Hace dos generaciones, los hijos ni abrían la boca delante de sus omniscientes padres. Algunos hasta les trataban de usted y se levantaban del asiento cuando sus progenitores llegaban a casa.
Hay que recordarlo porque, aunque parezca un argumento de ficción, se trataba de la realidad cotidiana en una sociedad rural y estancada, donde apenas se producían cambios durante la vida de las personas. No se habían inventado todavía ni el turismo ni la televisión y mucha gente moría sin haber llegado a ver el mar, por ejemplo. Entonces se decía que hasta el diablo sabía más por viejo que por diablo.
Ahora ya ven. Quienes deciden cómo debemos vestir, qué aparatos de ocio hay que comprar, qué música tenemos que oír y qué películas no hay que perderse son nuestros hijos.
Los roles familiares se han invertido al ritmo vertiginoso de los cambios tecnológicos. Claro. Nuestros hijos entienden más que nosotros de móviles y de informática, están a la última en innovaciones audiovisuales, tecnología informativa, soportes electromagnéticos y toda una jerga digital que nos suena igual que el chino mandarín. Gracias a ello se enteran antes que nadie de la moda que viene, las novedades musicales en camino, la cultura pop del momento… y hasta de las prestaciones de cualquier electrodoméstico que a nosotros nos resultan inextricables.
Lo bueno del caso es que los padres no sólo conocemos esos saberes superiores de nuestros hijos sino que nos hemos rendido a la evidencia. Los psicólogos norteamericanos explican que muchos progenitores tratan ya a sus descendientes como a sofisticados iguales. Incluso, como confidentes. Porque, vamos a ver, ¿quién mejor que un hijo adolescente para aconsejar a su padre o madre sin pareja con quién ligar?
En eso, en saber ligar, nuestros jóvenes también nos dan mil vueltas. Antes eran los sesudos mayores quienes impartían esa doctrina a unos hijos apocados. Ahora, en cambio, son éstos los que acaso dicen a su madre: “Ese tío tan muermo no te va ni de coña”.
Y aciertan. Como decía una madre cuarentona: “Lo malo de los tíos con los que salgo es que ninguno sabe la mitad de cosas que mi hijo ni es tan moderno ni divertido como él”.
