Merluza en salsa verde de envidia, gazpacho a los finos fraudes, chipirones en su media tinta, pincho antirresaca, o ropa vieja pero de marca son algunas de las recetas que se dan en este libro. Su declaración de intenciones es contundente. Así, el autor, que dice llamarse Falsarius Chef y que me cuentan que es un personaje muy conocido que se oculta en el anonimato y que de momento no desvelaré, declara sin inmutarse: «Para comer bien no hace falta mucho tiempo, ni productos caros, ni saber cocinar. Ni siquiera hidrógeno líquido, aunque pueda parecer mentira. Y no sólo se puede comer bien sino que, además, se puede quedar como un príncipe ante las visitas, recurriendo a algo tan sencillo como la impostura. Engañar, eso es lo que aquí pretendemos. Engañar a la vista, al olfato, al gusto y hasta al bolsillo. Pura farsa, aunque esta vez por la noble causa de la gastronomía y el cuidado de nuestro ego».
Ante tan sabias palabras, no puedo más que quitarme el sombrero (también se lo pueden quitar ustedes, si aprueban la declaración, o al menos si han esbozado una sonrisa) y recomendarles la lectura de este libro, que también tiene, como es natural, su prolongación en la web.
El libro se llama Cocina para impostores y sinceramente es muy divertido, muy práctico e inteligente y está muy bien editado por la Compañía Oriental de la Tinta» nada menos. Las fotografías de los platos son muy buenas, y también las ha hecho el tal Falsarius… Las recetas son variadas y de nombres simpáticos, como estos chanquetes a ka green peace que se muestran a la derecha. También son ingeniosas las ideas, como en este caso, donde se soluciona ecológicamente un plato actualmente imposible, por la prohibición legal, aunque se ofrezca en algunas mesas… Por cierto, en el libro, lo que se echa en falta son recetas de postres impostados. Campo hay, así que animamos al autor a que saque un volumen con postres. 
Cotilleo: no les puede desvelar quién es el autor del libro, pero muy posiblemente hayan visto hasta hace poco su obra en la prensa. Sí les puedo decir que este libro me fue entregado en un restaurante, en el marco de una comida en la que no salieron muy bien las cosas al final. Ruego públicamente me disculpen las dos muy queridas amigas con las que compartí mesa y mental en dicho aciago día sobre el que espero que pasen la paleta…
