Al inicio del Covid-19 el S&P 500 cayo un 34% en sólo cinco semanas, ahora sólo está 4,5% por debajo de su máximo histórico

La irracionalidad de los Mercados Financieros

No tiene nada de malo en sí mismo, pero el peligro es que el optimismo no tiene fin

La irracionalidad de los Mercados Financieros

¿Cómo se explica la actual suba de los mercados financieros en un contexto de pandemia y contracción económica? La respuesta es simple: Por la irracionalidad que los gobierna.

Basta citar la célebre frase de John Maynard Keynes “Los mercados pueden mantener su irracionalidad más tiempo del que tú puedes mantener tu solvencia” para darnos cuenta que lo único que podría explicar los niveles actuales de los mercados es la propia irracionalidad que los gobierna.

Esto deja en evidencia la importancia del componente psicológico de los mercados. Los valores actuales de los principales índices bursátiles nos dan un claro ejemplo de la acertada observación de Keynes.

El inversor atento, podrá notar que hay ciertos factores que pueden haber incidido en el ánimo de algunos aventureros en busca algunas buenas apreciaciones. Asimismo, si dicho inversor sigue los silogismos que llevaron a dicha suba, se encontrará con algunos datos que generan dudas de cuán sostenible es esta tendencia alcista.

Con el fin que cada lector saque sus propias conclusiones, y sin el ánimo de incidir en cualquier decisión de inversión, a continuación repasamos algunos factores relevantes para lograr una visión lo más objetiva posible de lo que está ocurriendo en los mercados.

En primer lugar analizaremos aquellos factores que han incidido en la suba de los mercados para luego adentrarnos en aquellos hechos que ponen en jaque la actual tendencia alcista.

Dentro de los factores que explican la suba de los mercados podemos encontrar un denominador común: Todos ellos generaron pensamiento positivo en los inversores. Ello se debe principalmente a las buenas noticias de los últimos días, tales como:

  • Reconocimiento de los esfuerzos de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) para lograr una recuperación económica.
  • Aplanamiento de la curva del Covid-19 y reapertura de las economías.
  • Sentimiento que lo peor ya había pasado y pronto se volvería a la normalidad, lo que motivó a muchos inversores a pensar que se había tocado un piso y que el porvenir sería un mercado alcista.
  • Lanzamiento del “Programa para la compra de bonos corporativos” por parte de la Fed.
    Bajas tasas de interés, siguen motivando a los inversores a invertir en el mercado de renta variable (acciones)

Ahora bien, para lograr cierta objetividad en lo que está ocurriendo pasaremos a comentar ciertas realidades que no deberían ser dejadas de lado al momento de analizar la actualidad:

  • Los economistas usan la palabra «recuperación» para definir un rebote del período anterior. Por ejemplo, si hubiera una caída de 5 puntos, y luego un aumento de 2 puntos, para un economista esto sería una «recuperación». No obstante, en realidad todavía estaríamos 3 puntos por debajo de donde comenzó.
  • Aún no sabemos con precisión si los casos de contagio han sido controlados y desconocemos cuándo saldrá la vacuna. La progresión futura de la pandemia sigue siendo altamente incierta.
  • La pandemia ha traído aparejado millones de despidos a nivel mundial, y se estima -según varias consultoras privadas- que la tasa de desempleo oscila entre el 5% y 10% para fines del 2020 y 2021.
  • Como consecuencia inmediata del punto anterior, si el retorno al trabajo es lento, un gran número de pequeñas empresas nunca se reabren y millones de empleos se pierden definitivamente. El colapso de la demanda podría acarrear la quiebra de muchas empresas. A diferencia de las recesiones pasadas, la actividad de servicios se ha reducido más bruscamente que la fabricación, con restricciones en el movimiento que reducen severamente los gastos en viajes, turismo, restaurantes y recreación.
  • Mayor inflación producto de la emisión de deuda e inyección de dinero en circulación.
    La realidad es que la economía está siendo sostenida por los gobiernos y  la pregunta que debemos hacernos es hasta qué punto pueden seguir emitiendo dinero y posponer los problemas reales.

Si las deudas persiguieran a los políticos, tal vez habría un mayor compromiso para atender los problemas económicos de fondo y no sólo hacer campaña política emitiendo deuda. Pero los políticos pasan y las deudas quedan. Al final, siempre son los contribuyentes quienes pagan la fiesta, y ésta sin lugar a dudas será muy costosa.

Mientras tanto sigamos usando mascarillas, tal vez con ello logremos reducir -al menos en parte- el gasto público en sanidad, y con ello que siga creciendo el salvaje endeudamiento público para que cuando nos llegue la cuenta, al menos venga con descuento.

El ser humano es optimista por naturaleza. Eso no tiene nada de malo en sí mismo, pero el peligro es que el optimismo no tiene fin.

Ese es el peor enemigo del inversor que no es capaz de mantener sus emociones fuera de sus decisiones. A diferencia de lo que ocurre con las relaciones humanas, en el mercado quien pueda dejar de lado sus emociones al momento de invertir, estará más capacitado.

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