de la muerte los hubo y los puede seguir habiendo, y en Balaidos y en el marisquiño, a punto estuvo de haberlos.

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Miguel Font Rosell

Licenciado en derecho, arquitecto técnico, marino mercante, agente de la propiedad inmobiliaria.

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