
Luis Miguel Madrid (1960). Poeta. Dramaturgo. Relativista centrípeto. Cuentista. Crítico literario…
De su poemario “El sacrificio de ganar” (LápizCero ediciones).
Ha sido una tarde imperdonable. Con las hojas en las manos. Observando. En una de ellas el lápiz, tentador. Y leyendo. Imperdonable, digo, la risa que deseaba salir. Y luego no. Por eso perdí. Creyendo haber ganado una deliciosa vuelta del sentido. Quise ganar. Adelantando al tiempo en su preciso correr. Perdí, insisto. Sólo los versos elocuentes. O crípticos. Creyendo que sucede. Sintiendo el engaño que asoma al final, donde el punto. Fue el poder de la palabra. O el silencio que expone. O ambas cosas. Nunca sabré. Leí subrayando lo mejor. Y el libro embadurnado de grafito. Difícil tarea, la de elegir. Seguí perdiendo la inocencia. O ganándola, tal vez. Hasta que alcancé sus ojos blancos. Es difícil la medida. Casi imposible. Tú me entiendes. El sacrificio. Porque triunfar es la moda. A cambio del fracaso, que intentamos aislar. Lo mejor es, quizás, hoquearnos en él. Tenerlo siempre a mano. Como un buen vaso de poemas. Hasta el borde. Así cualquiera.
Ha sido una tarde tierna. En la locura. Encontrando lentamente el camino de mí mismo. Un reflejo atrasado, que me escupe. Quise ganar, aún quiero ganar. Pero Luis Miguel me afirma que ya hemos ganado. Perdiendo. Una revuelta maravillosa a la estampa del disparate. Vaciar lo inútil. Vomitar hacia adentro.
Ya no deseo lo de al principio. Ha podido con mi aseveración recalcitrante. Por los versos. Que caen como gotas ardientes en los ojos. En los labios. En tus labios. Comprende el lector que alguien se le adelantó. Y ese alguien le ha descubierto. Abriendo la mente. El mundo. Hasta el cuajarón rojizo. Del pecho arrancado. Terminé de leer. En la misma tarde. Casi sin aire. Necesito una ducha de versos esponjosos. Un nuevo disfraz. Un conjunto. Un nuevo juego. Otra partida perdida. Que los demás paren ya de aclamar. Luis Miguel y los aplausos al uso. Como dios manda. Pues eso.
Qué más decir.
Leed.
Vivid.
Perded.
Vale.
