Desde el Atlántico

Carlos Ruiz

¿Puede un Estado de Derecho cometer asesinatos?

Por lo que yo sé, el Estado de Derecho no es obligatorio. Un Estado no necesita serlo para ser miembro de la comunidad internacional. Pero quien pretende, libremente, ser considerado como Estado de Derecho debe saber que ello, ciertamente le proporciona una superioridad moral, pero le exige aceptar ciertos límites en el ejercicio del poder. El «Mossad», servicio secreto israelí, ha asesinado a un responsable de Hamas en Dubai. Nada nuevo. Lo preocupante es la hipótesis de que para ello haya contado con la complicidad de Estados democráticos europeos que se proclaman Estados de Derecho.

Parece que hay poderosos indicios que implican al «Mossad», el servicio secreto exterior israelí, en el asesinato en Dubai del dirigente de Hamás Mahmud al Mabhuh.
No parece que esto sea nada nuevo pues el «Mossad» ha llevado a cabo numerosos asesinatos de oponentes, además de secuestros.
Israel es un sistema, sin duda, menos cerrado que el imperante en otros Estados del Oriente Próximo. Pero las actuaciones del «Mossad», ponen de relieve, a mi juicio, que Israel está lejos de ser un Estado de Derecho «comme il faut». Algo que salvo algunos entusiastas interesados resulta comúnmente aceptado. Es más, los propios israelíes en su mayoría aceptan esta situación.

No es el momento de juzgar la estatura moral del Estado de Israel y su grado de acercamiento a lo que debe ser un Estado de Derecho.
Lo que importa aquí es otra cosa. Es saber en qué medida los Estados de Derecho de la Unión Europea se hayan podido degradar hasta hacerse cómplices del asesinato de Estado.

El artículo 2 del Tratado de la Unión Europea dice:

La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros

Insisto, a nadie se le obliga a ser un Estado de Derecho. Eso es algo que libremente han aceptado ser los Estados miembros de la UE. Y eso significa que los gobiernos de estos Estados no pueden hacer lo que quieran, sino lo que el Derecho les permite hacer.

Para ejecutar la operación encubierta de Dubai, los autores del asesinato se sirvieron de pasaportes falsos, además de israelíes, británicos, alemanes. Israel ha dejado caer que la operación se realizó con la complicidad de los Estados europeos en tanto en cuanto esos pasaportes falsos se falsificaron por los propios servicios de los gobiernos europeos implicados.

Entre la documentación del caso se encuentra la grabación de una de las implicadas en la operación de asesinato, Gail Folliard, mirando sonriente a la cámara que la grababa.
Un comentarista generalmente agudo, Emilio Campmany, ha avanzado la increíble tesis de que esto puede ser revelador de una operación para «echar el muerto» al Mossad perjudicando la imagen de Israel que sería inocente del asesinato.
Mucho me temo que se equivoca. Quizá la sonrisa de Gail signifique todo lo contrario: a saber, la íntima satisfacción de hacer saber al mundo entero que los Estados de Derecho que hasta ahora operaban como conciencia moral de la humanidad han dejado de serlo. Que los Estados europeos se han rebajado hasta hacerse cómplices del terrorismo de Estado.
No creo que sea una gran noticia.

En España parecía que la condena del crimen de Estado a través del GAL había permitido elevar la estatura moral del Estado.
Me pregunto si ello sería posible de nuevo.

POST-SCRIPTUM (26-II-2010) The New York Times de hoy publica un artículo, digno de lectura, de Roger Cohen (que es judío norteamericano), titulado «Ojo por ojo«.
Creo que no están lejos sus conclusiones de las que aquí se defienden.

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Autor

Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental Universidad de Santiago de Compostela

Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional
Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental
Universidad de Santiago de Compostela

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