La situación se repite este verano de 2026. Y viene para quedarse.
Maletas más ligeras, menos días de vacaciones y alojamientos ajustados a los euros que se tienen.
De acuerdo con un análisis de Randstad divulgado por Infobae y basado en una encuesta a cerca de 5.700 personas, el 77,3% de los trabajadores se ha visto obligado a modificar sus vacaciones debido al aumento del coste de vida. Dentro del grupo de menores de 45 años, la carga de los alquileres y las hipotecas transforma el descanso en un complicado rompecabezas financiero.
La generación que debería estar disfrutando de su etapa de mayor actividad y poder adquisitivo enfrenta una doble amenaza: la vivienda principal, cada vez más inaccesible, y el alojamiento vacacional, que no da tregua. El resultado es innegable: menos días libres, búsqueda incesante de chollos y una gran creatividad para estirar un presupuesto que se queda corto.
Menos días y vacaciones “low cost” para quienes más trabajan
El estudio de Randstad muestra un ajuste significativo en los planes para el verano:
- El 40,1% de los trabajadores reducirá la duración de su viaje.
- El 37,2% se decidirá por destinos o alojamientos más asequibles.
- Apenas el 22,7% mantendrá sus vacaciones tal como las había planeado.
El impacto se concentra especialmente en el grupo de 25 a 44 años:
- El 79,2% de las personas en este rango de edad modificará sus vacaciones.
- El 40,6% disminuirá el tiempo de viaje.
- El 38,6% buscará opciones más económicas para alojarse.
Randstad apunta a la subida de los alquileres y las hipotecas como la razón principal detrás de esta vulnerabilidad. Una parte considerable del salario se destina a estos gastos en una etapa donde se busca emanciparse, formar una familia y acceder a un hogar propio. Esta generación se enfrenta a la difícil realidad de pagar hipoteca o alquiler, cuidar de los hijos y, al mismo tiempo, intentar ahorrar.
La vivienda como “impuesto silencioso” sobre el verano
La presión no proviene únicamente de la residencia habitual. El ocio también ha sufrido un aumento considerable en sus costos. Este verano, disfrutar de unas vacaciones implica un gasto medio de 1.389 euros por persona, superando el SMI mensual de 1.221 euros brutos. Dentro de este presupuesto, el mayor gasto recae en el alojamiento: unos 582 euros de media, seguido por ocio y restauración con 309 euros y transporte, que implica otros 280 euros. En total, el viaje sale por unos 126 euros diarios por persona.
A esto hay que añadir el encarecimiento del alojamiento turístico:
- El precio promedio de una vivienda vacacional en verano en España se sitúa en 200 euros por noche, según una encuesta a anfitriones.
- Islas como Ibiza, Mallorca o Menorca encabezan la lista de precios altos: Ibiza alcanza un promedio de 551 euros por noche.
- El alquiler semanal en la costa ronda los 1.353 euros de media, un 6,5% más que en 2025, de acuerdo con datos de Tecnitasa.
Mientras tanto, el mercado de vivienda tradicional tampoco da tregua: en varias zonas costeras, el alquiler ha aumentado hasta un 122% respecto a hace cinco años, como se observa en Estepona, según el Índice Inmobiliario de Fotocasa. Las ciudades costeras frecuentemente superan la media española de 14,79 euros/m² al mes. Está claro: la vivienda se ha convertido en el criterio principal que determina quién se va de vacaciones, por cuánto tiempo y hacia dónde.
Vacaciones más cortas, pero también más calculadas
La respuesta de los menores de 45 años no se limita a recortar, sino a planificar con más atención. Con la vivienda ocupando un porcentaje importante del presupuesto, las posibilidades de improvisar se reducen considerablemente. Cada elección se evalúa en términos de días y euros:
- Los viajes se espaciaron: muchos prefieren una sola escapada importante a en lugar de varios breves viajes.
- Cambia el tipo de alojamiento: aumenta la preferencia por apartamentos con cocina y disminuye la de hoteles, para abaratar costos en comidas.
- Se desplazan las fechas hacia junio o septiembre, meses en los que se pueden conseguir ahorros de hasta un 30% respecto a julio y agosto.
El mercado turístico ya está notando este cambio. Los portales de alojamiento están viendo un creciente interés por destinos un poco alejados de las zonas más populares, pero bien conectados, así como por fórmulas que ofrezcan flexibilidad para cancelar sin penalización o ajustar reservas a última hora. Se trata de un turismo más racional, donde se prioriza evitar complicaciones financieras antes que alcanzar la experiencia perfecta.
Curiosidades de este nuevo mapa vacacional
Este cambio en los hábitos vacacionales trae consigo detalles interesantes:
- Los seniors mayores de 55 años proyectan gastar 1.455 euros de media, un 16% más que la media del resto de la población española, manteniendo sus planes de viaje con mayor firmeza, mientras que los jóvenes optan por recortar.
- Las Islas Canarias se consolidan como un “refugio” relativamente asequible: Gran Canaria, Tenerife o Fuerteventura se sitúan por debajo de Baleares en precios por noche.
- En el extremo opuesto, lugares como Puerto Banús, el Puerto de Ibiza o Portocolom presentan alquileres semanales que superan con creces los 3.000 euros, un mundo completamente diferente para el turista medio que intenta cuadrar sus cuentas.
El verano sigue siendo un gran ritual colectivo, aunque cada vez más determinado por la renta, el código postal y los matices de la hipoteca: para muchos menores de 45 años, el verdadero viaje comienza delante de una hoja de cálculo.
