A Contracorriente

Enrique Arias Vega

ETA desde la Comunidad Valenciana

Iñaki Gabilondo recibió cuatro días antes que Rajoy las impresiones de Rodríguez Zapatero sobre la lucha antiterrorista. Extraña manera de conseguir la adhesión del líder de la oposición a un inexistente Plan B del Gobierno respecto a ETA. Claro que si Zapatero vaticina que su encuentro de mañana con el presidente del PP va a ser un fracaso, lógicamente lo será.

Dudo, pues, de quién instrumentaliza la política antiterrorista y quién es el instrumentalizado en un diálogo que nunca existió. Los más optimistas, o más ignorantes, en este caso, comparaban el actual proceso con la desaparición de la rama poli-mili de ETA en 1981. Nada más falso. Entonces, los terroristas dijeron: “Queremos entregar las armas e integrarnos en la democracia: ¿qué debemos hacer?”. Y lo hicieron. Mario Onainidía llegó con los años a presidente del PSE y un compañero suyo, Teo Uriarte, hubo de reconocer por escrito: “Éramos unos auténticos hijos de puta”.

En el alto el fuego de marzo de 2006, ETA no preguntó nada. Sólo dijo: “Paramos de matar para que nos den esto y lo otro”. Por si no estaba claro, hicieron dos comunicados más exigiendo presos, autodeterminación, Navarra y sumisión de los Estados español y francés. O sea, nada que ver con lo de 25 años antes.

A eso, en cualquier diccionario se le llama imposición, no diálogo. Para mayor falacia, cuando ETA dijo que ya no mataba llevaba 34 meses sin hacerlo, sencillamente porque no podía gracias a la acción policial. Nueve meses después, en pleno alto el fuego, mató a dos personas en Barajas, simplemente porque ya estaba en condiciones de hacerlo. Así que no debemos la paz al dichoso proceso, sino que, al revés, el proceso se debe a que ETA estaba contra las cuerdas.

Ya no. Tras haber robado, extorsionado, obtenido cargos públicos, entrenado a sus juventudes con la renovada kale borroka y emitido repugnantes vídeos de promoción, la policía cree que ETA tiene un centenar de terroristas y una “capacidad logística y técnica inmejorable”. ¡Jobar con el proceso!

Por defender esa misma hipótesis en un programa radiofónico el otro día, se me tachó de persona no dialogante. “La tesis de utilizar las treguas para reponer fuerzas no es mía, sino de Lenin”, repliqué. “El líder ruso explicaba que para avanzar en la lucha revolucionaria de los soviets a veces había que dar un paso adelante y luego dos atrás”. Eso es lo que milimétricamente hacen los etarras.

Para huir del horror impuesto por esos asesinos contumaces no sé cuántos vascos han hallado refugio en la Comunidad Valenciana. Quizás sean 100.000, muchos de ellos aún empadronados en Euskadi. Se entiende, entonces, el interés de los partidos vascos en esos electores tan importantes para el resultado de sus comicios autonómicos. En localidades como Benidorm, hasta el PNV abre oficina electoral donde captar el mayor número posible de votantes.

Por la actitud de acogida de esta tierra, por la libertad y la paz halladas en ella, muchos vascos —entre los que me cuento— son especialmente sensibles a las amenazas del terrorismo sobre la Comunidad Valenciana. Medio centenar de veces han atentado ya los asesinos etarras en los últimos 26 años, dejando diez muertos y 84 heridos. Desde entonces se han evitado algunos más: en 2004, al huir dos criminales que se percataron de que habían sido identificados; al año siguiente, Sara Majarenas y Mikel Orbegozo fueron reducidos en pleno centro de Valencia. ¿Y qué hubiera pasado de no haberse detenido en Francia hace cuatro meses a Iker Agirre, cuando venía a recabar datos de la Copa América?

Tanto horror acumulado y tanta impunidad presentida acaban de ser compensadas con la encarcelación de Arnaldo Otegi. Hace sólo dos meses escribí en otro medio que quería ser como el portavoz de Batasuna, quien con condenas en firme, sentencias recurridas en interminables procesos de casación, juicios repetidos y otros en curso de ejecución, entraba por una puerta en los juzgados y salía incólume por otra.

Afortunadamente, ya ha dejado de ser así. De haber sucedido en su momento, de haberse impedido la fuga de Josu Ternera, de no haberse tenido contemplación con los terroristas, ¿cuántas muertes habríamos podido evitar?

Prefiero no pensar en ello y creer que Rajoy ofrecerá toda su cooperación a Rodríguez Zapatero para acabar con ETA y que eso sea, y sólo eso, lo que le pida el presidente al líder de la oposición.

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Autor

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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