Martínez Corta renueva su imagen y lanza al mercado un nuevo vino, Martínez Corta Reserva

Martínez Corta renueva su imagen y lanza al mercado un nuevo vino, Martínez Corta Reserva

La bodega riojana Martínez Corta estrena nueva identidad corporativa que alude al antiguo oficio de la familia, el de carniceros, “cortadores”, que dio lugar posteriormente a cuatro generaciones de viticultores. Acompañando este cambio de imagen se incorpora un nuevo vino: Martínez Corta Reserva. Vamos con todo ello a continuación.

La primera noticia es que Martínez Corta, perteneciente al Grupo Bornos Bodegas & Viñedos, renueva la imagen de la bodega y de su gama de vinos, para transmitir de una manera más personal los valores de la marca, así como el origen y relato que se esconde detrás de cuatro generaciones de viticultores de apellido Martínez y de apodo ‘Corta’. Y así “el nuevo diseño hace referencia al origen familiar, al antiguo oficio de la familia, el de expertos carniceros, cortadores, como se decía hace un siglo”, explican desde la bodega.

Así que se trata de un homenaje a los orígenes de la marca, que se remontan al siglo XIX cuando Catalina Martínez, su precursora, dejó su pueblo en la sierra y bajó al valle para abrir una carnicería en Uruñuela, entre viñas, en el corazón de lo que actualmente es la Rioja Alta. Un espíritu emprendedor que posteriormente les llevó a plantar sus primeras viñas y, generaciones después, a elaborar su propio vino. Hasta que finalmente la familia se dedicó en cuerpo y alma a la viña y el vino. De este modo, las nuevas etiquetas de Martínez Corta encierran todo el saber ancestral de la familia riojana, vinculado a los rebaños, a la pradera y a sus raíces más profundas. Se trata, por tanto, de una nueva identidad, genuina y personal, que no renuncia al clasicismo y a la elegancia propia de los vinos de Rioja, pero con el toque original y diferenciador derivado de la particular historia de la familia.

Y es Martínez Corta Crianza 2019 el embajador del cambio, ya que acompañando esta renovación se lanza la nueva imagen de su ya existente Crianza, envejecido durante doce meses en barricas de roble francés y americano. El mejor embajador de este nuevo diseño, que refleja la tradición cortadora de los Martínez Corta, remitiendo a aquellos tiempos en los que tenían que desplazarse en motocicleta para llevar corderos por todos los rincones de las tierras riojanas. En cuanto a su cata, presenta a la vista un color rojo picota con ribete granate y en nariz despliega aromas intensos a fruta roja y negra, con notas florales y especiadas,  con lo que en suma este vino se presenta como un fiel reflejo del carácter dinámico y vivaz de la familia: sabroso, fresco, equilibrado, potente y estructurado. Se recomienda consumir a unos 16 a 18 ºC. Marida bien con carnes asadas y en salsa, embutidos y guisados. Su PVP aproximado es de 9 €.

Pero hay más ya que conjuntamente la bodega presenta su nuevo lanzamiento: Martínez Corta Reserva 2017, un vino que luce también la recién estrenada imagen, homenajeando la travesura de los pequeños Corta cuando asustaron a unos patos, hecho que marcó el apodo familiar durante generaciones. Se trata de un vino criado durante dieciséis meses en barricas de roble francés, que muestra a la vista un color rojo picota de alta capa, en tanto que en nariz destaca por sus notas de fruta negra madura, acompañadas por toques de pimienta negra, vainilla, café y matices mentolados. Como resultado, un vino sabroso, denso, amplio, equilibrado y potente. Se recomienda servir a una temperatura de entre 16 a 18 ºC.  Marida muy bien con carnes rojas de larga maduración y todo tipo de platos de caza. Su PVP aproximado es de 14 €.

Martínez Corta cuenta con una gama de vinos enraizados en la tradición, pero con un marcado carácter contemporáneo, gracias a la intervención de innovadoras técnicas de elaboración, así como a la combinación de viñedos centenarios y cepas más jóvenes, que dotan al vino de complejidad y rasgos propios. Un total de ochenta hectáreas ubicadas en una zona excepcional, entre los ríos Ebro y Najerilla, donde la humedad ambiente y las características del terreno crean unas situaciones climáticas muy particulares, mezcla de inviernos suaves y veranos cálidos y secos, con fuertes oscilaciones térmicas entre el día y la noche en la época de maduración. Allí el suelo es calcáreo y arcilloso, pobre y muy sano, lo que resulta ideal para el cultivo de la vid, asegurando cosechas de baja productividad y alta calidad. Además, la orientación sur de los viñedos garantiza el máximo aprovechamiento de la luminosidad. Todo ello, unido a la equilibrada pluviometría, da como resultado unas condiciones climáticas que favorecen el buen desarrollo de la vid, desde la raíz hasta el racimo de uva.

 

 

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Autor

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

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