![]()
Hoy hablo del libro titulado “Tres dictadores: Hitler, Mussolini y Stalin. Y un cuarto: Prusia”. Un título largo, como se ve, pero que encierra unas narraciones sorprendentes y olvidadas en la mayoría de los libros de Historia (al menos en los que han caído en mis manos). Casi todos los historiadores crean sus libros cuando ya, obviamente, los hechos han sucedido. Pero Emil Ludwig rompió este esquema de trabajo, porque redactó las correspondientes biografías, con un sello ensayístico claramente distinguible, a la vez que conversaba con los propios personajes. Conoció personalmente a Mussolini y a Stalin. No a Hitler. Con los primeros habla en numerosas ocasiones, reunidos a propósito, sobre los asuntos que les ocupaban en los momentos claves de sus carreras como políticos y dictadores. El ojo de Emil observa, los oídos atentos, la pluma dispuesta, y la sonrisa cuando es menester. Ellos hablando de sus cosas mientras el autor no pierde detalle. Matices ricos en anécdotas que desnuda el alma de los dos personajes de manera delirante y esclarecedora. Un pudor inconfesable. Un mimetismo en la escena, en la ocurrencia, una apariencia que oculta al verdadero analista de la psique humana. Aunque a Hitler no llegó a conocerle en persona, la manera de describir los sentimientos, las frustraciones, los pesares más remotos del loco austríaco, sorprenden de igual forma. ¡Bárbara capacidad la de Emil Ludwig!
Al final de la obra asistimos a un análisis detalladísimo de la Prusia de la época, de los junkers, esas familias enriquecidas que ayudaron a conformar el carácter prusiano diferenciado como la noche del día del alemán del sur, y de la misma Austria.
Francisco Ayala, desde Buenos Aires, fue quien tradujo la primera versión en español, allá por 1939, ¡en plena efervescencia europea! Increíble.
Léanlo. No tiene desperdicio. Os encontraréis tranquilamente acomodados al lado de los tres personajes clave de nuestra historia más cercana, oyéndoles, oliéndoles, casi casi tocándoles con la punta de vuestros dedos. Yo lo he hecho. Y me he alegrado sobremanera.
Vale.
