El Tocadiscos de Biegler

Pablo G. Vázquez

Autotutelas tributarias o autotutías fiscales.

Hoy salgo de una Inspección en Guzmán El Bueno un tanto cabreado, y no por cómo ha discurrido la propia inspección en sí, que ha ido incluso mejor de lo por mí previsto, sino porque cuando estoy a punto de coger las escaleras, me topo con fulanito (otro inspector de cuyo nombre no quiero acordarme y con las que me las tuve). Tras saludarnos fríamente no dejo de aprovechar la ocasión para merenguearle una champions:

  • ¡Pues tengo que decirle que el TSJ Madrid me ha notificado hace un mes la sentencia a mi favor, «copiando» casi mis alegaciones a la Oficina técnica!. Le digo en un tono pausado y paternalista.
  • ¡No me diga!, ¡enhorabuena!, ¡no lo tenía ud fácil, desde luego!. Salta él casi como si le hubiera tocado la primitiva, dándome una especie de palmadita en el hombro.
  • ¡Qué contenta se habrá puesto su clienta!, ¿verdad?. Me suelta él con cierto entusiasmo, para seguidamente despedirme mientras entra en un despacho de otro compañero suyo.

La verdad es que me dejó un tanto descolocado, yo pensaba que ante mi afirmación se pondría rojo como un tomate, pero no, todo lo contrario, su alegría denotaba que le daba exactamente igual o, incluso y lo que sería peor, que se congratulaba sinceramente de que la Justicia se la hubiera enmendado. Curioso comportamiento, pensé de inmediato.

Les pongo en situación: corría el 2009, tras una tortuosa inspección que alcanzaba a varios tributos y numerosos ejercicios fiscales de una clienta, el alegre inspector me cita en su despacho de la planta 7ª de GEB a los efectos de la firma de las Actas, las cuales yo (y mi clienta) quisimos que fueran, por supuesto, en disconformidad (Actas en Disconformidad).

Mientras procedo a su lectura el «ilustre funcionario» me interrumpe para decirme que no me asegura que no se abra procedimiento sancionador, dado que no son en Conformidad.

  • ¿Me podría poner por escrito eso en la diligencia?¡ Es para mi clienta!. Le contesto mientras le mantengo la mirada como buenamente puedo.
  • ¡Hombre!, ¡estas cosas no se suelen poner, son cosas de la profesión!. Contrarresta él, no sin cierta resignación cuando comprueba que mi propósito es firmar en Disconformidad.

Cuando solo llevaba una hoja nos interrumpe alguien y nos dice que tenemos que salir al exterior porque se está practicando un simulacro de incendio (juro por mi hijo que lo que les cuento es verdad).

  • ¡Venga hombre! (dice el alegre inspector), ¿cómo me hacéis ésto cuando sabíais que hoy todo el día firmaba Actas? (quejándose a voz en alto).
  • ¡Yo solo cumplo órdenes de Jefatura!. Le contesta el que nos interrumpió.
  • ¡Oiga, si quiere podemos firmar ya todas, porque al ser en disconformidad da igual lo que pongan las actas!. Trata el alegre inspector de convencerme.
  • No se preocupe, yo no tengo prisa. Zanjo yo el tema.

Un par de minutos más tarde, la foto es para enmarcar: en las escaleras de emergencia de la parte de atrás de Guzmán El Bueno se puede vislumbrar al alegre inspector, a su cigarrillo y a mí, a los tres juntos, que no revueltos.

  • Mire, yo quería decirle una cosa, off the record,  no tengo mucha experiencia en inspecciones pero… ¿no le parece que se ha excedido con lo del «alcance y su cambio» y con lo de los «gastos deducibles»?. Le dije, con todo mi cariño y ternura, inocentemente.

No me contestó.  Se me quedó mirando mientras le daba otra calada al piti para terminar esbozando una sonrisa y pasar a hablar con uno de seguridad sobre lo del simulacro.

Hace un mes escasamente, es decir, después de un periplo impugnatorio de dichas actas de tantos y tantos años, el Tribunal Superior de Justicia dicta sentencia y no solo acaba anulando las actas, ordenando restituir a mi clienta el dinero que voluntariamente pagó conjuntamente con los intereses devengados, si no que, a mayores, le mete un repaso a Inspección de muy señor mío, utilizando asimismo el argumento con el que quien esto escribe abogó en todas y cada una de las instancias.

Y ahora el inspector se ríe, en el fondo le da exactamente igual. Ello hace que me plantee los siguientes aspectos:

Cobraba más el alegre inspector si las actas hubieran sido en conformidad?.

2º Por qué ante un tema dudoso quiso levantar Acta exaccionadora a toda costa?.

3º Por qué este inspector, tras la sentencia que reprueba su gestión administrativa, no puede sufrir algún tipo de sanción?. Económica, retributiva, etc…

4º Por qué la Administración no contrata un Seguro colectivo de Responsabilidad civil para estos casos?. La nueva ley administrativa ha dejado la Responsabilidad Patrimonial de la Administración casi en un brindis al sol.

5º Es mi caso un caso aislado? o cada vez más los Tribunales reprueban y anulan actos administrativos?.

Lo que se pretende decir es que habría que darle una vuelta a la conceptualización actual del principio de autotutela administrativa, puesto que no es de recibo que esto siga así.

Que haya tutela administrativa sí, pero tutía administrativa….. NO. Y un no sanchezcastejoniano puro.

A cuidarse, meus.

PGV

 

 

 

 

 

 

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Pablo G. Vázquez

Analista Investigador Derecho / Sociedad / Política / Economía

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