Hablar de poesía no es fácil. Ni cómodo. Es tentar a la suerte. Estar uno donde debe estar. O simplemente errar. Como casi siempre. (Vagando en la inconsciencia).
El de hoy es un librito. Parece pequeño. Lo es, realmente. Pero denso. Densísimo. Y bello, claro. Se trata de una antología. Lo escribió Alejandro Paternain. Colección Carabela. Montevideo. Uruguay. “Toda antología es un error”, dijo Gerardo Diego. O tal vez no. ¡Quién lo sabe!
Según la contraportada, el autor ha buscado presentar un panorama de la poesía uruguacha, permítanme, de las tres últimas décadas. No más. Cuento: veintinueve autores. Hombres. Mujeres. Leo.
De vez en cuando la mirada me pesa. Un poema la atrapó. Por lo dulce. O por lo expresivo. Quizás un temblor. El pulso del ojo que lee.
Beltrán Martínez, por ejemplo. Dice: “…esa condición tan uruguaya (yo diría, tan universal), de creer ser una vereda de la vida que no conduce a ninguna parte…”.
Continúo con el paseo de la lectura. Un escalón me detiene. Liber Falco: “Porque se está solo ahí/porque en la locura y en la muerte/se está solo,/porque hay un ojo fijo,/incambiado, que acecha sin sentido/…”. ¡Gozo extremo!
Pedro Piccatto solamente publicó un libro: “Poemas del ángel amargo”. Autor que luchó toda su vida (su corta vida) contra la deformidad física. Dolor que expresaría a través de algunos de sus poemas más conseguidos y que se incluyen en este librito.
Luego, autores que han conseguido parar mi lectura. Releer. Releer. Son: Idea Vilariño, Emilio Ucar…Poco más.
Entre todos, sin embargo, un pozo. La hondura. Lo negro. También la esperanza (lo más terrible, según Nietzsche). Y placer sabiendo que pierdes el tiempo sin perderlo. Sólo enamorándote en el tiempo. En el silencio. Parando. Logrando la quietud de las cosas. Revertir, acaso, los sentimientos. Una locura del entender. Y del no-conocer, apenas. Y oír, desde tan lejos, en el tiempo y en la distancia, las voces cánticas de todos estos poetas que escribieron sueños en papel. Para nosotros.
Vale.
