Jamás España ha estado tan bien como ahora y, ya ven, nunca ha habido tantos españoles queriendo dejar de serlo.
O nos sobra insensatez o nos falta autoestima. Para consolarnos, tenemos a los portugueses: en una encuesta reciente, un tercio de ellos reconocía que preferiría unirse a España. O sea, que mientras aquí unos están deseando romper los lazos colectivos, otros desde fuera aspiran a enlazarse con nosotros.
Y lo de Portugal aún resulta más incomprensible que lo nuestro. También goza ahora de la mejor situación económica, política y social de su historia. Es más: si alguien ha sabido sacarle réditos a estar dentro de la Unión Europea son nuestros vecinos. Pues bien: en vez de mirar con inquina al pasado, que es lo que aquí propugna Rodríguez Zapatero, no le hacen ascos. En una masiva encuesta de televisión, los participantes han decidido que el mejor portugués de la historia fue Oliveira Salazar, dictador del país durante 36 años. No votaron ni Afonso Henriques, primer rey de Portugal, en el siglo XII, ni a Luis de Camoens, patriarca de las letras lusas, del siglo XVI, que hubiese sido lo lógico. No. Prefirieron al compinche de trapacerías de Francisco Franco.
No me digan que no es la repera.
En una encuesta similar realizada en Gran Bretaña, hace años, el elegido fue Winston Churchill. En Alemania, el honor recayó en Konrad Adenauer, el político democristiano que estabilizó al país tras la barbarie nazi. O sea, lo normal, y hasta lo correcto, si me apuran.
Pues, miren por dónde, los portugueses añorando un pasado más que mejorable. En aquella ominosa época de represión, aislamiento exterior y crueles guerras coloniales, de Portugal sólo era conocido Eusebio, el futbolista de origen mozambiqueño quien, con 65 años, acaba de ser operado de una obstrucción en la carótida interna e, hilando muy fino, el jugador de hockey sobre patines António de Livramento, el mejor que ha dado nunca esta modesta especialidad deportiva.
Poco rédito, pues, para tanta represión.
Ahora, digo, la representación internacional de Portugal es de absoluto lujo. Un nativo, Durao Barroso, preside la Comisión Europea. Otro, António Guterres, es el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados. Un tercero, Jorge Sampaio, acaba de ser nombrado Alto Representante para la Alianza de Civilizaciones.
Ni por ésas. Cuando nos abismamos en la falta de confianza en nosotros mismos nada lo remedia. A ver si escarmentamos en la cabeza de nuestros vecinos y no nos pasa lo mismo.
